“Soy un cre­yen­te del rock n’ roll”

Ha­bi­tual de los es­ce­na­rios ga­lle­gos, Wi­llie Ni­le ra­ra vez de­frau­da. El neo­yor­quino lo­gra que sus con­cier­tos se trans­for­men en una ce­le­bra­ción de la mú­si­ca y de su poder re­cons­ti­tu­yen­te en la vi­da de las per­so­nas. Aho­ra lle­ga ho­me­na­jean­do a su maes­tro Bob

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA - TEX­TO: JAVIER BECERRA

Si no se lo pa­san bien en mis con­cier­tos, les de­vol­ve­ré el di­ne­ro”

Cuan­do Wi­llie Ni­le to­có por pri­me­ra vez en Ga­li­cia, en el año 2010, lle­gó co­mo «el ami­go de Bruce Springs­teen que da­ba unos con­cier­tos sen­sa­cio­na­les». A sus de­vo­tos, se le unie­ron mu­chos cu­rio­sos atraí­dos por esas re­la­cio­nes o el he­cho de que los mis­mí­si­mos Sto­nes su­pues­ta­men­te le pla­gia­ran una can­ción. Na­die sa­lió de­cep­cio­na­do. Aquel pe­que­ño gran hom­bre pu­so a la­tir su co­ra­zón de rock n’ roll, agi­tó las salas y enamo­ró a to­dos. Des­de en­ton­ces, sus vi­si­tas su­po­nen un dul­ce re­en­cuen­tro con un pú­bli­co que lo ado­ra.

—Aca­ba de edi­tar un dis­co de ver­sio­nes de Bob Dy­lan. ¿Qué es ese ar­tis­ta pa­ra us­ted?

—Su mú­si­ca sig­ni­fi­có mu­cho pa­ra mí cuan­do era jo­ven. Rom­pió to­das las puer­tas y mu­ros. Abrió un mun­do com­ple­ta­men­te nue­vo a la com­po­si­ción. Él es el Sha­kes­pea­re del rock n’ roll. Es un ho­nor to­car es­tas can­cio­nes.

—¿Sa­be si es­cu­chó el dis­co?

—Le en­vié una co­pia con una no­ta. Con suer­te lo es­cu­chó. En su pá­gi­na de Fa­ce­book hay es­cri­tas co­sas muy bo­ni­tas del dis­co. No sé si fue de él, pe­ro me ale­gré mu­chí­si­mo de ver­lo.

—Trans­mi­te en el es­ce­na­rio ver­da­de­ro amor por el ofi­cio. ¿Se con­si­de­ra un tra­ba­ja­dor del rock?

—Yo soy un cre­yen­te del rock n’ roll. A ve­ces es un tra­ba­jo du­ro, con to­dos los via­jes y la fal­ta de sue­ño. Pe­ro es­toy pro­fun­da­men­te agra­de­ci­do de te­ner la opor­tu­ni­dad de se­guir mis sue­ños.

Sé que ten­go suer­te.

Creo que la mú­si­ca pue­de sa­nar el al­ma.

Yo he sa­na­do la mía.

—Ten­go la sen­sa­ción de que es de los que no pue­de vi­vir sin to­car en di­rec­to. ¿Me equi­vo­co?

—Sí, cla­ro que pue­do. Me en­can­ta to­car en vi­vo, pe­ro lo que más me gus­ta es es­cri­bir can­cio­nes y gra­bar dis­cos.

—Vuel­ve con mú­si­cos es­pa­ño­les.

—To­co con Stormy Mon­days. El lí­der de la ban­da, Jorge Otero, y yo he­mos tocado jun­tos mu­chas ve­ces des­de el 2001. Es un ami­go querido, co­mo el ba­te­ría Danny Mont­go­mery y el ba­jis­ta Juan­jo Za­mo­rano. ¡Son una gran ban­da de rock n’ roll y sa­ben có­mo ro­quear! Es­ta­mos en un gran mo­men­to. Pro­me­to a las per­so­nas que ven­gan a los con­cier­tos que se lo pa­sa­rán en grande y que no lo la­men­ta­rán. Se­rá una noche de rock n’ roll con fue­go y pa­sión, hu­mor y ma­ra­vi­lla.

—Us­ted se po­si­cio­nó a fa­vor de Oba­ma en el pa­sa­do, de­ján­do­le usar sus can­cio­nes. ¿Có­mo ha vi­vi­do la elec­ción de Do­nald Trump?

—Cuan­do ga­nó fue un día tris­te pa­ra Es­ta­dos Uni­dos y pa­ra el mun­do. Me re­sul­ta di­fí­cil creer que se preo­cu­pa por al­guien más que él. La vi­da es du­ra a ve­ces, pe­ro to­do pa­sa y es­to tam­bién pa­sa­rá.

—¿Les ce­de­ría a los de­mó­cra­tas un te­ma pa­ra las pró­xi­mas elec­cio­nes?

—No soy un po­lí­ti­co, soy un poe­ta. Si qui­sie­ran usar una can­ción mía, de­pen­de­rá de quién sea el can­di­da­to pa­ra ver si se la ce­do o no.

—Ca­da vez hay más gen­te que ha­bla de que al rock le fal­ta vi­da, que se tra­ta de un gé­ne­ro con más pa­sa­do que fu­tu­ro. ¿Qué pien­sa de ello?

—La gen­te ha es­ta­do di­cien­do que el rock n’ roll es­tá muer­to des­de que co­men­zó. Ten­drá sus al­ti­ba­jos co­mo to­do en la vi­da, pe­ro no me im­por­ta si no es al­go ma­si­vo. No eli­jo se­guir lo que otros ha­cen. Si­go mi co­ra­zón y a mi co­ra­zón le gus­ta ro­quear. El rock n’ roll es­tá vi­vo y bien. To­da­vía hay mucha ma­gia en él.

—¿Les re­co­men­da­ría ir a uno de sus con­cier­tos a los que pien­san eso?

—Cla­ro. Si no se lo pa­san bien les de­vol­ve­ré el di­ne­ro. Pe­ro, ad­vier­to, de­be­rían traer dos pa­res de cal­ce­ti­nes. Unos los van a des­tro­zar y ne­ce­si­ta­rán otro par cuan­do se va­yan. Si al­guien se en­cuen­tra mal y ne­ce­si­ta al­go pa­ra le­van­tar­les el ánimo, los in­vi­to a que ven­gan a es­cu­char a la ban­da. No les de­cep­cio­na­ré y se irán sin­tién­do­se me­jor que cuan­do en­tra­ron.

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