“Me gus­ta que los per­so­na­jes que in­ter­pre­to cons­pi­ren con­tra mí”

Le te­nía ga­nas al pa­pel de Glo­ria Graha­me, a quien po­ne ros­tro y sen­ti­mien­to en «Las es­tre­llas de ci­ne no mueren en Li­ver­pool» para mos­trar el al­ma una es­tre­lla aban­do­na­da por Holly­wood

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - CINE . EL PERSONAJE - TEX­TO: MARÍA ESTÉVEZ

An­net­te Be­ning lle­va­ba dos dé­ca­das de­trás del per­so­na­je de Glo­ria Graha­me. Por fin, pu­do ro­dar Las es­tre­llas de ci­ne no mueren en Li­ver­pool, la ín­ti­ma his­to­ria de amor de la ac­triz, ya en su eta­pa ma­du­ra, con el jo­ven ac­tor Pe­ter Tur­ner, in­ter­pre­ta­do por Ja­mie Bell. La cin­ta se ba­sa en las me­mo­rias que Tur­ner es­cri­bió en 1987, tras re­fu­giar­se en el tea­tro lon­di­nen­se para po­der se­guir tra­ba­jan­do co­mo ac­triz.

—¿Có­mo sur­gió es­te pro­yec­to?

—Bár­ba­ra Broc­co­li, una de las pro­duc­to­ras, y yo so­mos ami­gas des­de la in­fan­cia. Ella y Pe­ter Tur­ner, quien es­cri­bió el li­bro en que es­tá ba­sa­da la pe­lí­cu­la, son ami­gos. Esa es la co­ne­xión. Em­pe­za­mos a ha­blar de lle­var es­ta no­ve­la a la pan­ta­lla ha­ce más de dos dé­ca­das y aho­ra se han da­do las cir­cuns­tan­cias para po­der desa­rro­llar­la.

—¿Qué ha en­con­tra­do en Glo­ria Graha­me para ad­mi­rar­la?

—La co­ne­xión en­tre Pe­ter y Glo­ria es fas­ci­nan­te. Él la ama­ba y fue ca­paz de ar­ti­cu­lar­lo en una no­ve­la. Cu­rio­sa­men­te, Pe­ter no sa­bia quién era ella cuan­do se co­no­cie­ron. No te­nía ni idea. Por su­pues­to, en aque­llos tiem­pos no exis­tía In­ter­net y no era fá­cil ave­ri­guar­lo. Hoy, vas a Goo­gle y lo en­cuen­tras en un mo­men­to. Po­co a po­co su re­la­ción se fue en­ri­que­cien­do y Pe­ter des­cu­brió quién era. Glo­ria ha­bía vi­vi­do una vi­da de éxi­tos en Holly­wood y ha­bía si­do la gran mu­jer fa­tal del ci­ne ne­gro. Lue­go, las co­sas se com­pli­ca­ron para ella con cuatro ma­tri­mo­nios y cuatro hi­jos. Es­te ca­pí­tu­lo de su vi­da es el me­nos co­no­ci­do, en una épo­ca en la que no le ofre­cían per­so­na­jes y se sen­tía por com­ple­to aban­do­na­da. Fue en­ton­ces cuan­do Pe­ter apa­re­ció.

—¿Qué des­ta­ca­ría de ella?

—Su cu­rio­si­dad, su vi­va­ci­dad, su ca­ris­má­ti­ca per­so­na­li­dad. Era una mu­jer muy di­ver­ti­da, re­sis­ten­te, ca­paz de aguan­tar el do­lor. Era, sin du­da, una su­per­vi­vien­te. Ami­gos míos que la co­no­cie­ron, me ase­gu­ran que era muy pri­va­da pe­ro con un gran sen­ti­do del hu­mor. Su re­la­ción con Pe­ter fue pro­fun­da y au­tén­ti­ca. Él y su fa­mi­lia fue­ron los úni­cos que es­tu­vie­ron con ella al fi­nal de su vi­da.

—In­ter­pre­tar a una mu­jer al bor­de del pre­ci­pi­cio, ¿su­po­ne un es­fuer­zo emo­cio­nal o es al­go te­ra­péu­ti­co para us­ted?

—Di­ría que es te­ra­péu­ti­co. Es­pe­ro que lo sea. Hay días en los que sen­tía el pe­so emo­cio­nal, pe­ro eso es re­con­for­tan­te para un ac­tor. Me gus­ta­ría po­der sen­tir­me así con to­dos los per­so­na­jes. Es al­go ex­ci­tan­te. Lo im­por­tan­te cuan­do de­ci­des re­pre­sen­tar un pa­pel es de­jar que te con­tro­le, per­der­te den­tro de su vi­da. Me gus­ta en­con­trar­me en te­rri­to­rio des­co­no­ci­do y que los per­so­na­jes cons­pi­ren con­tra mí.

—Us­ted es ma­dre y es­tá ca­sa­da con Wa­rren Beatty, que tam­bién es ac­tor. ¿In­flu­ye su fa­mi­lia en sus de­ci­sio­nes pro­fe­sio­na­les?

—Hay que en­con­trar el equi­li­brio ade­cua­do. Para mí, co­mo para cual­quier otro em­plea­do, es un ali­vio cuan­do vuel­vo a ca­sa del tra­ba­jo. Me sien­to agra­de­ci­da. Es­te fil­me fue fá­cil de ma­ne­jar por­que pu­de lle­var­me a mis hi­jos. Soy bas­tan­te bue­na or­ga­ni­zan­do la si­tua­ción lo­gís­ti­ca de mi fa­mi­lia.

—¿Có­mo es su re­la­ción con la fa­ma?

— Me gus­ta man­te­ner mi in­de­pen­den­cia, es­con­der­me del mun­do y guar­dar­me con los míos. No dis­fru­to con la aten­ción que pro­vo­ca la fa­ma.

FO­TO: AN­GE­LA WEISS / AFP

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