¿SA­BES CON­DU­CIR EN OTO­ÑO?

LLU­VIA, NIEBLA Y HIE­LO, PE­LI­GROS EN LAS CA­RRE­TE­RAS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Motor - - PORTADA - Por Juan Ares

Pue­de parecer una pa­ra­do­ja pero la ma­cha­co­na can­ción del ve­rano es la que me­jor nos acon­se­ja­ba pa­ra la con­duc­ción en in­vierno: des­pa­ci­to, sua­ve, sua­ve­ci­to...

En cuan­to las ca­rre­te­ras se po­nen de­li­ca­das de niebla, llu­via y frío te­ne­mos que to­mar dos de­ci­sio­nes fun­da­men­ta­les pa­ra nuestra se­gu­ri­dad: re­du­cir la ve­lo­ci­dad y au­men­tar la dis­tan­cia res­pec­to a los co­ches que nos pre­ce­den. Con eso ya ga­na­mos un mar­gen im­por­tan­te y eso lo sa­be ha­cer cual­quie­ra. La ter­ce­ra pau­ta es una con­duc­ción más sua­ve, que se ma­ni­fies­ta en an­ti­ci­par­se mu­cho más a las fre­na­das, ser más sen­si­bles tam­bién con el ace­le­ra­dor y so­bre to­do ser muy cui­da­do­sos con el vo­lan­te. Los gi­ros brus­cos y las pa­ta­das al freno o ace­le­ra­dor pueden sa­car nues­tro vehícu­lo de su tra­yec­to­ria y ha­cer que per­da­mos el control. Y eso va­le lo mis­mo pa­ra los co­ches bá­si­cos como pa­ra los que es­tán car­ga­dos de tec­no­lo­gía y elec­tró­ni­ca, que tam­bién se­rán más pe­sa­dos y con cen­tros de gra­ve­dad más al­tos.

No po­de­mos fiar­lo to­do a los ABS y los con­tro­les de es­ta­bi­li­dad, por­que si for­za­mos las si­tua­cio­nes es­tos pueden ser in­su­fi­cien­tes. Las con­duc­cio­nes agre­si­vas, de­nos­ta­das en cualquier si­tua­ción, son mas fla­gran­tes to­da­vía en in­vierno, don­de los co­ches tie­nen unos lí­mi­tes de ad­he­ren­cia me­no­res. Hay que en­ten­der que ca­da vez que da­mos un vo­lan­ta­zo o ha­ce­mos una fre­na­da apu­ra­da es­ta­mos cam­bian­do los cen­tros de gra­ve­dad de nues­tro co­che, ju­ga­mos con los pe­sos y los apo­yos de las rue­das, que son los úni­cos pun­tos de con­tac­to del co­che con el as­fal­to. An­ti­ci­pa­ción.

La es­ca­sa vi­si­bi­li­dad, por fal­ta de luz diur­na en las ho­ras de tar­de y no­che, agra­va­da ade­más por la llu­via so­bre los cris­ta­les y el em­pa­ña­mien­to in­te­rior de los mis­mos nos ex­po­ne más a co­li­sio­nes con­tra otros vehícu­los, pea­to­nes u ob­je­tos fi­jos, por lo que de nue­vo hay que ha­blar de re­du­cir la ve­lo­ci­dad en esas cir­cuns­tan­cias.

Y es en in­vierno don­de tam­bién debemos ser más so­li­da­rios los con­duc­to­res, con otros que pueden ver mer­ma­das sus ca­pa­ci­da­des en estas con­di­cio­nes más de­li­ca­das, o con vehícu­los más ex­pues­tos como las mo­tos o las bi­ci­cle­tas, y qué de­cir de los pea­to­nes es­ca­pan­do de la llu­via con los pa­ra­guas que no les de­jan ver si se apro­xi­ma un co­che.

La con­duc­ción in­ver­nal re­quie­re des­tre­za y sen­si­bi­li­dad y es la que de­mues­tra el au­tén­ti­co ni­vel téc­ni­co de un con­duc­tor.

FOTO: AL­BER­TO LÓ­PEZ

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