“Soy muy tí­mi­da e in­se­gu­ra”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ESCENA. EL PERSONAJE - TEX­TO: NOE­LIA SILVOSA

Aun­que no lo pa­rez­ca, a An­to­nia le da pá­ni­co en­trar en un si­tio y lla­mar la aten­ción, por eso en su pró­xi­mo via­je a Ga­li­cia ven­dría ca­mu­fla­da y de re­lax. La ac­triz con­fie­sa que lo que más ilu­sión le ha­ría de su pró­xi­ma vi­si­ta a A Co­ru­ña, adon­de lle­va­rá su obra de tea­tro Mi lu­cha, se­ría en­con­trar­se con Luis, un chi­co que co­no­ció en cla­se con vein­ti­tan­tos. Y no rehú­ye la po­lé­mi­ca con Jor­ge Ja­vier Váz­quez. —Es tu cuar­to es­pec­tácu­lo uni­per­so­nal. ¿No da más im­pre­sión sa­lir so­la? —Tam­bién me gusta hacer tea­tro con otra gen­te, lo que pa­sa que co­mo es un for­ma­to que me in­ven­té ha­ce trein­ta años y me fun­cio­na... Tam­po­co de­pen­do de que un ac­tor des­pués ten­ga que hacer otra co­sa y no pue­da ir­se de gi­ra, pue­do ele­gir las pie­zas, en­sa­yar co­mo quie­ro, a la ho­ra que quie­ro o pa­sar los tex­tos. Tie­ne mu­chas ven­ta­jas. El in­con­ve­nien­te es que al es­tar so­la es co­mo un salto sin red. —Pe­ro tú eres echa­da pa­ra ade­lan­te. —En el es­ce­na­rio sí, pe­ro fue­ra soy muy tí­mi­da y muy in­se­gu­ra. To­tal­men­te, ade­más, la gen­te se cree que no pe­ro cuan­do lle­go a los si­tios has­ta pro­cu­ro que no me re­co­noz­can y siem­pre pi­do lu­ga­res don­de no lla­me la aten­ción. No me gusta na­da lla­mar la aten­ción. —En la obra re­fle­xio­nas so­bre va­rias si­tua­cio­nes a las que tenemos que en­fren­tar­nos en la vida. —Sí, so­bre el mi­to de la ma­ter­ni­dad, so­bre la mu­jer co­mo ob­je­to cuan­do la so­cie­dad le po­ne fe­cha de ca­du­ci­dad... so­bre mu­chas co­sas. —¿Cuál es real­men­te tu lu­cha? —Mi lu­cha es por la cul­tu­ra, por el pen­sa­mien­to, por­que la fi­lo­so­fía no sea una

ma­ría y la re­li­gión sea obli­ga­to­ria... Por to­das esas co­sas que es­ta­mos vi­vien­do en una so­cie­dad bas­tan­te es­tu­pi­di­za­da. —¿Y ese mo­men­to copla? —Más que can­tar copla lo que hago es iro­ni­zar con el cho­vi­nis­mo que pa­de­ce to­do el mundo con su tie­rra, con su co­mi­da y con su ma­dre. To­da esa co­sa en­do­gá­mi­ca que pa­re­ce que co­mo su tie­rra no hay nin­gu­na y que cuan­do lle­ga­mos a un si­tio to­do el mundo te pre­gun­ta: «¿Y qué te pa­re­ce mi tie­rra? ¿Has pro­ba­do no se qué?». Me río un po­co de eso, es ca­si un po­co en­fer­mi­zo. —No te voy a pre­gun­tar si vas a co­mer pul­po en­ton­ces, ¿pe­ro tienes al­gún víncu­lo por Ga­li­cia? —Sí, sí, cla­ro que voy a co­mer pul­po. Ja, ja. Y ade­más ten­go ga­nas de ir a Ga­li­cia en un via­je de ocio, no de lle­gar, ac­tuar e ir­me al día si­guien­te. Y víncu­lo sí que ten­go. Ha­ce años cuan­do lle­gué a Madrid co­no­cí a un chi­co de A Co­ru­ña que era com­pa­ñe­ro mío de cur­so y se lla­ma­ba Luis. Siem­pre tu­ve ga­nas de en­con­trar­lo. Igual sabe quién soy y me vie­ne a ver, oja­lá. —¿Das por muer­ta a Es­te­la Rey­nolds? —Sí, fue una eta­pa y es­toy muy agra­de­ci­da al per­so­na­je, pe­ro le di­je al di­rec­tor que tam­po­co da­ba mu­cho más de sí y que caía ya en lo re­pe­ti­ti­vo. Co­mo el mis­mo di­rec­tor re­co­no­ció que tam­bién lo veía así, fue co­mo un acuer­do mu­tuo. —Sa­bes dar un pa­so atrás cuan­do to­ca. —Siem­pre, es lo que se lla­ma in­te­li­gen­cia emo­cio­nal. Una co­sa es lo que uno quie­re y otra co­sa es lo que de­be hacer. Es co­mo un amor, si una per­so­na te quie­re y te gusta y te atrae mu­cho y te po­ne mu­cho se­xual­men­te pe­ro no te con­vie­ne, hay que ser in­te­li­gen­te co­mo pa­ra apar­tar­te. —En «Mi lu­cha» tam­bién ha­ces de cho­ni que es­tá to­do el día vien­do «Sál­va­me» en el so­fá. Tu re­la­ción con ellos no es muy bue­na. —Yo con Jor­ge Ja­vier Váz­quez no te­nía nin­gu­na re­la­ción, por­que en su mo­men­to me ha­bía hu­mi­lla­do jun­to con Jor­di Gon­zá­lez. [Le lla­ma­ron An­to­nio, re­cor­dan­do la du­da so­bre su fe­mi­ni­dad por su pa­pel de tran­se­xual en «To­do so­bre mi ma­dre»]. De to­das ma­ne­ras, yo nun­ca he for­ma­do par­te de ese ti­po de pren­sa.

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