Er­do­gan y el bu­rro

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - VENANCIO SALCINES

Ysi la eco­no­mía fue­ra un ani­mal... ¿Cuál se­ría? Es una pre­gun­ta que sue­lo ha­cer­le a los es­tu­dian­tes de pri­mer año. Los más ge­ne­ro­sos la ob­ser­van co­mo un ve­loz pu­ra san­gre. En es­tos ca­sos, vi­sua­li­zan al Go­bierno co­mo al do­ma­dor. ¿La me­ta? Que to­da su ele­gan­cia es­té al ex­clu­si­vo ser­vi­cio del ji­ne­te. Al­gu­nos la per­ci­ben co­mo un león, y en­tien­den que la Ad­mi­nis­tra­ción de­be anu­lar to­da su fe­ro­ci­dad, cas­trar­lo de tal mo­do que su úl­ti­mo ru­gi­do sea un fu­gaz re­cuer­do. Los más an­ti­sis­te­ma la ob­ser­van co­mo una hie­na, fe­liz an­te las des­gra­cias de los otros, siem­pre ávi­da de ca­rro­ña. Aquí el ob­je­ti­vo es la anu­la­ción di­rec­ta. El ex­ter­mi­nio. No exis­te mo­ti­vo que jus­ti­fi­que la exis­ten­cia de tal ani­mal. Se­gu­ro que a es­ta lec­tu­ra se apun­ta­rían Dios­da­do Ca­be­llo y Ni­co­lás Ma­du­ro. ‘¿Y us­ted, cuál ve?’, me pre­gun­tan los es­tu­dian­tes des­pués de di­sec­cio­nar me­dio reino ani­mal. El bu­rro, es lo que res­pon­do y en lo que creo fir­me­men­te. Es más, le re­co­mien­do que tam­bién la ob­ser­ven así. Esa vi­sión le ayu­da­rá a me­jo­rar su en­ten­di­mien­to. La cri­sis tur­ca pue­de ser un ejem­plo de ello.

In­ten­te do­mi­nar al bu­rro por la fuer­za y le ha­rá da­ño, de un mo­do in­clu­so au­to­des­truc­ti­vo. Na­die con una fus­ta sal­drá bien pa­ra­do, ni si­quie­ra el más po­de­ro­so de los go­bier­nos. La au­to­des­truc­ción de Ve­ne­zue­la es la me­jor ima­gen. An­te los gol­pes, los em­pre­sa­rios aban­do­na­ron su di­vi­sa y se mar­cha­ron. Co­mo la cla­se em­pre­sa­rial no obe­de­cía, la gol­pea­ron más, y más se mar­cha­ron. Aho­ra ya no que­da prác­ti­ca­men­te na­die. Has­ta los po­bres hu­yen. En la fron­te­ra del Ori­no­co con los lla­nos de Co­lom­bia en­con­tré al­gu­nos, bus­can­do ho­gar en la ciu­dad de Yo­pal. Te­rri­ble. Pe­ro vol­va­mos al bu­rro. ¿Có­mo se le tra­ta? Fá­cil, con es­tí­mu­los. Es cu­rio­so que lo se­pan las de­ce­nas de ni­ños que los vi­si­tan en A Illa da To­xa y no lo se­pan los mi­nis­tros de Eco­no­mía. Tra­te a la eco­no­mía con in­cen­ti­vos y la lle­va­rá a don­de quie­ra, in­clu­so al peor de los acan­ti­la­dos. Le se­gui­rá, son­rien­do y fe­liz.

Es­to es lo que ocu­rre, por ejem­plo, en Tur­quía, y el pro­ble­ma es que los es­tí­mu­los que ha­cían an­dar al gi­gan­te de Es­tam­bul no se los pro­por­cio­na­ba Er­do­gan, sino Was­hing­ton. Por ello, Trump, que de­bió de ha­ber que­da­do de ni­ño trau­ma­ti­za­do con la his­to­ria del flau­tis­ta de Ha­me­lín, ha em­pe­za­do a en­to­nar la mú­si­ca que mue­ve al bie­nes­tar oto­mano. Y es­te mo­vi­mien­to del pre­si­den­te de los Es­ta­dos Uni­dos tie­ne dos efec­tos evi­den­tes; el pri­me­ro, que sue­na en to­das las eco­no­mías emer­gen­tes, y el se­gun­do, que es­tas es­tán co­nec­ta­das con las na­cio­nes más desa­rro­lla­das. En el ca­so de Tur­quía, el puen­te de pla­ta lo cons­tru­yó el BBVA y lo hi­zo tan só­li­do que nos con­vir­tió en el país más ex­pues­to a la cri­sis de deu­da tur­ca. ¿Hay cor­ta­fue­gos? Me­jor apa­gue­mos el fue­go.

Pe­ro, ¿Có­mo co­men­zó es­ta his­to­ria? Abrien­do el mer­ca­do de deu­da al dó­lar. EE.UU. en­tra en re­ce­sión y si­túa su ti­po de in­te­rés real en ne­ga­ti­vo. Con tan nu­las ren­ta­bi­li­da­des, los agen­tes fi­nan­cie­ros in­ter­na­cio­na­les bus­can mer­ca­dos emer­gen­tes en los que in­ver­tir. La eco­no­mía de turno, en es­te ca­so la tur­ca, los re­ci­be con los bra­zos abier­tos. Cuan­do la re­ce­sión se ter­mi­na en Es­ta­dos Uni­dos y la Re­ser­va Fe­de­ral vuel­ve a si­tuar los ti­pos en una po­si­ción atrac­ti­va, los agen­tes em­pie­zan a des­ha­cer po­si­cio­nes pa­ra vol­ver a ca­sa. Si na­da ocu­rre, la sa­li­da es equi­li­bra­da y tran­qui­la, y eso lo sa­be Trump, co­mo tam­bién sa­be que él tie­ne la ca­pa­ci­dad pa­ra crear la his­te­ria que im­pul­se la ava­lan­cha. En esas es­ta­mos. Er­do­gan, que de tan­to po­der ya pen­sa­ba que ca­bal­ga­ba so­bre un ala­zán ára­be, ha des­cu­bier­to que mon­ta un bu­rro y en­ci­ma no es él quien lo es­ti­mu­la. Por tan­to, no lo ma­ne­ja, so­lo lo mon­ta. ¿Qué ha de ha­cer? Ge­ne­rar es­tí­mu­los in­ter­nos, y en esas es­tá, y re­ce por­que lo en­tien­da bien, por no­so­tros y por el BBVA.

| MURAD SEZER

La cri­sis de la deu­da ha des­plo­ma­do la co­ti­za­ción de la li­ra tur­ca.

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