ALBA ÁLVAREZ, DIRECTORA DE DOS HOTELES DE LA CA­DE­NA CARRÍS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Lu­cía Vidal

Alba Álvarez Fer­nán­dez (Lu­go, 1980), em­pe­zó des­de aba­jo, «po­nien­do co­pas en un bar». Tras do­ce años tra­ba­jan­do en el gru­po NH, en di­ciem­bre del 2016 fi­chó por su nue­va ca­sa, una ca­de­na 100 % ga­lle­ga, y co­mo di­ce ella, con una «fi­lo­so­fía ri­qui­ña». Hoy di­ri­ge los hoteles Carrís Ma­ri­ne­da, en A Co­ru­ña, y Carrís Al­mi­ran­te, en Fe­rrol. —Su­pon­go que, da­da su edad, su vo­ca­ción ho­te­le­ra no tu­vo na­da que ver con la po­pu­lar se­rie de los 80...

—Una ami­ga de la fa­mi­lia, que era co­mo mi re­fe­ren­te, se fue a es­tu­diar a Sui­za pa­ra ser directora de ho­tel y eso mar­có mi fu­tu­ro.

—Dio sus pri­me­ros pa­sos en el Cen­tro Su­pe­rior de Hos­te­le­ría de Galicia. ¿Có­mo re­cuer­da esos ve­ra­nos dan­do el ca­llo?

—Es una es­cue­la de mu­cho pres­ti­gio. Nos en­fren­ta­mos al mun­do real des­de ce­ro, con uni­for­me de tra­ba­jo y una fé­rrea dis­ci­pli­na. A los 18, mien­tras mis ami­gas an­da­ban de fies­ta, yo es­ta­ba tra­ba­jan­do.

—Se for­mó ín­te­gra­men­te en Galicia y se ha que­da­do a tra­ba­jar en su tie­rra... ¿Se sien­te una pri­vi­le­gia­da?

—To­tal­men­te. Al ter­mi­nar la ca­rre­ra, otros com­pa­ñe­ros eli­gie­ron Ca­na­rias o Ca­ri­be, qui­zás pa­ra as­cen­der más rá­pi­do, pe­ro pa­ra mí era muy im­por­tan­te es­tar cer­ca de mi fa­mi­lia y mis ami­gos. Hoy me sien­to muy afor­tu­na­da de ha­ber to­ma­do es­ta de­ci­sión.

—Ca­ma­re­ra, re­cep­cio­nis­ta, res­pon­sa­ble de even­tos, ad­jun­ta a la di­rec­ción de ope­ra­cio­nes... ¿Al­gu­na ta­rea pen­dien­te?

—Eso me ha per­mi­ti­do ser me­jor directora, por­que pa­ra or­ga­ni­zar un equi­po hay que sa­ber en qué con­sis­te el tra­ba­jo de ca­da uno. No soy una directora de des­pa­cho. De­di­co ca­si to­do mi tiem­po a mo­ti­var, a co­no­cer los pro­ble­mas que tie­nen mis em­plea­dos. Va­le que tam­bién hay que ha­cer nú­me­ros, pe­ro lo ver­da­de­ra­men­te im­por­tan­te es que tu gen­te es­té bien.

—Cuén­te­nos có­mo es una jor­na­da en su día a día...

—Es­toy co­nec­ta­da al tra­ba­jo 24 ho­ras. Cuan­do me le­van­to ya ten­go mails de in­for­mes del día an­te­rior. Lle­go al ho­tel, ha­blo con re­cep­ción, pre­gun­to por las in­ci­den­cias. Su­per­vi­so desa­yu­nos, pi­sos, ha­bi­ta­cio­nes, co­ci­na, lim­pie­za, res­tau­ran­te, man­te­ni­mien­to... Te ves en­vuel­ta en asuntos im­pen­sa­bles, por ejem­plo, un pro­ble­ma en la má­qui­na de clo­ra­do o una ave­ría en una cal­de­ra. Mi pa­dre alu­ci­na­ría. Ob­via­men­te, no ten­go que sa­ber de to­do, por­que pa­ra eso de­le­go en los je­fes de de­par­ta­men­to, y las sub­di­rec­to­ras que son mi en­la­ce, pe­ro sí de­bo es­tar al tan­to de to­do. Yo soy la que ha­go gi­rar el en­gra­na­je de to­das las pie­zas.

—¿Son muy pro­tes­to­nes los clien­tes de ho­tel? ¿O sim­ple­men­te exi­gen­tes?

—Hay de to­do. El que se que­ja por­que en el desa­yuno no hay de­ter­mi­na­do ti­po de bo­llos, pues ti­ras de mano iz­quier­da. Si es un fa­llo real, un pro­ble­ma de co­ne­xión con la red wi­fi por ejem­plo, pues se pi­den dis­cul­pas y se sub­sa­na el error. Ha­ce unos días nos lle­gó un gru­po de via­je­ros de un vue­lo des­via­do. Eran las dos de la ma­dru­ga­da y que­rían ce­nar, pe­ro cla­ro, a esas ho­ras no hay ser­vi­cio. Pi­den la ho­ja de re­cla­ma­cio­nes y tie­nes que ca­pear el tem­po­ral...

—¿Es de las que se ve los pro­gra­mas de te­le­rrea­li­dad so­bre hoteles?

—No me pier­do uno, ¡so­bre to­do los de Gor­don Ram­say! Me re­la­jan aun­que son si­tua­cio­nes muy ex­tre­mas. A mí nun­ca me han pa­sa­do esas co­sas.

—Si com­pa­ra la ofer­ta ho­te­le­ra ga­lle­ga con la del res­to de Es­pa­ña o del mun­do, ¿a qué al­tu­ra es­ta­mos?

—No te­ne­mos na­da que en­vi­diar­les. Es más, en Ita­lia o en In­gla­te­rra un cua­tro es­tre­llas es bas­tan­te peor que los nues­tros. Te pue­des lle­var un buen sus­to. Aquí es­tá to­do muy re­gu­la­do a la ho­ra de dar una ca­te­go­ría.

—¿Es­tán ha­cien­do mu­cho da­ño los pi­sos turísticos?

—Qui­tan mu­chos clien­tes. De­be­rían es­tar re­gu­la­dos.

Álvarez acu­mu­la ca­si tres lus­tros de ex­pe­rien­cia en el sec­tor.

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