ECOS DE SO­CIE­DAD... Y DE INS­TA­GRAM

Su for­ma de ves­tir mar­ca ten­den­cia, pe­ro ellas no son it girls al uso. Per­te­ne­cen a la his­tó­ri­ca no­ble­za eu­ro­pea o a los círcu­los del old mo­ney de Man­hat­tan, y su in­fluen­cia no se mi­de en se­gui­do­res, sino en dis­cre­ción, tra­di­ción y re­fi­na­mien­to. Por Elena

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Sumario -

Qui­zá sus nom­bres te sue­nen va­ga­men­te, o na­da en ab­so­lu­to, aun­que al­gu­nas tie­nen de­ce­nas de mi­les de se­gui­do­res en Ins­ta­gram. Y es que las rei­nas de la al­ta so­cie­dad nun­ca han bus­ca­do las ma­sas. To­do lo con­tra­rio: en la era di­gi­tal, si­guen cul­ti­van­do la ex­clu­si­vi­dad y la dis­cre­ción por en­ci­ma de to­do, co­mo siem­pre hi­cie­ron sus fa­mi­lias, aun­que su ca­pa­ci­dad de in­fluen­cia si­gue in­tac­ta. Sus nom­bres co­pan las in­vi­ta­cio­nes a los me­jo­res front rows y af­ter par­ties, la lis­ta de los even­tos be­né­fi­cos y so­cia­les más se­lec­tos, y las bo­das “que im­por­tan”, esas que ja­más apa­re­cen en el couché. Gran­des for­tu­nas, ran­cia aris­to­cra­cia o his­tó­ri­cas di­nas­tías em­pre­sa­ria­les: nues­tras pro­ta­go­nis­tas per­te­ne­cen a las tres ca­te­go­rías. Son mo­de­los, di­se­ña­do­ras o ar­tis­tas. Lo tie­nen to­do: educación, ape­lli­do, buen gus­to, in­te­li­gen­cia y… amor por la mo­da. Apa­re­cen en las al­fom­bras rojas, pe­ro no se mez­clan con las it girls de mo­da. Y las mar­cas más eli­tis­tas se las dispu­tan. Sa­ben que no hay na­da más evo­ca­dor que el ac­ce­so res­trin­gi­do. Son las otras pres­crip­to­ras: la aris­to­cra­cia –en sen­ti­do li­te­ral y fi­gu­ra­do– del es­ti­lo.

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