ENTREVISTAMOS A CLAU­DIA PI­ÑEI­RO Y MA­RIA­NA EN­RÍ­QUEZ, DOS DE LAS AU­TO­RAS DEL MO­MEN­TO

“Un po­lí­ti­co no es­con­de un muer­to si le da vo­tos”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - CLAU­DIA PI­ÑEI­RO AU­TO­RA DE «UNA SUER­TE PE­QUE­ÑA» Y «LAS MALDICIONES»

En mis no­ve­las siem­pre hay sus­pen­se y siem­pre hay un muer­to”

adie mue­re ni ma­ta en las vís­pe­ras», dis­pa­ra Clau­dia Pi­ñei­ro (Bue­nos Ai­res, 1960) en Las maldiciones, un th­ri­ller po­lí­ti­co con al­ma que ha pre­sen­ta­do en Ga­li­cia. Pe­ro es­ta ar­gen­ti­na ga­lle­ga ya nos ha­bía ma­ta­do. An­tes de que La­mai­tre sa­ca­se el Ves­ti­do de no­via, la au­to­ra de Las viu­das de los jue­ves y Una suer­te pe­que­ña nos mos­tró có­mo se ar­ma un do­mes­tic noir.

—La novela des­cu­bre una mal­di­ción que pe­sa so­bre los go­ber­na­do­res de Bue­nos Ai­res im­pi­dién­do­les ser pre­si­den­tes de Ar­gen­ti­na.

—¡En la Ar­gen­ti­na la mal­di­ción de Al­si­na es un mi­to his­tó­ri­co! A ver, no hay foto pe­ro es­tá in­clu­so en pe­rió­di­cos de la épo­ca, que una bru­ja, la To­lo­sa­na, ori­nó so­bre la pie­dra fun­da­cio­nal de La Pla­ta (ca­pi­tal de Bue­nos Ai­res) y di­jo: «Nin­gún go­ber­na­dor de es­ta pro­vin­cia va a ser pre­si­den­te de la Ar­gen­ti­na». Y así fue...

—La ma­gia y la po­lí­ti­ca tren­zan el cuer­po de es­ta «road no­vel».

—To­dos co­no­ce­mos ca­sos de per­so­nas cer­ca­nas al que ma­ne­ja el po­der que le adi­vi­nan o le echan las car­tas. Fran­co te­nía la mano de san­ta Te­re­sa, leí que Pu­jol te­nía una bru­ja ga­lle­ga que le pa­sa­ba huevos por la es­pal­da, y si sa­lían ne­gros era que le ha­bían ab­sor­bi­do to­da la car­ga ne­ga­ti­va... La cues­tión de fon­do es «¿En qué ma­nos es­ta­mos?». Mu­chos go­ber­nan­tes no pa­sa­rían el psi­co­téc­ni­co. Hoy los po­lí­ti­cos tie­nen me­di­ta­do­res new age y gu­rús de már­ke­ting.

—Hay tra­ma po­lí­ti­ca, pe­ro otra aun me­jor, la emo­cio­nal, la hu­ma­na. Aquí hay una lec­ción in­tere­san­te de pa­ter­ni­dad.

—A ve­ces las mu­je­res nos cree­mos, co­mo he­mos lu­cha­do tan­to, que la ma­ter­ni­dad es un rol que solo nos con­cier­ne a no­so­tras. En es­ta novela lo que se jue­ga es cuán­do un hom­bre de­ci­de asu­mir su pa­ter­ni­dad.

Es el gran te­ma de la novela, más allá de la tra­ma po­lí­ti­ca. La pa­ter­ni­dad es un con­flic­to que no solo nos afec­ta a las mu­je­res.

—En «Las maldiciones» no tar­da en ha­ber un muer­to. Nos tie­ne acos­tum­bra­dos.

—Y si es­ta fue­ra una novela ne­gra lo im­por­tan­te se­ría sa­ber quién lo ma­tó y por qué... pe­ro co­mo es­ta novela trans­cu­rre en la po­lí­ti­ca, ¿qué ha­ce el po­lí­ti­co con el ca­dá­ver? Lo es­qui­va, le po­ne una al­fom­bra, lo es­con­de... Aho­ra, si el fo­cus group o la encuesta di­cen que el muer­to pue­de re­por­tar vo­tos, ¡trae­mos el ca­dá­ver! La cues­tión no es «¿Por qué la ma­tó?», sino «¿Su­ma o no su­ma vo­tos?».

—¿Có­mo crea el sus­pen­se in­te­rior?

—En mis no­ve­las siem­pre hay sus­pen­se y siem­pre hay un muer­to. Me gus­ta ma­ne­jar­lo co­mo Pa­tri­cia Highs­mith; tie­ne que ver con do­si­fi­car lo que se cuen­ta al lec­tor. Hitch­cock de­cía que si hay dos per­so­nas en un bar y una bom­ba de­ba­jo de la me­sa, si la bom­ba ex­plo­ta, pro­du­ce sorpresa. Aho­ra, si el espectador es­tá vien­do la bom­ba mien­tras ha­bla­mos, la ten­sión por el sus­pen­se es mu­cho ma­yor. Es el te­rror de lo que es­tá a pun­to de pa­sar.

—¿Qué «mal­di­ción» pe­sa so­bre us­ted, que dio un gi­ro ra­di­cal a su vi­da para de­di­car­se a la es­cri­tu­ra?

—Al­gu­nos ve­ni­mos con el ADN de la es­cri­tu­ra. Yo siem­pre es­cri­bí, pe­ro an­tes lo ha­cía en ra­tos li­bres y me parecía ra­ro lla­mar­me es­cri­to­ra. Un día en un vue­lo a São Pau­lo di­je: «Ten­go que es­cri­bir, si no yo me voy a que­brar».

MAR­COS MÍGUEZ

«LAS MALDICIONES» AU­TO­RA CLAU­DIA PI­ÑEI­RO EDI­TO­RIAL ALFAGUARA Una parodia po­lí­ti­ca con mu­cho humor ne­gro y la pa­ter­ni­dad de fon­do

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