En reali­dad me lla­mo Jen­ni­fer Jéssica”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - In­dia Mar­tí­nez CAN­TAU­TO­RA

In­dia es la nú­me­ro uno, pe­ro pa­re­ce no sa­ber­lo. En su afán por dar­les las gra­cias a sus fans, les mues­tra en su nue­vo dis­co, «Te cuen­to un se­cre­to», to­do aque­llo que es cuan­do se ba­ja del escenario. Una mu­jer hu­mil­de, uni­da a su fa­mi­lia y que ha su­pe­ra­do su ma­yor obs­tácu­lo: la ti­mi­dez. Tan­to que no le im­por­ta pre­sen­tar­nos a Jen­ni­fer. «Ese fue mi nom­bre al na­cer», con­fie­sa.

«No­to­do es ca­sua­li­dad», di­ce In­dia Mar­tí­nez. Y no se tra­ta so­lo del tí­tu­lo de su úl­ti­mo dis­co, que tam­bién. Tam­po­co es sim­ple­men­te un es­lo­gan con el que pro­mo­cio­nar un ál­bum que ya la ha ele­va­do, de nue­vo, al nú­me­ro uno. En reali­dad, es la fi­lo­so­fía de vida de una ar­tis­ta que cree que las co­sas pa­san por al­go. De una mu­jer lu­cha­do­ra y ex­tre­ma­da­men­te sen­si­ble que pe­leó des­de ni­ña por vi­vir de su mú­si­ca. Un Go­ya y va­rios dis­cos de oro y pla­tino des­pués, hoy es fá­cil de­cir que acer­tó. Pe­ro en­ton­ces, cuan­do su pa­dre de­jó su tra­ba­jo para se­guir­la por los es­ce­na­rios, la pre­sión era má­xi­ma y su triun­fo, el sue­ño de to­da la fa­mi­lia. En ese mo­men­to to­da­vía era la pe­que­ña Jen­ni­fer Jéssica. Aho­ra, In­dia y Jenny se dan la mano en un nue­vo tra­ba­jo que la acer­ca aún más a su pú­bli­co.

—To­do no es ca­sua­li­dad, en­ton­ces, ¿qué es?

—Yo es que me he da­do cuen­ta al mi­rar atrás de que to­das las co­sas que me van pa­san­do es­ta­ban re­la­cio­na­das, no son

por­que sí, to­do tie­ne un sen­ti­do. En­ton­ces esas ca­sua­li­da­des no son sim­ples ca­sua­li­da­des, sino que tie­nen que pa­sar por al­go en tu vida. Son co­sas de las que apren­des, en las que hay se­ña­les que hay que sa­ber leer e in­ter­pre­tar. Y si real­men­te lu­chas por al­go, al fi­nal lo aca­bas con­si­guien­do. Si bus­cas esas opor­tu­ni­da­des, si es­tás don­de tie­nes que es­tar en los mo­men­tos pre­ci­sos, te aca­ban ocu­rrien­do co­sas que di­ces: «Oh, qué ca­sua­li­dad! Pe­ro no es ca­sua­li­dad, te ocu­rrió por­que es­ta­bas aquí, en es­te si­tio. Así es co­mo to­do en mi vida va pa­san­do, y ade­más soy una per­so­na muy po­si­ti­va, muy enér­gi­ca, que cree en esas co­sas y que cree, ade­más, que a tra­vés de la lu­cha to­do se pue­de con­se­guir en es­ta vida. De he­cho, la can­ción da un po­co es­te men­sa­je tam­bién, que no te es­tan­ques, no te pa­res. Si quie­res cam­biar tu vida no lo pre­ten­das ha­cer ha­cien­do lo que ha­ces siempre, tie­nes que cam­biar esas co­sas.

—Y pa­re­ce que mu­chos es­cu­chan tu men­sa­je. El vi­deo­clip ha­ce unos días ya te­nía dos mi­llo­nes de re­pro­duc­cio­nes.

—Ya son más de cin­co, es in­creí­ble. No sé có­mo hay tan­ta gen­te que lo ve. Una pa­sa­da, y to­do a tra­vés de las re­des, es muy fuer­te, un es­ca­pa­ra­te que es­tá in­clu­so fue­ra de Es­pa­ña. Me lle­gan men­sa­jes y me emo­cio­na mu­cho ver que la gen­te me es­cu­cha y me ve. Des­pués en los con­cier­tos y en las fir­mas de dis­cos tam­bién se ha no­ta­do, por su­pues­to.

—Es­ta can­ción tie­ne una ver­sión bas­tan­te elec­tró­ni­ca...

—Hay dos ver­sio­nes, una más acús­ti­ca y otra más elec­tró­ni­ca, con ba­ses pro­gra­ma­das. Me gus­ta pa­sár­me­lo bien, in­ves­ti­gar en la mú­si­ca, aña­dir ma­ti­ces nue­vos y re­bus­car­me in­clu­so en mi pro­pio ins­tru­men­to, que es la voz. Es una for­ma tam­bién de ac­tua­li­zar mi mú­si­ca y pro­bar otros so­ni­dos, y la ver­dad es que le ha ido per­fec­ta­men­te y me ha gus­ta­do mu­cho. Den­tro de to­do el dis­co hay mu­cha va­rie­dad, aun­que siempre con­ti­nuan­do mi esen­cia.

—Una esen­cia fla­men­ca, pe­ro muy abier­ta. «Te cuen­to un se­cre­to» tie­ne tin­tes la­ti­nos, pop, ára­bes...

— Sí, y lo he te­ni­do muy pre­sen­te des­de muy pe­que­ñi­ta. Ya mi pri­mer dis­co no era fla­men­co clá­si­co, que era lo que ve­nía ha­cien­do en fes­ti­va­les y pe­ñas fla­men­cas. En ese mo­men­to, me me­to en un es­tu­dio a tra­ba­jar so­bre un pro­yec­to y ya se me em­pie­zan a no­tar esas influencias de can­cio­nes ára­bes que ha­bía es­cu­cha­do en mi cor­ta ca­rre­ra, pe­ro se no­ta que me gus­ta­ba. La pri­me­ra can­ción que yo can­té en un ka­rao­ke

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