FUGA DE TA­LEN­TO, LA OTRA CRI­SIS QUE SANGRA GA­LI­CIA

Ga­li­cia los for­mó en un sis­te­ma que fi­nan­ció al­re­de­dor del 70 % de su ca­rre­ra uni­ver­si­ta­ria, pe­ro la cri­sis los ex­pul­só Tras va­rios años en sus paí­ses de aco­gi­da, ¿qué les ha­ría vol­ver a Ga­li­cia? Mu­chos de ellos han en­con­tra­do fue­ra la es­ta­bi­li­dad que l

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Gladys Váz­quez

GA­LI­CIA FI­NAN­CIÓ AL­RE­DE­DOR DE UN 70 % DE SU FOR­MA­CIÓN, ESA DE LA QUE HOY DIS­FRU­TAN EE.UU., ALE­MA­NIA O EL REINO UNI­DO. SON IN­GE­NIE­ROS, AR­QUI­TEC­TOS, IN­VES­TI­GA­DO­RES... SU RE­TORNO ES UNO DE LOS GRAN­DES RE­TOS QUE LA CO­MU­NI­DAD TIE­NE SO­BRE LA ME­SA. PE­RO... ¿QUÉ DE­MAN­DAN PA­RA VOL­VER A CA­SA?

95.000 per­so­nas. Es la im­po­nen­te ci­fra de ga­lle­gos que se fue­ron de la co­mu­ni­dad des­de el 2007 con des­tino al ex­tran­je­ro. Si en el 2003 de­ja­ron Es­pa­ña 2.250 ga­lle­gos, cua­tro años des­pués lo ha­cían 11.700. Era 2007 y la cri­sis no era so­lo un te­ma de dis­cu­sión de la cla­se po­lí­ti­ca. Era la reali­dad a pie de ca­lle. Ya no va­lía con ir­se a Ma­drid o Bar­ce­lo­na. Ha­bía que bus­car tra­ba­jo mu­cho más le­jos. En 11 años se han ido a otros paí­ses más de 25.000 ga­lle­gos de en­tre 25 y 34 años. Mu­chos de ellos con una al­tí­si­ma for­ma­ción. Son da­tos ofi­cia­les. Los mis­mos que di­cen que el sal­do mi­gra­to­rio es­tá em­pe­zan­do a equi­li­brar­se. ¿En qué me­di­da ha vuel­to ese ta­len­to? En­tre el 2008 y el 2016 lle­ga­ron a Ga­li­cia 7.500 li­cen­cia­dos. En el mis­mo pe­río­do se fue­ron más de 15.000. Ellos fue­ron a bus­car­se la vi­da y son sus paí­ses de aco­gi­da los que apro­ve­chan su for­ma­ción. Se­gún el INE, la ma­yo­ría se han ido a Reino Uni­do, Francia y Ale­ma­nia.

Esa can­te­ra se ha for­ma­do por lo ge­ne­ral en las uni­ver­si­da­des ga­lle­gas. Tras años de con­ge­la­ción, so­mos la co­mu­ni­dad con las ta­sas más ba­jas de Es­pa­ña. Un es­tu­dian­te pa­ga de ma­trí­cu­la en la Uni­ver­si­dad de San­tia­go en­tre los ca­si 600 eu­ros y los po­co más de 1.000 de me­dia por cur­so. ¿Pe­ro cuán­to le su­po­ne esa for­ma­ción a la uni­ver­si­dad? A la USC, de me­dia, le cues­ta un gra­do com­ple­to en Hu­ma­ni­da­des 18.132 eu­ros. El alumno pa­ga­rá unos 2.400. En el ca­so de una in­ge­nie­ría, el es­tu­dian­te ten­drá que in­ver­tir en to­do el gra­do 3.300 eu­ros. A la ins­ti­tu­ción le cos­ta­rán sus es­tu­dios al­go más de 28.000. Es una cues­tión de igual­dad. Que es­tu­dien los me­jo­res, no so­lo los más ri­cos. ¿Qué su­ce­de cuan­do ese co­lec­ti­vo se va? La res­pues­ta es sen­ci­lla: su pro­pio país ha de­ja­do mar­char su pro­pia in­ver­sión en co­no­ci­mien­to. En Francia, la ma­trí­cu­la al año cues­ta unos 200 eu­ros. En Ale­ma­nia, 50. En Di­na­mar­ca es gra­tui­ta. La di­fe­ren­cia: sus pro­fe­sio­na­les se que­dan. El otro ex­tre­mo es Es­ta­dos Uni­dos. Allí, una ca­rre­ra pue­de cos­tar 30.000 eu­ros al año o más. Los es­tu­dian­tes hi­po­te­can su vi­da.

La idea es que lo de­vuel­van cuan­do sean pro­fe­sio­na­les. La fór­mu­la má­gi­ca no exis­te, pe­ro la cla­ve es­tá en que los paí­ses for­ma­do­res edu­quen a los su­yos pa­ra que sean tam­bién sus pro­fe­sio­na­les del fu­tu­ro. Sus mé­di­cos, sus in­ge­nie­ros o ar­qui­tec­tos. Su mo­tor.

La Ad­mi­nis­tra­ción ga­lle­ga tie­ne en mar­cha el Plan Es­tra­té­gi­co de la Emi­gra­ción 2017-2020. En­tre sus ob­je­ti­vos: fo­men­tar el re­torno. Y eso coin­ci­de con las as­pi­ra­cio­nes de aque­llos que se fue­ron: nues­tros emi­gran­tes es­tán desean­do re­gre­sar. Có­mo ha­cer­lo aún es una in­cóg­ni­ta. La ar­tei­xa­na Ta­tia­na Re­guei­ro, ar­qui­tec­ta, se can­só de in­ten­tar­lo en los es­tu­dios ga­lle­gos. Sí le abrie­ron las puer­tas en la empresa de su ra­mo más co­no­ci­da en Bir­ming­ham.

Tam­bién en Auc­kland. «¿Que si se ha des­per­di­cia­do el ta­len­to? Gra­cias por ha­cer­me esa pre­gun­ta?», nos di­ce des­de el otro la­do del mun­do. «Mi ge­ne­ra­ción tu­vo la suer­te de que nues­tros pa­dres pu­die­ron pa­gar­nos los es­tu­dios. La ma­yo­ría vol­vi­mos a la uni­ver­si­dad al ter­mi­nar nues­tra ti­tu­la­ción a por otro gra­do, un más­ter o un doc­to­ra­do. Es bas­tan­te fre­cuen­te en­con­trar­se gen­te con dos ti­tu­la­cio­nes. Sin em­bar­go, se nos ha ex­pul­sa­do de nues­tra ca­sa, sin po­der de­vol­ver el fa­vor tan gran­de que nos ha­bían he­cho: dar­nos edu­ca­ción. He­mos en­tre­ga­do nues­tro ta­len­to a paí­ses que lo han re­ci­bi­do a cos­te ce­ro. Es­pa­ña se lo es­tá per­dien­do», ase­gu­ra una jo­ven a la que so­lo le ha lle­ga­do en cin­co años una ofer­ta de su tierra. «Era un con­tra­to tem­po­ral de 800 eu­ros. Si com­pa­ro lo que me ofre­cían en Reino Uni­do o Nue­va Ze­lan­da, la res­pues­ta es no: no hay po­si­bi­li­da­des pa­ra ar­qui­tec­tos. Al­gu­nos creen que es­ta­mos de­ses­pe­ra­dos por vol­ver a cual­quier cos­te».

En el ca­so a Mi­guel An­tón Ba­rro, y a pe­sar de ser in­ge­nie­ro, cree que el su­yo es uno de mu­chos de los ejem­plos de la si­tua­ción de su pro­fe­sión. Aun­que se fue a la «aven­tu­ra» a Reino Uni­do, no tu­vo pro­ble­mas en tra­ba­jar pri­me­ro de ca­ma­re­ro pa­ra re­for­zar su ni­vel de in­glés. «Si aquí bus­cas tra­ba­jo, lo en­cuen­tras. El pro­yec­to en el que es­toy es una de las es­ta­cio­nes de Cross­rail y lle­va apor­ta­do a la empresa una fac­tu­ra­ción de más de 50 mi­llo­nes de li­bras des­de el 2012».

El ám­bi­to en el que se mue­ve la tu­den­se Be­lén Sou­sa en Mú­nich es muy es­pe­cí­fi­co: la ani­ma­ción. Tra­ba­ja en gran­des pro­yec­tos y tie­ne pues­to el pun­to de mi­ra en las gran­des ciu­da­des es­pa­ño­las, pe­ro no des­car­ta se­guir por el mun­do. «Me en­can­ta­ría co­no­cer Fra­mes­to­re, MPC o ILM. Tie­nen se­de en Lon­dres y Ca­na­dá. Es­te úl­ti­mo país me lla­ma mu­cho. Me han ha­bla­do muy bien de la vi­da en Van­cou­ver». El re­su­men es sen­ci­llo: quie­ren tra­ba­jar de lo su­yo con ca­li­dad de vi­da. Es lo que ha con­se­gui­do el in­ves­ti­ga­dor Da­vid Brea en Man­hat­tan, a quien no le gus­ta la ex­pre­sión «vi­vir de la cien­cia». «Tie­ne con­no­ta­cio­nes ne­ga­ti­vas. Pa­re­ce que de­pen­de­mos de la ca­ri­dad. Ne­ce­si­ta­mos con­di­cio­nes y pers­pec­ti­vas que nos per­mi­tan tra­ba­jar, es­ta­ble­cer­nos y pla­near pro­yec­tos a lar­go pla­zo». Él de­jó Ga­li­cia por los re­qui­si­tos de una be­ca. Aho­ra no ve que ha­ya po­si­bi­li­da­des de vol­ver. Da­vid da con una de las claves: re­gre­sar sí, pe­ro... ¿En qué con­di­cio­nes y a qué pre­cio?

«Se nos ha ex­pul­sa­do de ca­sa, sin po­der vol­ver. He­mos en­tre­ga­do ta­len­to a otros paí­ses a cos­te ce­ro»

JUAN. S. G

ILUS­TRA­CIÓN: MA­RÍA PEDREDA

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