“Yo ya era in­die an­tes de que el in­die exis­tie­ra”

Ha re­car­ga­do pi­las con la edi­ción de «In­fi­ni­tos bai­les», vie­ne con ai­res de fes­ti­val y se reivin­di­ca co­mo un ca­so úni­co. Vuel­ve a Ga­li­cia el pró­xi­mo mes y los lle­nos es­tán can­ta­dos

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . EN PORTADA - TEX­TO: JA­VIER BE­CE­RRA

La úl­ti­ma vez que es­tu­vo en Ga­li­cia ve­nía en el for­ma­to ex­cep­cio­nal de un con­cier­to sin­fó­ni­co. Aho­ra lo ha­ce pre­sen­tan­do In­fi­ni­tos bai­les (2016), el dis­co en el que in­ter­pre­ta te­mas que pa­ra él han es­cri­to ar­tis­tas co­mo Iván Fe­rrei­ro, Bun­bury, Vega, Mi­kel Izal o Ma­nu Ca­rras­co. «Es­tos con­cier­tos se­rán más ro­que­ros» ad­vier­te. El 28 de abril es­ta­rá en Vigo (Au­di­to­rio do Mar) y el 29, en A Coruña (Pa­la­cio de la Ópe­ra). En­tra­das des­de 35 eu­ros. —¿Po­de­mos de­cir que lle­ga en mo­do Rap­hael ro­que­ro? —No, son te­mas ro­que­ros de la ma­ne­ra que yo lo en­tien­do. Pe­ro, apar­te de las can­cio­nes nue­vas, ob­via­men­te yo can­ta­ré to­das las can­cio­nes que el pú­bli­co quie­re que can­te. Las jo­yas de la co­ro­na no pue­den fal­tar. —Se ha ha­bla­do mu­cho de su par­ti­ci­pa­ción en el So­no­ra­ma. En el dis­co se ve al­go de ese so­ni­do «in­die» de fes­ti­val. ¿Quie­re re­fle­jar­lo? —Sí, se ve el so­ni­do de los gru­pos que to­can en fes­ti­va­les, pe­ro ese so­ni­do yo lo ven­go ha­cien­do des­de que em­pe­cé. No hay co­sa que yo ha­ga que se ha­ya in­ven­ta­do des­pués. To­do eso lo he he­cho yo ha­ce mu­cho tiem­po. Has­ta desem­bo­car en Es­cán­da­lo yo he he­cho mu­cho de ese gé­ne­ro. Yo can­to esa cla­se de mú­si­ca des­de 1964. —¿Su per­so­na­li­dad ca­sa con ello? —Sí, ca­só des­de el prin­ci­pio. To­do lo que me ha­ce Bun­bury, en reali­dad, son can­cio­nes co­mo las que me ha­cían an­tes tam­bién. —Ha­bla de él co­mo un her­mano. —Sí, le quie­ro mu­cho, lo ad­mi­ro mu­cho y me pa­re­ce un cha­val es­tu­pen­do. Es una gran es­tre­lla. —Él rom­pía es­que­mas en su mo­men­to cuan­do con Hé­roes del Si­len­cio de­cía que su prin­ci­pal in­fluen­cia era us­ted. —Es que En­ri­que me está vien­do en el Tea­tro Prin­ci­pal de Za­ra­go­za des­de que te­nía cua­tro años. Él co­no­ce muy bien mi forma, mis ma­ne­ras. Ha es­cri­to pa­ra esa forma y esas ma­ne­ras. —¿Sin­tie­ron una co­ne­xión in­me­dia­ta al co­no­cer­se? —Sí, te­ne­mos una co­ne­xión flui­da. —En el dis­co hay una can­ción que in­quie­ta un po­co: «La úl­ti­ma ova­ción». ¿Su­gie­re una es­pe­cie de des­pe­di­da? —No, pa­ra na­da. Su­gie­re un agra­de­ci­mien­to a la com­pa­ñe­ra de mi vi­da, que es mi mu­jer. Es­cú­cha­la con aten­ción y lo ve­rás. Está de­di­ca­da a ella. —Pues pa­re­cía in­di­car una po­si­ble des­pe­di­da de los es­ce­na­rios. —No, el día que lo ha­ga me ten­dré que ir. Pe­ro no aho­ra. —¿Está muy le­jano ese día? —Está le­jano, sí. —De­be de ser el ar­tis­ta es­pa­ñol que más co­la­bo­ra con otros. ¿Por qué? —Porque me en­can­ta es­tar siem­pre con la gen­te jo­ven, con la gen­te que me en­se­ña. Yo les en­se­ño a ellos y ellos a mí. Me gus­ta que gen­te de aho­ra com­pon­ga pa­ra mí y com­pro­bar que caen más o me­nos en las mis­mas co­sas que se caía en dé­ca­das pa­sa­das. Eso quie­re de­cir que mi ca­mino ha si­do el co­rrec­to siem­pre. —¿Cho­can mu­cho los egos? —No, yo eso no lo co­noz­co. —¿Se siente aho­ra en una cús­pi­de de su ca­rre­ra? —No, yo soy una per­so­na que se des­pier­ta to­dos los días pen­san­do en que tie­ne mu­cho que apren­der. Así las co­sas mar­chan me­jor.

—¿No tie­ne a ve­ces la sen­sa­ción de que cual­quier tiem­po pa­sa­do fue me­jor? —No, pa­ra na­da. Nun­ca mi­ro al pa­sa­do. No me in­tere­sa na­da eso. —Ha­ce un año en­tre­vis­ta­mos a Con­cha Ve­las­co en La Voz. Nos dio es­te ti­tu­lar: «Mi vi­da está en el ca­me­rino». ¿Po­dría de­cir­lo us­ted? —¡Oh, Con­cha, ma­ra­vi­llo­sa! No, yo di­ría que mi vi­da está en el es­ce­na­rio. El ca­me­rino es co­mo si fue­ra mi ca­sa. Esa vi­da pri­va­da y per­so­nal. Lue­go está la vi­da pú­bli­ca y la de la gen­te. —¿Es muy di­fe­ren­te una de otra? —No, en el es­ce­na­rio voy de ne­gro. El res­to es to­do igual. —¿A qué ar­tis­ta que­ría pa­re­cer­se de ni­ño? —A nin­guno, siem­pre he que­ri­do ser yo. ¡Qué ma­nía esa de que tie­nes que pa­re­cer­te a al­guien! Esa es una co­sa muy de ca­sa dis­co­grá­fi­ca. Te di­cen que mi­res a otro ar­tis­ta y que te fi­jes en lo que ha­ce pa­ra ha­cer­lo igual. Pe­ro con­mi­go eso no fun­cio­na­ba, porque yo siem­pre he que­ri­do ser yo, no ser otro. —¿Sin­gu­lar des­de la ni­ñez? —To­tal­men­te. —¿Ese de­seo le ha traí­do pro­ble­mas con la in­dus­tria? —Sí, me que­rían im­po­ner co­sas porque de­cían que era lo que se lle­va­ba. Pe­ro yo les de­cía: «Yo no, haz­lo tú si quie­res o im­pón­se­lo a otro». Y me de­cían que yo lo ha­ría me­jor. Siem­pre re­pli­ca­ba: «Tú dé­ja­me a mí, que yo sé». —De ahí eso que di­cen al­gu­nos de que us­ted es el pri­mer «in­die». —Bueno, es que in­die es in­de­pen­dien­te y yo ya era in­die an­tes de que el in­die exis­tie­ra [ri­sas]. Eso es des­de que na­cí.

Nun­ca mi­ro al pa­sa­do, no me in­tere­sa na­da eso

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