Car­los Vi­ves lle­ga con su bi­ci­cle­ta

El co­lom­biano lle­va­ba tiem­po le­jos de la pri­me­ra di­vi­sión co­mer­cial, has­ta que se alió con Sha­ki­ra y con­quis­tó el nú­me­ro uno. En abril ate­rri­za en Ga­li­cia de nue­vo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - TEX­TO: JA­VIER BE­CE­RRA

En cuan­to se le men­cio­na A Co­ru­ña, a Car­los Vi­ves le vie­ne un re­cuer­do. «Cuan­do es­tu­vi­mos to­can­do ahí es­ta­ba el Su­per Dé­por en pleno au­ge, aquel equi­po era muy bueno», di­ce. Co­rría el año 2000 y aquel ar­tis­ta que mez­cla­ba mú­si­cas in­dí­ge­nas con pop arra­sa­ba en las lis­tas. Años des­pués, des­apa­re­ció has­ta que una can­ción, La bi­ci­cle­ta, in­ter­pre­ta­da con Sha­ki­ra, lo ha vuel­to a po­ner en el nú­me­ro uno. El pró­xi­mo 1 de abril es­ta­rá en el Co­li­seo de A Co­ru­ña (en­tra­das des­de 39 eu­ros). —Par­te de su mú­si­ca se ba­sa en el fol­clo­re co­lom­biano. ¿Se sien­te or­gu­llo de ha­ber­lo glo­ba­li­za­do? —Muy or­gu­llo­so. En aque­llos pri­me­ros años en los que tra­ba­ja­ba con el so­ni­do va­lle­na­to yo te­nía una con­cien­cia muy cla­ra de que no era un fol­clo­ris­ta, de que for­ma­ba par­te de la in­dus­tria y que en­tre el fol­clo­re y la in­dus­tria hay una gran di­fe­ren­cia, de al­ma y de to­do. Pa­ra uno, que es­ta­ba de ac­tor en la te­le­vi­sión, el ca­mino eran las ba­la­das. Las as­pi­ra­cio­nes que te­nía la in­dus­tria pa­ra un ar­tis­tas co­mo yo era acer­car­me a Ju­lio Iglesias. Cuan­do de­ci­dí gra­bar es­tos va­lle­na­tos na­die da­ba un pe­so por mi dis­co. Me desahu­cia­ban to­tal­men­te.

—Pues en Es­pa­ña, al es­cu­char esa flau­ta dul­ce tan ca­rac­te­rís­ti­ca, pen­sa­mos en us­ted.

—Sí, eso fue un res­ca­te de la épo­ca de mi in­fan­cia. Soy de Santa Mar­ta, en el Ca­ri­be. Me fui a vi­vir a Bo­go­tá muy pe­que­ño. Siem­pre te­nía en la men­te esos acor­deo­nes y la flau­ta dul­ce. Me co­nec­ta­ban con mis pa­pás, con ese mundo per­di­do. Te­nía nos­tal­gia de esos sonidos. Más que pensar si iba a ven­der dis­cos, pen­sa­ba en re­cu­pe­rar mi iden­ti­dad cos­te­ra y ca­ri­be­ña. No veía el ir­me a nin­gu­na par­te. Aquí siem­pre tu­vi­mos ese com­ple­jo, que nos que­dó de nues­tra fundación, de que triun­fa el que se va y el que se que­da es un po­bre pen­de­jo. Yo con esa mú­si­ca lo que que­ría era que­dar­me en la tie­rra. Cuan­do me de­cían que no iba a ser un ar­tis­ta internacional, es­ta­ba fe­liz. Al fi­nal, ser de aquí es lo que me ha sa­ca­do de aquí. —En su úl­ti­mo dis­co lle­gó al re­gue­tón. ¿Có­mo aca­bó ahí? —Sí, pe­ro más que ali­men­tar­me yo del re­gue­tón es el re­gue­tón el que se ha ali­men­ta­do de lo nues­tro. Igual que el dan­cehall, tie­ne pa­tro­nes que no son tan nue­vos, vie­nen de otros an­ti­guos. Cuan­do tú bus­cas el ori­gen del re­gue­tón lle­gas a Pa­na­má. Aun­que Puer­to Rico ha­ya si­do el cen­tro de su lan­za­mien­to, vie­ne de las cos- tas pa­na­me­ñas. Ahí es­ta­ban to­dos esos pa­tro­nes de ori­gen afri­cano e in­dí­ge­na. Cu­rio­sa­men­te, el he­cho de que nosotros ha­ya­mos to­ma­do el ca­mino de la cum­bia y los va­lle­na­tos ha ge­ne­ra­do que co­nec­te­mos bien. Es decir, yo es­cri­bo mis va­lle­na­tos, mis cum­bias y mis co­rros y no es­toy pen­san­do en que voy a hacer un re­gue­tón. No, lo que ocu­rre es que pue­do ves­tir­los con mu­chos de esos rit­mos de hip-hop, del re­gue­tón o de dan­cehall. —¿To­do eso cua­jó en «La bi­ci­cle­ta»?

—Cuan­do yo hi­ce La bi­ci­cle­ta se lla­ma­ba Un va­lle­na­to des­pe­ra­do [se po­ne a can­tar la can­ción]. Si yo no vis­to es­ta can­ción de na­da, di­rías: «Car­los Vi­ves si­gue ha­cien­do sus va­lle­na­tos». Pe­ro si yo me doy cuen­ta de que lo pue­do ves­tir de re­gue­tón, de pron­to ca­sa per­fec­ta­men­te. La can­ción ori­gi­nal te­nía ese

tam­bor­ci­to nues­tro que, po­si­ble­men­te, ven­ga del nor­te de Áfri­ca. Se lo man­dé a Sha­ki­ra. Ella lo vio cla­ro. —Hi­cie­ron dia­na. Hoy es tan po­pu­lar co­mo «La go­ta fría». ¿Lo in­tuían? —No, no pen­sa­mos en el hit, por­que no sé exac­ta­men­te lo que es. El hit lo lo­gró mi com­pa­ñía mos­trán­do­se­lo a Sha­ki­ra. Ella lle­ga a si­tios a los que nosotros no lle­ga­mos. A lo me­jor, si so­lo hu­bie­ra can­tan­do Car­los Vi­ves la mis­ma can­ción, no hu­bie­ra lle­ga­do tan le­jos. Y eso que es una can­ción que ha­bla mu­cho de mí. —¿En qué sen­ti­do? — Vi­vo en una bi­ci­cle­ta. Fui de los pri­me­ros co­rre­do­res de ci­clo­cross de mi país, cuan­do te­nía 15 años. Ten­go esa fi­lo­so­fía de vida. Lo que di­go ahí es ver­dad. Tra­to de hacer canciones con las que la gen­te se iden­ti­fi­que, que no pier­da con ellas mi iden­ti­dad y en las que va­lo­re a mis an­ces­tros. Pa­ra mí eso es más im­por­tan­te que hacer un

hit. In­clu­so du­ran­te los ocho años que me que­dé sin tra­ba­jo y sin dis­que­ra lo se­guía ha­cien­do. —¿Có­mo se que­dó cuan­do lo acu­sa­ron de ha­ber pla­gia­do oto te­ma? —Sor­pren­di­do. Cuan­do uno vi­ve de su crea­ti­vi­dad que di­gan que La bi­ci­cle­ta es un pla­gio es un in­sul­to. Fue muy tris­te, por­que es una men­ti­ra. Aho­ra hay que me­ter­se a bus­car abo­ga­dos e ini­ciar un pro­ce­so ju­di­cial. No en­tien­do cuál es la mo­ti­va­ción pa­ra que una per­so­na ha­ga es­to. No hay que ser el pro­fe­sor Vi­lla­lo­bos pa­ra oír las dos y dar­se cuen­ta de que es una lo­cu­ra. —¿Sabe que en­can­ta a los niños? —Siem­pre he te­ni­do esa co­ne­xión con los niños. En los ochen­ta tra­ba­jé du­ran­te cua­tro años en un pro­gra­ma in­fan­til y he te­ni­do una re­la­ción muy fuer­te. Ade­más, ten­go cua­tro hi­jos. Cuan­do sa­qué Vol­ví a na­cer to­dos los men­sa­jes que re­ci­bí eran de niños. Con La bi­ci­cle­ta, igual. Cuan­do fue La fru­ta fres­ca ocu­rrió tam­bién. Hago con­cier­tos y los niños quie­ren ir. El año pa­sa­do hi­ce una gi­ra en mi país que se lla­ma­ba Car­los

Vi­ves so­lo pa­ra niños. Es al­go in­creí­ble.

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