Las fu­sio­nes y la cri­sis de­jan la ciu­dad sin una vein­te­na de su­cur­sa­les

Aban­ca es la en­ti­dad que más ofi­ci­nas ce­rró, nue­ve, se­gui­da de las que su­man San­tan­der-Ba­nes­to, y Po­pu­lar-Pas­tor

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Pontevedra - CAR­MEN GARCÍA DE BUR­GOS

En tan so­lo seis años «la ca­lle de los ban­cos» ha pa­sa­do de per­der su ver­da­de­ra iden­ti­dad, la de Gu­tié­rrez Me­lla­do, a de­fen­der ca­si por tra­di­ción su so­bre­nom­bre. Su­je­ta en­tre Mi­che­le­na y Ries­tra, otras dos de las his­tó­ri­cas se­des de su­cur­sa­les ban­ca­rias, al­ber­ga aho­ra ape­nas cua­tro ofi­ci­nas, to­das de gran ta­ma­ño, eso sí. La que la veía na­cer, una de las más re­cien­tes que abrió el San­tan­der Central His­pano, con­ser­va su fa­cha­da blan­ca in­tac­ta a la es­pe­ra de que una nue­va mar­ca co­mer­cial vuel­va a co­lo­car un ró­tu­lo so­bre ella. En el otro ex­tre­mo, don­de mue­re, fren­te a Vi­lla Pi­lar, la an­ti­gua se­de del Co­le­xio Ofi­cial de Ar­qui­tec­tos de Ga­li­cia (COAG) y ac­tual ga­le­ría de ar­te, el in­mue­ble que ha­ce es­qui­na lo que en su día al­ber­gó los al­ma­ce­nes Va­len­tín Muí­ños se si­gue des­pi­dien­do de su úl­ti­mo in­qui­lino, una ya ex­tin­ta ofi­ci­na de Ci­ti­bank. Así, de las seis su­cur­sa­les que lle­ga­ron a flan­quear la ca­lle —que hay quien di­ce que an­ti­gua­men­te lla­ma­ban «del chan­chu­llo» por los ru­mo­res so­bre su ur­ba­ni­za­ción—, en es­tos mo­men­tos so­lo que­dan cua­tro.

La his­to­ria re­cien­te de Gu­tié­rrez Me­lla­do es tam­bién la de la ban­ca, al me­nos en la ciu­dad de Pon­te­ve­dra. Aun­que lo cier­to es que la cri­sis fi­nan­cie­ra ha gol­pea­do a to­das las en­ti­da­des ban­ca­rias, que se han vis­to obli­ga­das a ce­rrar ofi­ci­nas en to­da España —se cal­cu­la que unas dos mil—, en la ciu­dad de Pon­te­ve­dra su es­ce­ni­fi­ca­ción ha si­do muy vi­si­ble. Al­go más de una vein­te­na de su­cur­sa­les han te­ni­do que ce­rrar sus puer­tas en los úl­ti­mos seis años en la Boa Vila. No to­das, sin em­bar­go, a con­se­cuen­cia di­rec­ta de la cri­sis. En al­gu­nos ca­sos, aun­que es­ta sub­yaz­ca ba­jo ca­si to­dos los ma­les eco­nó­mi­cos del con­ce­llo pon­te­ve­drés, el de­to­nan­te fue la fu­sión de com­pa­ñías.

Así ocu­rrió, por ejem­plo, con las tres su­cur­sa­les de Ba­nes­to que, tras ser ab­sor­bi­do por el San­tan­der, cam­bia­ron sus ró­tu­los ne­gros, azu­les, ama­ri­llos y ro­jos por los ro­ji­blan­cos del de Bo­tín. Uno de ellos es, pre­ci­sa­men­te, el que es­tá en Gu­tié­rrez Me­lla­do. Y es­ta ope­ra­ción con­lle­vó, asi­mis­mo, de for­ma in­di­rec­ta la clau­su­ra de la se en­con­tra­ba en la Mi­che­le­na, a ape­nas unos me­tros de dis­tan­cia, y que por cier­to, uti­li­za­ba Rajoy cuan­do ve­nía a Pon­te­ve­dra. Tam­bién la que te­nía el BSCH en el Ca­rre­four de Sal­ce­do ce­rró. Otro ejem­plo es el del Pas­tor y el Po­pu­lar, que per­die­ron en to­tal cin­co ofi­ci­nas (en­tre ellas, las de la Eduar­do Pon­dal y Lé­rez). Aban­ca, otro de los gi­gan­tes de la ban­ca ga­lle­ga —fru­to de otra fu­sión—, per­dió nue­ve ofi­ci­nas en la ciu­dad; el BBVA, una; el Ban­co Gallego otra, Ci­ti­bank, una ter­ce­ra y el Po­pu­lar-e, otra más.

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