EL MI­NI QUE ARRA­SA EN LOS RA­LIS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Motor - - COMPETICIÓN - Tex­to Car­los Pe­rei­ro Fo­tos Mar­cos Mí­guez

CON­DU­CE EL ÚNI­CO MI­NI COO­PER S DEL CAM­PEO­NA­TO GA­LLE­GO. PA­BLO ÁL­VA­REZ SIEM­PRE ECHÓ DE ME­NOS EL QUE FUE­RA EL PRI­MER CO­CHE DE SU VI­DA, POR ESO CUAN­DO AD­QUI­RIÓ UNO PA­RA RES­TAU­RAR HA­CE CIN­CO AÑOS QUI­SO UNIR LA PA­SIÓN POR ES­TE VEHÍCU­LO CON LA DE SER PI­LO­TO DE RA­LIS. LO LO­GRÓ, Y AHO­RA SU EQUI­PO ES YA UN CLÁ­SI­CO DE LAS PRUE­BAS GA­LLE­GAS, CON FRE­CUEN­TES SA­LI­DAS NA­CIO­NA­LES E IN­TER­NA­CIO­NA­LES. ALLÁ POR DON­DE PA­SA, EL ES­PEC­TÁCU­LO ES­TÁ ASE­GU­RA­DO. ¿QUIÉN PUE­DE RE­SIS­TIR­SE A UN CO­CHE DEL AÑO 71?

Con 700 ki­los, la re­la­ción pe­so/ po­ten­cia es bue­na, pe­ro no fre­na más que una Ves­pa

Si hay al­go que Pa­blo Ál­va­rez no pue­de ocul­tar al res­to del mun­do es su pa­sión por el mun­do del mo­tor. Más aún, si en la ecua­ción in­clui­mos el le­gen­da­rio mo­de­lo Mi­ni Coo­per. Su re­la­ción con él es es­pe­cial. Fue el pri­mer co­che que con­du­jo con el per­mi­so y el car­né en la car­te­ra. «Ori­gi­nal­men­te per­te­ne­cía a mi pa­dre y lue­go pa­só a mí. Lo ven­di­mos pe­ro siem­pre me que­dó esa es­pi­ni­ta ahí cla­va­da, has­ta que en el 2013 com­pra­mos uno, lo res­tau­ra­mos y lo pre­pa­ra­mos pa­ra ra­lis», di­ce.

Así, ha­ce aho­ra cin­co años Pa­blo au­nó su amor por el au­to­mo­vi­lis­mo con el de un mo­de­lo que te­nía al­go es­pe­cial. Dos pá­ja­ros de un ti­ro. Co­men­zó a ins­cri­bir­se en di­fe­ren­tes prue­bas de re­gu­la­ri­dad, sien­do la de La­lín la pri­me­ra. Lue­go As­tu­rias, Por­tu­gal... Y ha­ce ape­nas unos días, el Rall­ye A Co­ru­ña, con un tra­za­do que el pi­lo­to co­no­ce bien al ha­ber si­do du­ran­te años un co­la­bo­ra­dor ha­bi­tual pa­ra su or­ga­ni­za­ción y fun­cio­na­mien­to.

De acuer­do, es ob­vio que el Aus­tin Mi­ni Coo­per S de Pa­blo y Jo­se A. Va­re­la, su co­pi­lo­to, no pue­de com­pe­tir de tú a tú con un Fies­ta R5 o un Mit­su­bis­hi EVO IX, al me­nos so­bre el pro­pio as­fal­to y los tiem­pos que en él se lo­gran. Fue­ra de él, ya es otro can­tar. No to­do va a ser ve­lo­ci­dad. Ser el úni­co Mi­ni del cam­peo­na­to ga­lle­go tie­ne sus pro­pias ven­ta­jas y una es, sin du­da, la gran po­pu­la­ri­dad de la que el co­che go­za en­tre los afi­cio­na­dos. Ahí, el Mi­ni de Pa­blo y Jo­sé es un cam­peón in­dis­cu­ti­ble.

«Es un co­che es­pec­ta­cu­lar», ríe Pa­blo. «Es muy fá­cil de­rra­par con él. Pue­des po­ner­lo muy rá­pi­do al lí­mi­te. Po­see una es­té­ti­ca pre­cio­sa», aña­de. Es­to úl­ti­mo no es una exa­ge­ra­ción. El pi­lo­to co­ru­ñés re­cuer­da una anéc­do­ta su­ce­di­da du­ran­te el Rall­ye de Na­rón, en el que com­par­tía asis­ten­cia con Jor­ge Pé­rez y su Clio R3. Allí la sor­pre­sa le in­va­dió al com­pro­bar có­mo se ha­bía ge­ne­ra­do de la na­da una co­la enor­me pa­ra po­der fo­to­gra­fiar su co­che clá­si­co. Los me­cá­ni­cos de Pé­rez reían y co­men­ta­ban la ju­ga­da.

«Pa­ra los ni­ños es la le­che. Fli­pan al ver un co­che tan pe­que­ño». La reali­dad es que si uno lo ve en per­so­na pue­de pa­re­cer ca­si un ju­gue­te en com­pa­ra­ción con los vehícu­los de hoy en día. Es del año 71. Mu­chas co­sas han cam­bia­do, pe­ro la esen­cia ha con­se­gui­do con­ser­var­la, y de qué manera. «Pe­sa unos 700 ki­los, tie­ne una re­la­ción pe­so/ po­ten­cia muy bue­na. No po­see una ve­lo­ci­dad pun­ta bes­tial, ni si­quie­ra es ca­paz de fre­nar más que una Ves­pa. El dis­co de freno es po­co más gran­de que un ce­dé».

To­do es­to no es ba­la­dí. La con­duc­ción del Mi­ni se con­vier­te en un re­to en sí mis­mo da­da sus ca­rac­te­rís­ti­cas úni­cas. La ma­yo­ría de los pi­lo­tos pro­ba­ble­men­te aca­ba­rían en la cu­ne­ta si tra­ta­ran de sa­lir­se un po­co de la nor­ma. «Es muy pe­cu­liar a la ho­ra de ser pi­lo­ta­do. Ya par­te de una po­si­ción ex­tra­ñí­si­ma, con el vo­lan­te ca­si en el cen­tro. Los pe­da­les tam­bién los no­ta­rás cam­bia­dos».

Esa ha­bi­li­dad al vo­lan­te ha que­da­do de­mos­tra­da en más de una oca­sión. Las mar­cas que ma­ne­ja el Mi­ni de Pa­blo son con­tun­den­tes, lle­gan­do a fi­gu­rar en­tre los pri­me­ros cla­si­fi­ca­dos de su ca­te­go­ría reite­ra­das ve­ces. Com­pi­te den­tro del gru­po cin­co en Ga­li­cia, y den­tro del dos en Es­pa­ña. ¿Un ob­je­ti­vo? Lo­grar co­lo­car­se en ese po­dio siem­pre que se pue­da.

Por su­pues­to, to­do aquel afi­cio­na­do o curioso ya en­tra­do en años se acer­ca a Pa­blo pa­ra po­der con­tar­le al­gu­na his­to­ria so­bre el Mi­ni que tuvo en su día, ta­les co­mo aque­lla no­che en la que has­ta ocho jó­ve­nes se subían en uno pa­ra po­der ir a la dis­co­te­ca de turno o al cam­po de la fies­ta ve­cino. En Por­tu­gal, país al que es re­gu­lar­men­te in­vi­ta­do a par­ti­ci­par, la pa­sión por los mo­de­los clá­si­cos ro­za el tre­men­dis­mo. «Tie­nen un res­pe­to por ellos bes­tial. En no­viem­bre co­rre- re­mos de nue­vo», cuen­ta.

Ade­más de Jo­sé A. Va­re­la co­mo co­pi­lo­to, Pa­blo cuen­ta con la ines­ti­ma­ble ayu­da de San­tia­go Frei­re y Cé­sar San­tos, sus me­cá­ni­cos. To­do que­da en ca­sa, pues los me­dios de que dis­po­nen son li­mi­ta­dos, pe­ro las ga­nas y la cons­tan­cia su­plen lo que sea. «No so­mos pro­fe­sio­na­les, más bien so­mos fa­ná­ti­cos del Mi­ni», bro­mea el pi­lo­to. Aun­que sus com­pa­ñe­ros ya se lo han co­men­ta­do en más de una oca­sión, que la mano se le echa por­que con­du­ce es­te co­che en con­cre­to, el día que cam­bie de mo­de­lo ten­drán que de­jar de es­tar a su la­do.

Con­vie­ne re­cor­dar­lo. La com­pe­ti­ción au­to­mo­vi­lís­ti­ca es ca­ra, por eso Pa­blo y su equi­po tra­tan de to­mar­lo co­mo una aven­tu­ra en­tre pie­zas y as­fal­to. En­tre mon­ta­jes y des­mon­ta­jes. La gra­cia es­tá en pa­sar­lo bien, en con­ver­tir esas ho­ras de ta­ller en dos jor­na­das de de­rra­pes y es­pec­tácu­lo. Con­tar y es­cu­char anéc­do­tas del pa­sa­do mien­tras sur­gen otras nue­vas.

PI­LO­TO Y CO­PI­LO­TO Pa­blo Ál­va­rez y Jo­sé A. Va­re­la com­pi­ten den­tro del Gru­po 5 en Ga­li­cia y del Gru­po 2 en el res­to de Es­pa­ña. Tam­bién han co­rri­do en Por­tu­gal, don­de los co­ches clá­si­cos co­mo su Mi­ni tie­nen un éxi­to tre­men­do. En no­viem­bre vol­ve­rán al país ve­cino.

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