Fo­ro­co­ches

La pla­ta­for­ma, fun­da­da en el año 2003 por el pa­len­tino Ale­jan­dro Ma­rín, se ha con­ver­ti­do en el fo­ro en cas­te­llano más gran­de del mun­do y en uno de los si­tios webs más influyentes de Es­pa­ña. Las cla­ves de su éxi­to: una co­mu­ni­dad tan po­lé­mi­ca co­mo uni­da.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Internet y Redes Sociales - - Portada - TEX­TO: PAU­LINO VILASOA

To­do lo que se es­con­de de­trás del ma­yor gru­po de hi­los de dis­cu­sión de In­ter­net en español.

E sto es Fo­ro­co­ches, no un fo­ro de co­ches» es una frase que se hi­zo po­pu­lar en­tre los usua­rios de esta fa­mo­sa pla­ta­for­ma, el ma­yor fo­ro en cas­te­llano del mun­do y uno de los si­tios webs más vi­si­ta­dos de Es­pa­ña, con más de 130 mi­llo­nes de pá­gi­nas vis­tas. El es­ló­gan de­fi­ne a la per­fec­ción la con­tra­dic­ción del fo­ro, uno de los

lobbys más te­mi­dos de la Red. Crea­da en el 2003 por el pa­len­tino Ale­jan­dro Ma­rín Ni­co­lás, lo cier­to es que los ini­cios de la pla­ta­for­ma sí es­tán vin­cu­la­dos al mun­do del mo­tor. So­lo un año an­tes de su fun­da­ción, el crea­dor de esta red se ha­bía com­pra­do un Re­nault La­gu­na y abrió un por­tal en el que in­ter­cam­biar opi­nio­nes con otros usua­rios so­bre ese mo­de­lo.

La pro­pues­ta fue un éxi­to y con­si­de­ró bue­na idea crear una nue­va pla­ta­for­ma de­di­ca­da al mun­do del mo­tor, ya que, por aquel en­ton­ces, las webs si­mi­la­res se caían cons­tan­te­men­te. El re­sul­ta­do fue Fo­ro­co­ches, una red que se le aca­ba­ría yen­do de las ma­nos.

No es fo­ro pa­ra trolls

En un prin­ci­pio de ac­ce­so li­bre, el au­men­to des­me­su­ra­do de trolls (usua­rios cu­ya úni­ca in­ten­ción era mo­les­tar al res­to) lle­vó a su fun­da­dor, co­no­ci­do den­tro del fo­ro por su nick Elec­trick (o Ili­tri, pa­ra los fo­re­ros), a ce­rrar el ac­ce­so y li­mi­tar­lo so­lo a aque­llos que con­si­guie­ran la in­vi­ta­ción por par­te de otro usua­rio ve­te­rano. Y hay pa­ra quien fue un ne­go­cio: en eBay pue­den en­con­trar­se in­vi­ta­cio­nes por unos 10 o 15 eu­ros y han lle­ga­do a com­prar­se, en al­gu­nos ca­sos, por has­ta 50.

Su éxi­to, inex­pli­ca­ble pa­ra mu­chos, pro­vie­ne del he­cho de que Fo­ro­co­ches, más que un sim­ple fo­ro, es una co­mu­ni­dad tan au­tén­ti­ca co­mo con- tra­dic­to­ria. Ma­yo­ri­ta­ria­men­te mas­cu­li­na, sus crí­ti­cos se cen­tran en los co­men­ta­rios ma­chis­tas, en la re­pre­sen­ta­ción más ca­ver­na­ria del ma­cho ibé­ri­co y en las cons­tan­tes bro­mas pe­sa­das que han sal­ta­do a los me­dios de co­mu­ni­ca­ción.

No es pa­ra me­nos. El fo­ro ha co­la­do tro­leos en to­do ti­po de me­dios, des­de re­vis­tas has­ta te­le­vi­sio­nes, que en par­te han ayu­da­do a la po­pu­la­ri­za­ción de la co­mu­ni­dad. La úl­ti­ma de sus ha­za­ñas: lo­grar que El Te­ki­la se hi­cie­ra con la vic­to­ria en el con­cur­so Got Ta­lent, an­te la in­dig­na­ción de es­pec­ta­do­res y miem­bros del ju­ra­do.

Pe­ro esa ima­gen re­pre­sen­ta so­lo a una par­te de su idio­sin­cra­sia. Sus miem­bros, que se lla­man en­tre sí shur-

ma­nos y que han con­so­li­da­do una jer­ga pro­pia ba­sa­da en hi­tos de su par­ti­cu­lar «his­to­ria», tam­bién de­mues­tran en mu­chas oca­sio­nes emo­ti­vas mues­tras de hu­ma­ni­dad.

Am­pa­ra­dos por el ano­ni­ma­to, los usua­rios se cuen­tan in­ti­mi­da­des, pi­den con­se­jos en te­mas que no son ca­pa­ces de trans­mi­tir­les a sus pa­re­jas, se pres­tan ayu­da en mo­men­tos de ne­ce­si­dad y sir­ven de apo­yo en los epi­so­dios más di­fí­ci­les de la vi­da, co­mo la lu­cha con­tra una en­fer­me­dad.

Es gra­cias a esa mez­cla en­tre hu­mor ab­sur­do y sen­ti­mien­to de per­te­nen­cia co­mo Fo­ro­co­ches se ha con­ver­ti­do en los úl­ti­mos años en la co­mu­ni­dad más gran­de de In­ter­net.

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