Qué fes­ti­val de con­cier­tos

Crys­tal Figh­ters, Mi­guel Bo­sé, Lo­ve of Les­bian, Los Pla­ne­tas, Co­que Ma­lla, Macy Gray... ¡y se acer­ca el Sons Rías Bai­xas!

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - TEX­TO: JA­VIER BECERRA

Es­tu­vie­ron el pa­sa­do mes de di­ciem­bre en A Co­ru­ña. Las en­tra­das para su con­cier­to en la sa­la Pe­lí­cano se ago­ta­ron con tan­ta ra­pi­dez que se tu­vo que ha­bi­li­tar una se­gun­da fe­cha. Tam­bién se lle­nó. Que­da­ba cla­ro ahí el po­der de con­vo­ca­to­ria de Crys­tal Figh­ters, una ban­da que ya se ha­bía po­di­do ver en es­ce­na­rios como la pra­za da Quin­ta­na y la sa­la Ca­pi­tol de Santiago o el Au­di­to­rio do Mar de Vigo. Pe­ro que es­ta vez lle­ga­ba con ma­ne­ras de gru­po gran­de. Unas 4.000 personas en to­tal se pu­sie­ron a sus pies. O no. Más bien ha­bría que de­cir que los co­gie­ron de la mano. Por­que lo de los bri­tá­ni­cos tie­ne más que ver con el «to­dos a una» que con el «aquí no­so­tros y ahí vo­so­tros» de muchas de las es­tre­llas del pop. To­ca­ba pre­sen­tar en­ton­ces Everyt­hing

Is My Fa­mily (2016), su úl­ti­mo tra­ba­jo. Y todo dis­cu­rrió con esa co­rrien­te de po­si­ti­vi­dad in­he­ren­te al gru­po. Ves­ti­dos con tú­ni­cas blan­cas, ador­nan­do las ta­blas con todo tipo de mo­ti­vos ve­ge­ta­les, co­rrien­do de un la­do al otro e in­ci­tan­do a la gen­te. A can­tar. A sal­tar. A vi­brar. La sa­la se puso pa­tas arri­ba. So­na­ron te­mas como LA Ca­lling, Lo­ve Na­tu­ral o Good Girls, con esa irre­sis­ti­ble mez­cla de me­lo­días, gui­ta­rras afri­ca­nas y rít­mi­ca de bai­le. Ni un al­ma se re­sis­tió a su­mar­se a la fies­ta. Ahí, pren­da­dos por la ma­gia de su música y todo lo que ella trans­mi­te, no va­lía es­cu­dar­se en los tó­pi­cos. Que si buen­ro­llis­mo, que si hips­ters, que si neo­hip­pies. En­tre otras co­sas, por­que todo es ver­dad.

«Nos sen­ti­mos como unos hip­pies del si­glo XXI», afir­ma­ban ha­ce tres años en una en­tre­vis­ta a Fu­gas. Lo de­cía Se­bas­tian Prin­gle, can­tan­te, guitarrista y ha­bi­tual por­ta­voz de la ban­da lon­di­nen­se. La com­ple­tan Gil­bert Vie­rich (sin­te­ti­za­do­res, gui­ta­rras y per­cu­sio­nes), Graham Dick­son (gui­ta­rra y txa­la­par­ta), y las vo­ca­lis­tas Lau­re Stoc­kley y Mi­mi Bo­re­lli. Jun­tos lo­gran una de las ex­pe­rien­cias más es­ti­mu­lan­tes del pop con­tem­po­rá­neo. «En di­rec­to va­mos a por la sen­sa­ción de com­ple­ta vi­ta­li­dad —ase­gu­ra­ba Se­bas­tian en esa misma en­tre­vis­ta—. Es lo mis­mo que la gen­te busca cuando es­cu­cha música ex­tre­ma, cuando vi­ve de for­ma ex­tre­ma, cuando prac­ti­ca deportes ex­tre­mos... Esa vál­vu­la de es­ca­pe es lo que nos ha­ce cons­cien­tes de no­so­tros mis­mos».

CO­NE­XIÓN TO­TAL

Cuando de­cían es­to el gru­po ve­nían con Ca­ve Ra­ve (2013) ba­jo el bra­zo. Sin em­bar­go, el dis­cur­so no ha cam­bia­do. Todo lo con­tra­rio: se ha su­bli­ma­do. Pre­gun­ta­do por có­mo se sen­tían en un gran re­cin­to cuando mi­les de personas sin­to­ni­za­ban en la misma fre­cuen­cia, Se­bas­tian de­cía emo­cio­na­do: «¡Es una sen­sa­ción alu­ci­nan­te! Te ha­ce sen­tir vi­vo y positivo. Sa­ber que tu música pue­de ha­cer que la gen­te se sien­ta mejor te lle­na de ale­gría. Un fes­ti­val es un en­torno in­creí­ble en el que la gen­te des­cu­bre música, in­ter­ac­túa y dis­fru­ta, y da igual en qué parte del mundo es­tés. Hay esa sen­sa­ción de su­per­vi­ven­cia. En Es­pa­ña es­to es muy po­ten­te, y eso es lo que sen­ti­mos cuando via­ja­mos por el mundo con nues­tros con­cier­tos, vemos có­mo la gen­te se des­cu­bre, des­cu­bre nues­tro so­ni­do y lo ha­ce su­yo».

En Cas­tre­los no ac­tua­rán den­tro de un fes­ti­val. Pe­ro lo ha­rán an­te una au­dien­cia tan gran­de como mu­chos de ellos. Allí ape­la­rán a ese pe­ga­men­to es­pi­ri­tual que, des­de su pun­to de vis­ta, pue­de lle­gar a ser la música. «Creo que ha­ce que la gen­te es­té uni­da, bai­lan­do y can­tan­do, de­ján­do­se lle­var, en­tran­do en con­tac­to y to­cán­do­se. Es una es­pe­cie de ener­gía que es­tá en la ma­gia de la música, que ha­ce que la gen­te co­nec­te con no­so­tros y en­tre ellos».

Crys­tal Figh­ters han crea­do un dis­cur­so uni­ver­sal. Pe­se a tra­tar­se de un gru­po an­glo­sa­jón en su música se re­fle­jan múl­ti­ples as­pec­tos de otras par­tes del mundo. En su nue­vo ál­bum, por ejem­plo, hay un tema, Sim­ple­ci­to, con re­ci­ta­do en cas­te­llano. «Son pa­la­bras que tra­ji­mos de Pe­rú, don­de es­tu­vi­mos en unas cla­ses de me­di­ta­ción —ex­pli­ca el can­tan­te—. Es­tas pa­la­bras for­ma­ban parte de la in­tro­duc­ción de la se­sión de me­di­ta­ción. Nos pa­re­cie­ron muy ins­pi­ra­do­ras, así que pe­di­mos per­mi­so para gra­bar­las e in­cluir­las en el ál­bum. Es­tá­ba­mos con gen­te realmente in­creí­ble y muy ins­pi­ra­do­ra, y la ver­dad es que hi­ci­mos va­rias se­sio­nes». Otras ve­ces, la ins­pi­ra­ción lle­ga del País Vas­co, adon­de acu­die­ron en busca de sus an­ces­tros: «Nos en­con­tra­mos allí, ade­más de gen­te muy ama­ble, pla­yas para ha­cer surf y una comida maravillosa, una len­gua fas­ci­nan­te y muchas raí­ces aún vír­ge­nes. Usa­mos ins­tru­men­tos tra­di­cio­na­les de allí, que nos ayu­dan a ca­na­li­zar el es­ti­lo vas­co y lo­grar un so­ni­do más pri­mi­ti­vo. En par­ti­cu­lar nos en­can­ta la txa­la­par­ta, que siem­pre la lle­va­mos en vi­vo». Pe­ro qui­zá la in­fluen­cia más de­fi­ni­ti­va de Crys­tal Figh­ters apa­rez­ca en Áfri­ca. «Es el lu­gar en el que em­pe­za­mos a ser se­res hu­ma­nos. En ese sen­ti­do, la música nos ayu­da a re­cor­dar que so­mos una fa­mi­lia en es­tas tie­rras y te­ne­mos que apren­der a vi­vir en paz», de­cía el mú­si­co en el 2013. Aho­ra re­cuer­dan có­mo les mar­có Gra­ce­land de Paul Si­mon: «Es un gran ejem­plo de có­mo la música pue­de ayu­dar a des­cu­brir el mundo, gra­ban­do por todo el mundo. Aun­que qui­zás el mú­si­co que más nos haya in­flui­do haya sido el afri­cano King Sunny Adé. Su ál­bum Syn­cro Sys­tem de 1983 es muy in­tere­san­te. Ha­ce un ejer­ci­cio so­no­ro es­pec­ta­cu­lar. Es­cu­cha­mos mu­chí­si­ma música de todo el mundo, pe­ro ese dis­co nos in­flu­yó mu­cho».

LO POSITIVO ES­TÁ AHÍ

Se­bas­tian Prin­gle cree fir­me­men­te en el efec­to te­ra­péu­ti­co de la música y có­mo es­ta pue­de cam­biar a las personas. «Vi­vi­mos ro­dea­dos de tan­ta ne­ga­ti­vi­dad y de tan­tos com­por­ta­mien­tos da­ñi­nos, que es im­por­tan­te re­cor­dar que el ser hu­mano pue­de ser bueno, ca­ri­ño­so y dul­ce —se­ña­la—. Hay de­ma­sia­da atrac­ción ha­cia ese la­do ne­ga­ti­vo, pe­ro la gen­te quie­re dis­fru­tar, vi­vir una vi­da lar­ga y feliz. Ese sen­ti­mien­to nos ayu­da a ha­cer me­jo­res co­ne­xio­nes so­cia­les, a ser más felices en nues­tra vi­da». Esa fuer­za se in­ter­po­ne con la música: «La ma­yo­ría de no­so­tros po­de­mos re­cor­dar los días en que fui­mos felices y dar­nos cuenta de que lo que nos per­mi­te ser­lo es es­tar vi­vos. De­fi­ni­ti­va­men­te, que­re­mos crear una música para los bue­nos tiem­pos».

Es­tos se in­vo­ca­rán el pró­xi­mo jue­ves en Vigo. Y, a buen seguro, se es­par­ci­rán por todo el au­di­to­rio. Sí, por­que Crys­tal Figh­ters es­pol­vo­rean su sen­ti­do de la vi­da: «Cree­mos que el amor se ha perdido en muchas cul­tu­ras y que­re­mos ha­cer de ese amor nues­tro men­sa­je». Sí, como en el ve­rano de 1967.

La gen­te quie­re dis­fru­tar y vi­vir una vi­da lar­ga y feliz”

La ac­tua­ción de Crys­tal Figh­ters en Vigo, el pró­xi­mo jue­ves, es una de las más es­pe­ra­das

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