La pi­rá­mi­de se ha­ce vie­ja

La Voz de Galicia (A Coruña) - La Voz de la Escuela - - NEWS - > Mon­cho Nú­ñez Cen­te­lla

or lo que se ve, cuan­do las pi­rá­mi­des de po­bla­ción en­ve­je­cen se con­vier­ten en ár­bo­les. Pre­ci­san­do más, se­me­jan ár­bo­les ca­du­ci­fo­lios con la par­te in­fe­rior del tron­co lim­pia de ra­mas, y en con­cre­to pa­re­ce que el ár­bol de­mo­grá­fi­co de la Ga­li­cia ac­tual es­tá po­da­do en el tron­co des­de ha­ce unos 30 años. Con­se­cuen­te­men­te es más an­cho arri­ba que aba­jo y, si si­gue adel­ga­zan­do así el tron­co, es de­cir, con cre­ci­mien­to ve­ge­ta­ti­vo ne­ga­ti­vo, no ten­dre­mos ni ár­bol ni po­bla­ción. Ne­ce­si­ta­mos ni­ños. Pe­ro no sea­mos pe­si­mis­tas; mien­tras ha­ya vi­da, to­da­vía exis­te es­pe­ran­za de in­cre­men­tar la na­ta­li­dad y re­cu­pe­rar la fa­mo­sa pi­rá­mi­de. Pen­se­mos que hay ár­bo­les que tie­nen lo que se lla­ma por­te pi­ra­midal, que en su es­ta­do sil­ves­tre adop­tan una for­ma có­ni­ca, como su­ce­de con mu­chos abe­tos, pí­ceas, ce­dros y ci­pre­ses que ve­mos so­bre to­do en par­ques y jar­di­nes. Esa for­ma se de­be a su mo­do de cre­ci­mien­to, ba­sa­do en un ta­llo prin­ci­pal del que sa­len las ra­mas la­te­ra­les, más del­ga­das. Todos los ár­bo­les de por­te pi­ra­midal son co­ní­fe­ras pe­ren­ni­fo­lias, o sea de fo­lla­je pe­ren­ne. Cu­rio­so.

Por su par­te, el ol­mo vie­jo que Ma­cha­do con­vir­tió en poe­ma era ca­du­ci­fo­lio, y es­ta­ba se­co. Es por ello por lo que se­gu­ro que agra­de­ció ca­si sor­pren­di­do el re­bro­te que se­ña­la­ba otra nue­va pri­ma­ve­ra; aunque ello fue­se una se­ñal más del pa­so del tiem­po y vie­ra más cer­ca su des­tino (aque­llo de qui­zás ar­der rojo en el ho­gar de una mí­se­ra ca­se­ta). Pe­ro la ra­ma que aho­ra to­da­vía es ca­paz de ex­hi­bir vi­da ver­de tam­bién se se­ca­rá y el ol­mo que­da­rá lis­to pa­ra su nue­va fun­ción, una vez que lo de­rri­ben con el ha­cha. Ya se sa­be que del ár­bol caí­do todos ha­cen le­ña, pe­ro nos re­cuer­da Ba­con que he­mos de pre­fe­rir­la vie­ja, es de­cir, bien se­ca; ya se sa­be que le­ña ver­de, to­do é fu­me. El fi­ló­so­fo in­glés nos ofre­ce una se­lec­ción de co­sas que ga­nan con la edad: le­ña, vino, ami­gos y li­bros. Creo que lo de la le­ña y los ami­gos no ne­ce­si­ta aco­ta­cio­nes ni más ex­pli­ca­cio­nes; en cuan­to a lo del vino po­dría ma­ti­zar­se que es ver­dad, pe­ro siem­pre que con­ti­núe sien­do vino; y en lo que se re­fie­re a los li­bros véa­se la ci­ta del poeta ro­mán­ti­co Ja­mes Lo­well: el tiem­po da y quita ra­zo­nes, por ello es un va­lor la ex­pe­rien­cia.

En­tre los li­bros an­ti­guos (nó­te­se que sua­vi­zo el vo­ca­bu­la­rio) que con­ser­vo en mi bi­blio­te­ca hay uno, edi­ta­do en Bar­ce­lo­na en 1862, ti­tu­la­do El tri­vio y el cua­dri­vio, que es­tá lleno de cu­rio­si­da­des. Por ejem­plo, con­tie­ne una ta­bla de la mor­ta­li­dad hu­ma­na —fru­to se­gún se di­ce de pre­ci­sos cálcu­los rea­li­za­dos so­bre un mi­llón de in­di­vi­duos— que re­fle­ja que más de la mi­tad de los na­ci­dos no lle­ga­ban a los 25 años y don­de ob­ser­vo que en­ton­ces cum­plía los 80 so­lo el 3,5 por cien­to de la po­bla­ción. Los pri­me­ros años tras el na­ci­mien­to eran cru­cia­les pa­ra la su­per­vi­ven­cia y la mor­ta­li­dad infantil era muy ele­va­da. El evi­tar que se mue­ran los ni­ños y la pro­lon­ga­ción de la vi­da son dos de las co­sas más im­por­tan­tes que la cien­cia y la tec­no­lo­gía, apli­ca­das so­bre to­do a la me­di­ci­na, han he­cho por no­so­tros. Pe­ro la cul­tu­ra tam­bién ha evo­lu­cio­na­do pa­ra au­men­tar la efi­ca­cia de los mé­to­dos (y los mo­ti­vos) que pre­vie­nen el em­ba­ra­zo, de mo­do que los nacimientos no si­guen la mis­ma pau­ta que an­tes y au­men­ta la pro­por­ción so­cial de la ter­ce­ra edad. Hoy en Ga­li­cia el por­cen­ta­je de ma­yo­res de 65 años es del 24 %. Una de ca­da cua­tro per­so­nas.

Ello nos obli­ga a pen­sar en las de­man­das de los ma­yo­res y tam­bién a re­vi­sar el pa­pel que les co­rres­pon­de en la so­cie­dad. Mien­tras en si­tua­cio­nes es­ta­bles eco­nó­mi­ca­men­te es más fre­cuen­te que ten­gan ma­yor re­co­no­ci­mien­to, tan­to en la fa­mi­lia como en la co­mu­ni­dad, en las so­cie­da­des en cri­sis o con pro­ce­sos de cam­bio el co­no­ci­mien­to pro­pio de los ma­yo­res re­sul­ta —o se es­ti­ma— me­nos útil y, con­se­cuen­te­men­te, su po­si­ción so­cial se con­vier­te en me­nos im­por­tan­te. Y aho­ra estamos en tiem­pos de cam­bio. No nos des­can­se­mos en fa­ci­li­tar­les co­mo­di­da­des y re­cur­sos so­cia­les. Pa­ra un en­ri­que­ci­mien­to mu­tuo, no pue­den per­der­se las co­ne­xio­nes en­tre ellos y su fa­mi­lia, en­tre ellos y la co­mu­ni­dad. So­bre to­do si es un co­lec­ti­vo tan im­por­tan­te.

Una de ca­da cua­tro per­so­nas en Ga­li­cia es ma­yor de 65 años

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.