Sba­ra­glia, pre­mio Ci­neu­ro­pa

«La suer­te de los fil­mes de­pen­de so­bre to­do de su pre­su­pues­to y de si tie­ne dis­tri­bui­do­ra», ad­vier­te el in­tér­pre­te

La Voz de Galicia (Santiago) - - Portada - TA­MA­RA MON­TE­RO

El otro her­mano es una pe­lí­cu­la es­qui­na­da. Lo di­ce la re­se­ña del ca­tá­lo­go de Ci­neu­ro­pa que ha emo­cio­na­do a Leo­nar­do Sba­ra­glia (Bue­nos Ai­res, 1970), que ayer re­co­gió el pre­mio del fes­ti­val com­pos­te­lano y pre­sen­tó esa mis­ma pe­lí­cu­la, que no se ha es­tre­na­do en Es­pa­ña. —«Nie­ve ne­gra» y «El otro her­mano» es­tán en Net­flix. ¿A fa­vor o en con­tra de las pla­ta­for­mas? —No ten­go esa dis­yun­ti­va. Lo de las pla­ta­for­mas di­gi­ta­les es un fe­nó­meno re­la­ti­va­men­te nue­vo, que se es­tá ar­man­do. Son pla­ta­for­mas en las que to­da­vía es di­fí­cil de en­ten­der el ne­go­cio. —Al­mo­dó­var cree que una pe­lí­cu­la que no pa­se por el cir­cui­to ci­ne­ma­to­grá­fi­co con­ven­cio­nal no de­be­ría ir a fes­ti­va­les de ci­ne. —Por su­pues­to que me da pe­na que El otro her­mano no ha­ya te­ni­do un es­treno en sa­las en Es­pa­ña. Es­ta­mos ha­blan­do de un te­ma com­ple­jo. Re­la­tos sal­va­jes tu­vo una in­ver­sión de en­tre 600.000 y 800.000 eu­ros so­la­men­te pa­ra la pro­mo­ción. El otro her­mano no cos­tó ni eso ha­cer­la [ríe]. La suer­te de las pe­lí­cu­las de­pen­de so­bre to­do de su pre­su­pues­to y de si tie­ne una bue­na ca­de­na de te­le­vi­sión o dis­tri­bui­do­ra. —Aquí se ha­bla de cri­sis del ci­ne. ¿En Ar­gen­ti­na es­tá en cri­sis? —Es una reali­dad. Por un la­do, en los úl­ti­mos 15 años el ci­ne ar­gen­tino ha cre­ci­do ex­po­nen­cial­men­te. Es­ta­mos pro­du­cien­do más de cien pe­lí­cu­las al año. ¿Cuál es la suer­te de esas pe­lí­cu­las fren­te al pú­bli­co? Muy di­ver­sa. Hay mu­chas pe­lí­cu­las en Ar­gen­ti­na ma­ra­vi­llo­sas que no va a ver na­die y eso tie­ne que ver con la ca­de­na comercial y las vías de co­mu­ni­ca­ción y lle­ga­da al pú­bli­co. —Ha­blá­ba­mos de ban­dos... —Con mi hi­ja ve­mos la pla­ta­for­ma que sea, y si hu­bie­ra más ve­ría más. Yo mu­chas ve­ces quie­ro ver una pe­lí­cu­la y no sé dón­de más bus­car, por­que uno quie­re ac­ce­der al co­no­ci­mien­to, ac­ce­der a la po­si­bi­li­dad cul­tu­ral de ver. Oja­lá el ci­ne tam­bién ofre­cie­se eso, una pla­ta­for­ma muy ac­ce­si­ble. —¿El pú­bli­co es­tá cau­ti­vo de lo que es­co­gen otros pa­ra ellos? —Hay un di­rec­ti­vo que de­ci­de qué es lo que su­pues­ta­men­te el pú­bli­co quie­re ver y se em­pie­zan a fa­bri­car sal­chi­chas en lu­gar de fa­bri­car ar­te. Por eso son tan im­por­tan­tes los fes­ti­va­les, co­mo es­te, que se en­car­gan de lle­var al pú­bli­co co­sas a las que no tie­nen ac­ce­so de otra ma­ne­ra. ¿Có­mo pue­de ser que ac­ce­der al ar­te sea un ac­to sub­ver­si­vo? Ca­da vez más pa­ra el ac­ce­so al ar­te pa­re­ce que uno tie­ne que re­be­lar­se a no sé que co­sa. —Su en­tra­da en Hollywood fue de mano de Ro­dri­go Cor­tés. Se­gu­ro que allí no hay cri­sis. —Red Lights fue mi úni­ca ex­pe­rien­cia. Sin co­no­cer mu­cho ese me­dio, Es­ta­dos Uni­dos tam­bién tie­ne que lu­char. Es­tá di­vi­di­do en­tre el ci­ne comercial y el ci­ne arty. Tie­nen otros líos, pe­ro más fe­li­ces [ríe]. —Tie­nen uno un po­co feo. Ke­vin Spa­cey es­tá sien­do bo­rra­do de su úl­ti­ma pe­lí­cu­la. ¿Has­ta qué pun­to la vi­da per­so­nal de un ac­tor de­be in­fluir en la pro­fe­sio­nal? —Es com­pli­ca­do. No es­toy de­fen­dien­do lo que ha­ya he­cho o no, pe­ro es un gran­dí­si­mo ac­tor, aun­que me pa­re­ce te­rri­ble y con­de­na­ble lo que ha he­cho y tam­bién la ma­ne­ra en la que se ha de­fen­di­do. —Cuan­do Fe­de­ri­co Lup­pi mu­rió se re­cor­dó que su mu­jer lo de­nun­ció por vio­len­cia ma­chis­ta. —Es cier­to. Y al mis­mo tiem­po uno pue­de de­cir que Fe­de­ri­co ha­bía lu­cha­do mu­cho con­tra eso. Ha­bía ini­cia­do un pro­ce­so psi­quiá­tri­co en los úl­ti­mos 30 o 40 años pa­ra re­ver­tir esa si­tua­ción, que por su­pues­to tam­bién es con­de­na­ble. Pe­ro en el ca­so de Fe­de­ri­co eso se apro­ve­chó ca­si de ma­ne­ra po­lí­ti­ca, por­que era un opo­si­tor a co­sas que es­ta­ban pa­san­do en cier­tos sec­to­res de po­der y esos sec­to­res fue­ron a por él, bus­can­do sus mi­se­rias, que las te­nía y uno no las va a de­fen­der, pe­ro al mis­mo tiem­po fue muy in­hu­mano lo que se hi­zo con él. Creo que ahí es­tá la cla­ve, en no ser in­hu­ma­nos en la ma­ne­ra de juz­gar a las per­so­nas.

P. RO­DRÍ­GUEZ

El ac­tor ar­gen­tino pro­ta­go­ni­zó el fes­ti­val de San­tia­go.

PA­CO RO­DRÍ­GUEZ

Sba­ra­glia de­fien­de la im­por­tan­cia de los fes­ti­va­les de ci­ne.

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