El «brexit» del Doc­tor Who

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Alta Definición - César Rodríguez

Es un emi­gran­te. Y no na­ció en las is­las, pe­ro es uno de los ma­yo­res es­tan­dar­tes de la cul­tu­ra bri­tá­ni­ca. Lo co­no­cen de­ce­nas de mi­llo­nes de per­so­nas en to­do el planeta, aun­que su nombre real es uno de los ma­yo­res mis­te­rios del uni­ver­so.

Tie­ne una na­ve azul, con forma de ca­bi­na te­le­fó­ni­ca, más gran­de en el in­te­rior que en el ex­te­rior, ca­paz de via­jar en el es­pa­cio y en el tiem­po. Y ha sal­va­do a la hu­ma­ni­dad en in­con­ta­bles oca­sio­nes, ar­ma­do con su des­tor­ni­lla­dor só­ni­co. Por su­pues­to, ha­blo del Doc­tor Who, pro­ta­go­nis­ta de una de las se­ries de cien­cia fic­ción más em­ble­má­ti­cas de to­dos los tiem­pos, un icono te­le­vi­si­vo y, tal vez, el alie­ní­ge­na al que ha­bría que re­cu­rrir pa­ra que, con su ex­cep­cio­nal in­te­li­gen­cia, nos ex­pli­ca­ra por qué es­ta­mos in­mer­sos en ese desas­tre lla­ma­do brexit, inima­gi­na­ble en aque­llos tiem­pos en los que la pos­ver­dad no pa­sa­ba por en­ci­ma de los he­chos y las de­ci­sio­nes im­por­tan­tes se to­ma­ban con la ca­be­za y no con la in­dig­na­ción.

Cuan­do los bri­tá­ni­cos di­je­ron sí en el re­fe­ren­do, mu­chos se acor­da­ron de un ca­pí­tu­lo de la se­rie, el que si­tua­ba en el fu­tu­ro al Reino Uni­do (sin Es­co­cia) per­di­do en el es­pa­cio, na­ve­gan­do sin rum­bo a lo­mos de una gran ba­lle­na, con los ciu­da­da­nos vo­tan­do ca­da cin­co años pa­ra ol­vi­dar la ver­dad y sus erro­res. RE­DAC­CIÓN / LA VOZ

Lle­va dé­ca­das tra­ba­jan­do con las em­pre­sas en los me­dios di­gi­ta­les. Se en­car­gó de po­si­cio­nar en las re­des e In­ter­net a fir­mas co­no­ci­das en to­do el mun­do, pe­ro si hay al­go que to­dos re­cuer­dan de Gus­ta­vo Entrala es que fue él quien le di­se­ñó el Twit­ter al papa, en esa épo­ca Be­ne­dic­to XVI. —Es un gu­rú de las re­des so­cia­les, las ten­den­cias di­gi­ta­les... ¡y se to­ma un año sa­bá­ti­co! —Lle­va­ba quin­ce años ha­cien­do lo mis­mo [ase­so­ran­do a em­pre­sas pa­ra po­si­cio­nar­se en In­ter­net] y es ago­ta­dor. Me gus­ta­ba mu­chí­si­mo mi tra­ba­jo, pe­ro es­ta­ba blo­quea­do. Ne­ce­si­ta­ba pa­rar y cul­ti­var al­gu­nas afi­cio­nes. —Su agen­da si­gue apre­ta­da. —Ha si­do un año in­ten­so. Aun­que al prin­ci­pio me cos­tó. En una pri­me­ra fa­se sien­tes un va­cío porque no tie­nes ho­ra­rio. Y yo me hi­ce una pro­gra­ma­ción: es­tu­ve en Los Án­ge­les ha­cien­do un cur­so de ci­ne do­cu­men­tal; des­pués me fui a Nue­va York a ha­cer otro so­bre pro­duc­ción mu­si­cal de hip hop; y más tar­de a Nash­vi­lle pa­ra me­jo­rar can­to y gui­ta­rra. Y pre­pa­ro un li­bro so­bre la his­to­ria del Twit­ter del papa. Gus­ta­vo Entrala ofre­ce hoy una char­la en A Coruña.

—No le pre­gun­to si va­le la pe­na to­mar­se un año sa­bá­ti­co... —Sa­lir del día a día te per­mi­te ga­nar en pers­pec­ti­va. Pen­sa­mos que nues­tro tra­ba­jo es im­por­tan­tí­si­mo y te das cuen­ta de que eres una hor­mi­gui­ta. Un año sa­bá­ti­co o cam­biar de pro­fe­sión es al­go va­lien­te, que te per­mi­te ver la se­gun­da par­te de tu vi­da co­mo al­go nue­vo, y no una cues­ta aba­jo. —Y a lo an­te­rior se su­ma Cas­se­tify, un pod­cast so­bre mú­si­ca que ha crea­do con su so­bri­na... —De­ci­di­mos ha­blar de mú­si­ca, porque en las ra­dios mu­si­ca­les no se ha­bla de mú­si­ca. ¡De una afi­ción he­mos sa­ca­do tra­ba­jo! —Pa­re­cía que el pod­cast era la prehis­to­ria de In­ter­net. —Pues tie­ne una se­gun­da vi­da, aun­que con un pro­ble­ma de dis­tri­bu­ción. Pa­ra ver un ví­deo, vas a You­Tu­be y ahí está to­do, pe­ro con el pod­cast no está re­suel­to. —¿Cuál se­rá su si­guien­te pa­so? —En ma­yo me voy a San Fran­cis­co

a un más­ter en la Sin­gu­la­rity Uni­ver­sity so­bre in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial, de lo que me sien­to muy orgulloso porque so­lo acep­tan a uno de ca­da cien so­li­ci­tan­tes. —Si le in­tere­sa la in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial ha­brá vis­to la pe­lí­cu­la «Her», so­bre la re­la­ción de un hu­mano y un or­de­na­dor. De he­cho, su con­fe­ren­cia de hoy se ti­tu­la «A so­las con Si­ri» —Una pe­lí­cu­la bue­ní­si­ma. En cuan­to a mi con­fe­ren­cia, que es Gus­ta­vo Entrala ofre­ce­rá es­ta tar­de en Pa­lex­co (A Coruña) la con­fe­ren­cia inau­gu­ral del con­gre­so de Fe­pa­ce, la aso­cia­ción de pa­dres y ma­dres de los co­le­gios de Fo­men­to en Es­pa­ña. El te­ma cen­tral del en­cuen­tro se­rá Pa­dres analó­gi­cos, hi­jos di­gi­ta­les. —Yo acon­se­ja­ría qui­tar las no­ti­fi­ca­cio­nes de las apli­ca­cio­nes. Así, tú las ves cuan­do quie­ras, y no cuan­do te lla­man ellas, que es­tán pen­sa­das pa­ra en­gan­char­te. Y hay que acos­tum­brar­se a si­len­ciar los gru­pos en ho­ras de tra­ba­jo, porque po­de­mos mo­les­tar a los de­más. Hay que ha­cer una alian­za en la so­cie­dad pa­ra que los ni­ños no ten­gan el mó­vil tan pron­to, que con 13 años si lo quie­res te­ner lo­ca­li­za­do le com­pras un No­kia. Tam­bién es­ta­ría bien pro­te­ger el sue­ño, de­jar el mó­vil en otra ha­bi­ta­ción (la no­che es pa­ra car­gar­lo). Y ce­nar sin él, porque la ce­na fa­mi­liar es un mo­men­to de in­ti­mi­dad. —Ya, pe­ro así ten­dría­mos que aguan­tar a esa tía se­gun­da que es muy pe­sa­da. —Pues lo ha­ce­mos. Las ce­nas fa­mi­lia­res, in­clu­so pa­ra aguan­tar a cu­ña­dos y to­do, son un mo­men­to ín­ti­mo e im­por­tan­te, un mo­men­to de for­mu­lar alian­zas.

Pa­dres analó­gi­cos, hi­jos di­gi­ta­les

BE­NI­TO OR­DÓ­ÑEZ

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