“No hay na­da más punk que sa­lir a es­ce­na so­lo con tu gui­ta­rri­ta”

Qué in­jus­to es que pa­ra mu­chos sea so­lo co­no­ci­do por la sin­to­nía de «Nar­cos». El mú­si­co bra­si­le­ño, cu­rio­so e in­quie­to, es una fi­gu­ra cla­ve en la mú­si­ca de es­te si­glo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . CONCIERTO - TEX­TO: CARLOS CRES­PO

En Ga­li­cia me de­cían “ha­bla en por­tu­gués”. No en­ten­día na­da

Soy el fue­go que ar­de tu piel». Bas­ta­ron sie­te pa­la­bras pa­ra ubi­car en el mun­do en­te­ro a Ro­dri­go Amarante. Él se ma­ni­fies­ta agra­de­ci­do por to­do lo que la can­ción de ca­be­ce­ra de Nar­cos le ha da­do. Pe­ro re­co­no­ce que no le re­pre­sen­ta del to­do. O que no re­pre­sen­ta su to­do. Por otra par­te in­abar­ca­ble. Tal es el an­sia de in­ves­ti­ga­ción, crea­ción y ex­pe­ri­men­ta­ción de es­te mú­si­co bra­si­le­ño afin­ca­do en Los Ángeles que a fi­na­les de los 90 li­de­ró aquel gru­po fun­da­men­tal del rock al­ter­na­ti­vo bra­si­le­ño que fue­ron Los Hermanos, que des­pués fun­dó Little Joy jun­to a Fa­bri­zio Mo­ret­ti, ba­te­ris­ta de The Stro­kes, y que gi­ró por to­do el mun­do for­man­do par­te de la ban­da de su ami­go De­ven­dra Ban­hart an­tes de aven­tu­rar­se a dar el pa­so de crear su pro­yec­to en so­li­ta­rio. Eso acon­te­ció en el 2014, fe­cha en la que lan­zó su pri­mer, y has­ta la fe­cha úni­co, ál­bum en so­li­ta­rio, Ca­va­lo, en el que lo mis­mo re­vi­si­ta la bos­sa no­va, que ha­ce alar­des de brit rock, se afe­rra al tro­pi­ca­lis­mo o rein­ven­ta la os­cu­ra can­ción de au­tor. Así es Ro­dri­go Amarante, un mú­si­co tan fas­ci­nan­te co­mo di­fí­cil­men­te cla­si­fi­ca­ble, sub­yu­ga­do a su pe­sar a la dic­ta­du­ra de una can­ción.

Des­de la ca­pi­tal de la Cos­ta Oes­te y en un más que co­rrec­to cas­te­llano Amarante se mues­tra en­can­ta­do de re­gre­sar a Ga­li­cia don­de vi­vió una de las si­tua­cio­nes más su­rrea­lis­tas de su ca­rre­ra. Fue en su con­cier­to en San­tia­go. «Sa­lí al es­ce­na­rio, sa­lu­dé en es­pa­ñol y el pú­bli­co me de­cía ‘ha­bla en por­tu­gués’. No en­ten­día na­da. Na­die me ha­bía ex­pli­ca­do que en Ga­li­cia ha­bía un idio­ma pa­re­ci­do al nues­tro. Es­ta­ba des­con­cer­ta­do. Aho­ra, cuan­do va­ya, les ha­bla­ré en ga­le­go» [se ríe].

—¿En qué for­ma­to vie­ne es­ta vez?

—Yo con mi gui­ta­rra. Que ya es mu­cho, ten­go seis cuer­das (vuel­ve a reír).

—¿Has­ta qué pun­to le con­di­cio­na el que bue­na par­te del pú­bli­co le co­noz­ca so­lo por una can­ción, que qui­zá no sea la que me­jor le re­pre­sen­te?

—Eso so­lo es un pro­ble­ma pa­ra quien tie­ne mie­do de no ha­cer na­da im­por­tan­te des­pués. Re­ne­gar del éxi­to no tie­ne sen­ti­do. La can­ción de Nar­cos ha si­do una suer­te pa­ra mí. Mu­cha gen­te ha em­pe­za­do a es­cu­char mis dis­cos gra­cias a esa can­ción. No ha ha­bi­do na­da ne­ga­ti­vo en ella.

—¿Por qué tar­dó tan­to en crear su pro­yec­to? ¿ Pre­fie­re man­te­ner­se en un dis­cre­to se­gun­do plano?

—Es cier­to que cuan­do fui mú­si­co de De­ven­dra Ban­hart des­cu­brí el pla­cer de no ser el cen­tro de las aten­cio­nes, es mu­cho más re­la­ja­do. Pe­ro a mí me gus­ta can­tar. Y can­tar mis pro­pias can­cio­nes. Hoy me ex­ci­ta mu­cho el pe­li­gro del es­ce­na­rio, el sa­lir so­lo con mi gui­ta­rra. Es al­go de­li­ca­do y punk al mis­mo tiem­po. Es mu­cho más punk to­car en un gran es­ce­na­rio so­lo con tu gui­ta­rri­ta que ha­cer­lo con una ban­da de rock muy po­ten­te. Un, dos, tres, cua­tro, ¡¡booom!!

—Pu­bli­có «Ca­va­lo» en el 2014, ¿pa­ra cuán­do un nue­vo dis­co?

—Voy muy des­pa­cio, ¿no? [se ríe]. Sal­drá el pró­xi­mo año.

—¿Se­rá con­ti­nuis­ta?

—Intento que no. Yo no soy el mis­mo que era ha­ce cua­tro años y por lo tan­to las can­cio­nes tam­po­co lo se­rán. Pe­ro al mis­mo tiem­po yo si­go sien­do yo así que en al­go se pa­re­ce­rá.

—En cualquier ca­so, en su dis­co no hay dos can­cio­nes igua­les.

—Sí, cuan­do ter­mi­né Ca­va­lo pen­sé que era un dis­co ca­si es­qui­zo­fré­ni­co por­que hay co­sas que son prác­ti­ca­men­te opues­tas. Pe­ro mis ami­gos me de­cían, sí son di­fe­ren­tes pe­ro eres tú. Así que he de­ci­di­do que no me voy a preo­cu­par por eso.

—Di­ce que Cae­tano Ve­lo­so es el me­jor es­cri­tor de can­cio­nes del mun­do.

—Cla­ro. Bob Dy­lan o John Len­non son in­creí­bles, pe­ro les ayu­da que los an­glo­sa­jo­nes tie­nen una ex­po­si­ción enor­me. Cae­tano es otro ni­vel, es un ge­nio mu­si­cal y poé­ti­co, una maes­tro de la ar­mo­nía. Es el más gran­de de to­dos.

—¿Có­mo vi­ve el au­ge a ni­vel mun­dial de la mú­si­ca la­ti­noa­me­ri­ca­na?

—Es fan­tás­ti­co. En los 90 ado­ra­mos la glo­ba­li­za­ción y eso tu­vo un pre­cio, la ho­mo­ge­nei­za­ción. Por for­tu­na ha sur­gi­do ese mo­vi­mien­to que vuel­ve a vi­si­tar la mú­si­ca tra­di­cio­nal la­ti­noa­me­ri­ca­na, pe­ro no pa­ra pre­ser­var­la sino pa­ra ce­le­brar­la. Me en­can­ta.

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