PE­NÉ­LO­PE cruz

“CON LA MUER­TE DE MI PA­DRE HAN VUEL­TO MU­CHOS RE­CUER­DOS”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - News -

La ma­ña­na es fría y lu­mi­no­sa en Mi­lán. To­da­vía fal­tan dos ho­ras pa­ra la en­tre­vis­ta y en los al­re­de­do­res del Duomo hay ja­po­ne­ses con pa­los de sel­fies, mi­la­ne­ses con som­bre­ro, una clown ves­ti­da de no­via, pa­lo­mas... y cua­tro me­tros de Pe­né­lo­pe Cruz en un escaparate. En la ima­gen, la ac­triz apa­re­ce ele­gan­te y be­llí­si­ma, pe­ro lo que más me in­tri­ga de la fo­to es lo mu­cho que se le ven las pe­cas. Pa­ra­do­jas... Cuan­do te­nía 14 años, aque­lla ado­les­cen­te te­me­ra­ria y so­ña­do­ra que al­gún día fue Pe­né­lo­pe se pre­sen­tó al cas­ting de Las eda­des de Lu­lú y el di­rec­tor Bi­gas Lu­na la man­dó a ca­sa di­cién­do­le que era de­ma­sia­do jo­ven pa­ra el pa­pel. (Pro­me­tió no ol­vi­dar­la y cum­plió: la lla­mó pa­ra Ja­món, ja­món). Es pro­ba­ble que en­ton­ces tra­ta­ra de cu­brir­se las pe­cas con un ma­qui­lla­je es­pe­so, pe­ro a los 41 to­do cam­bia y da la sen­sa­ción de que, des­pués de te­ner dos hi­jos y ba­jar el rit­mo de tra­ba­jo, lo que quie­re aho­ra Pe­né­lo­pe es reivin­di­car­se. Des­de sep­tiem­bre, su pre­sen­cia es cons­tan­te. Pri­me­ro, co­mo pro­duc­to­ra y pro­ta­go­nis­ta de Ma ma, una pe­lí­cu­la don­de ha asu­mi­do to­dos los ries­gos (co­mo ac­triz y fi­nan­cie­ros) y con la que es pro­ba­ble que con­si­ga su cuar­to Go­ya (oc­ta­va no­mi­na­ción); ade­más, aca­ba de co­no­cer­se el spot que ha pro­ta­go­ni­za­do pa­ra ipho­ne; en fe­bre­ro, es­tre­na­rá Zoo­lan­der 2, una co­me­dia dis­pa­ra­ta­da so­bre el mun­do de la moda que se­rá un bom­ba­zo de ta­qui­lla mun­dial (el trái­ler ya ha su­pe­ra­do to­dos los ré­cords de re­pro­duc­ción en in­ter­net); y a con­ti­nua­ción en­ca­de­na­rá el ro­da­je de La rei­na de Es­pa­ña con True­ba (se­gun­da par­te de La ni­ña de tus ojos) con la pe­lí­cu­la di­ri­gi­da por el ira­ní Asg­har Far­ha­di, que con­si­guió el Os­car a Me­jor Pe­lí­cu­la Ex­tran­je­ra por Una se­pa­ra­ción. Di­cho así, de ca­rre­ri­lla, el fu­tu­ro in­me­dia­to de la ac­triz sue­na tan pro­me­te­dor co­mo ago­ta­dor. Pe­ro, por mu­cho que les pe­se a al­gu­nos, Pe­né­lo­pe es una estrella, la úni­ca que te­ne­mos a es­ca­la glo­bal en Es­pa­ña, y si lo ha con­se­gui­do es, en gran par­te, gra­cias a su re­sis­ten­cia y su ta­len­to.

Tie­ne fa­ma de es­qui­va, pe­ro en es­ta en­tre­vis­ta no se es­con­de. En la cuen­ta atrás del es­treno de Zoo­lan­der 2, nos en­con­tra­mos en Mi­lán con la estrella más in­ter­na­cio­nal del ci­ne es­pa­ñol. Por Isa­bel Na­va­rro Fo­to: Ni­co Bus­tos

Por la tar­de se da­rá un ba­ño de mul­ti­tu­des con los fans en una tien­da de bol­sos y por la ma­ña­na atien­de a la pren­sa in­ter­na­cio­nal. Mu­jer­hoy es el úni­co me­dio es­pa­ñol acre­di­ta­do. Otra pa­ra­do­ja: las dos he­mos vo­la­do des­de Ma­drid pa­ra ha­cer es­ta en­tre­vis­ta en Mi­lán y no es ca­sual; du­ran­te años ha si­do más fá­cil acer­car­se a ella fue­ra de Es­pa­ña que en su pro­pio país (don­de siem­pre ha vi­vi­do). Pe­ro úl­ti­ma­men­te se la ve más re­la­ja­da y me­nos a la de­fen­si­va. Se la ve más. Nues­tra ci­ta es a las dos de la tar­de y sí, tie­ne pe­cas. Es­tá tan del­ga­da co­mo ha­ce 14 años (cuan­do era no­via de Tom Crui­se), y su look (con un jer­sey de ra­yas de cue­llo bar­co, jeans, som­bre­ro y unas bo­tas mos­que­te­ras) tam­bién re­cuer­da a los de esa épo­ca. Si al­gu­na vez se di­jo que su voz era chi­llo­na, ese tiem­po ya pa­só. Su voz ha cam­bia­do o la ha mo­du­la­do. Aho­ra su tim­bre sue­na dul­ce, ca­si cló­ni­co al de su her­ma­na Mó­ni­ca; pe­ro en pe­lí­cu­las co­mo Ma ma, el tono se ha­ce más gra­ve, con más au­to­ri­dad, más Ana Mag­na­ni (su icono). Ade­más de ac­triz, Pe­né­lo­pe tie­ne una fa­ce­ta me­nos co­no­ci­da co­mo di­se­ña­do­ra. Re­cien­te­men­te, se ha con­ver­ti­do en la ima­gen de Car­pi­sa, una firma de bol­sos su­per­ven­tas en Ita­lia, y es­tá en en Mi­lán pa­ra pre­sen­tar una co­lec­ción cáp­su­la que di­se­ña jun­to a su her­ma­na Mó­ni­ca. “Lle­va­mos di­se­ñan­do jun­tas 15 años –me ex­pli­ca–. Es­tu­vi­mos seis años en Ja­pón con jo­yas y bol­sos. Lue­go en Man­go dos años; y aho­ra te­ne­mos ca­si nues­tra pro­pia mar­ca con Agent Pro­vo­ca­teur, con los que aca­ba­mos de fir­mar pa­ra 12 años más. Car­pi­sa me en­can­ta por­que no va di­ri­gi­do so­lo a mu­je­res de una edad de­ter­mi­na­da y no uti­li­za pie­les ani­ma­les”. ¿Su mé­to­do? “En reali­dad lle­va­mos ha­cién­do­lo des­de que éra­mos ni­ñas, cuan­do nos en­ce­rrá­ba­mos en el ba­ño pa­ra ju­gar por­que era la úni­ca ha­bi­ta­ción con ce­rro­jo de la ca­sa. Aho­ra bus­ca­mos ideas por se­pa­ra­do. Va­mos a mer­ca­di­llos vin­ta­ge. Y siem­pre pa­sa al­go, una coin­ci­den­cia, que nos ha­ce dar­nos cuen­ta de que es­ta­mos muy co­nec­ta­das”. Su tra­ba­jo pa­ra fir­mas de be­lle­za y moda es ca­si una se­gun­da pro­fe­sión. “Ser ima­gen de tan­tas fir­mas me da la opor­tu­ni­dad de po­der ele­gir con más li­ber­tad las pe­lí­cu­las que ha­go. Que, nor­mal­men­te no pue­den ser más de dos al año”.

“A VE­CES, CUAN­DO TER­MINO UN RO­DA­JE NO SÉ NI CÓ­MO ME LLA­MO. DA VÉR­TI­GO”.

Mu­jer­hoy. ¿Có­mo se ve a sí mis­ma en los car­te­les que nos ro­dean? Pe­né­lo­pe Cruz. [Pien­sa unos se­gun­dos]. Co­mo si no fue­ra yo mis­ma. Co­mo si mi­ra­ra a otra. Ten­go un ojo muy crí­ti­co, me en­can­ta la fo­to­gra­fía y cuan­do veo una se­sión pa­ra la que he po­sa­do la juz­go des­de un lu­gar frío. No me veo a mí, mi­ro la luz y me pre­gun­to si es­ta­mos trans­mi­tien­do lo que que­re­mos dar pa­ra ven­der ese pro­duc­to. La ver­dad es que en una fo­to así mi­ras mu­cho más allá de si es­tás gua­pa o no.

Pe­ro ¿se sien­te gua­pa?

Yo ten­go una ca­ra que cam­bia mu­cho y pa­ra mi tra­ba­jo ese ras­go es positivo. A ve­ces es una ca­ra ex­tra­ña, par­ti­cu­lar, y eso te per­mi­te adap­tar­te a los fí­si­cos de los per­so­na­jes, co­mo hi­ce en No te mue­vas.

Por ese per­so­na­je, que hi­zo en ita­liano, ga­nó un pre­mio Do­na­te­llo [el equi­va­len­te al Go­ya]. ¿Afear­se tie­ne re­com­pen­sa? Yo creo que hay que es­cu­char a ca­da per­so­na­je y dar­le lo que ne­ce­si­ta, no pue­des afear­te pa­ra de­cir “mi­ra que va­lien­te soy”, por­que eso no es ver­dad, es una ma­ni­pu­la­ción, es ego. No lo pue­des for­zar.

Isa­bel Coi­xet me di­jo una vez que la úni­ca mu­jer gua­pí­si­ma a la que ha­bía co­no­ci­do sin nin­gún pro­ble­ma con su be­lle­za era Mó­ni­ca Be­lluc­ci... ¿Se da por alu­di­da? En reali­dad yo siem­pre he te­ni­do mu­cho sen­ti­do del hu­mor a la ho­ra de re­la­cio­nar­me con­mi­go mis­ma. Más de lo que la gen­te cree. Si yo di­je­ra en pú­bli­co có­mo me veo se­ría una gran sor­pre­sa... Cuan­do me pa­san co­sas co­mo que me eli­jan la mu­jer más sexy del mun­do, me río. De he­cho, suelo lla­mar a los ami­gos que sé que le van a sa­car más pun­ta de la his­to­ria; o a mi her­mano, que di­ce unas co­sas so­bre mí que son ge­nia­les y se ríe en mi ca­ra. Es el más bes­tia de to­dos. Qué pe­na que no las pue­da com­par­tir.

¿Por qué?

Bueno, yo soy ex­pre­si­va, pe­ro en es­tos tra­ba­jos es di­fí­cil mos­trar­se, y más en si­tua­cio­nes co­mo es­ta, por­que es muy ha­bi­tual pa­sar­te la mi­tad del día ha­blan­do con per­so­nas a las que no conoces de na­da.

Us­ted es una de las po­cas ac­tri­ces ca­pa­ces de pa­sar del dra­ma a la co­me­dia. ¿Qué es lo más di­fí­cil de los dos gé­ne­ros? Lo más di­fí­cil del dra­ma es lo que se su­fre. A mí no me gus­ta ha­cer na­da a me­dias y pa­ra Ma ma, por ejem­plo, pa­sé mu­cho tiem­po con en­fer­mas y con doc­to­res, in­mer­sa en ese am­bien­te. Pa­ra ha­cer una pe­lí­cu­la co­mo esa hay que en­trar en si­tios muy os­cu­ros y da mu­cho vér­ti­go. Lo vi­ves. Pe­ro a mí siem­pre me ha com­pen­sa­do co­mo ac­triz ha­cer ese via­je. A pe­sar de que a ve­ces, cuan­do ter­mino esos ro­da­jes, ya no sé ni có­mo me lla­mo.

¿Y de la co­me­dia?

Aun­que pa­re­ce un gé­ne­ro más sen­ci­llo [sus­pi­ra con fuer­za], mu­chas ve­ces la co­me­dia es más pu­ñe­te­ra que el dra­ma. Pa­ra mí es un po­co co­mo in­ter­pre­tar una par­ti­tu­ra clá­si­ca: tie­ne que pa­re­cer muy flui­da y des­per­tar esas hor­mo­nas que te lle­van a la ri­sa, pe­ro en reali­dad lo que hay de­trás del tra­ba­jo in­ter­pre­ta­ti­vo es mu­cha es­tra­te­gia y mu­chas ma­te­má­ti­cas pa­ra que pa­rez­ca fá­cil.

Mien­tras es­ta­ba en el ro­da­je de Zoo­lan­der 2, en Roma, fa­lle­ció re­pen­ti­na­men­te su pa­dre con 62 años. ¿Có­mo pu­do con­ti­nuar? Es­tá­ba­mos ha­cien­do una co­me­dia tan lo­ca y de re­pen­te se mu­rió la ma­dre de Ben Sti­ller [di­rec­tor y ac­tor del fil­me]. Pa­ra­mos du­ran­te dos se­ma­nas, pe­ro tu­vo que vol­ver de Nue­va York por­que ha­bía 300 per­so­nas es­pe­ran­do y no se po­día re­tra­sar más el ro­da­je. Y yo le mi­ra­ba y pen­sa­ba: “Có­mo pue­de, có­mo lo es­tá ha­cien­do, qué di­fí­cil”. Me pa­re­cía tre­men­do que tu­vie­ra que es­tar ha­cien­do reír cuan­do es­ta­ba llo­ran­do por den­tro. Y dos se­ma­nas des­pués me pa­só a mí. Mu­rió mi pa­dre, pa­ra­mos cua­tro días y a la vuel­ta fue muy di­fí­cil, muy lo­co. Lo re­cuer­do to­do en una ne­bu­lo­sa.

En Ins­ta­gram ha col­ga­do una fo­to muy bo­ni­ta en blan­co y ne­gro con su pa­dre. Us­ted de­be de te­ner cua­tro o cin­co años. Con la muer­te de un pa­dre mu­chos re- cuerdos que es­ta­ban dor­mi­dos se des­pier­tan. Es­toy con­ven­ci­da de que al­gu­nos de esos re­cuer­dos so­lo apa­re­cen cuan­do la otra per­so­na se ha ido.

¿Es­tar cer­ca de la muer­te le ha­ce sen­tir más vi­va?

Sí, te ha­ce aga­rrar­te más a la vi­da y ser cons­cien­te de que pue­de lle­gar en cual­quier mo­men­to. Me pa­só lo mis­mo con el ro­da­je de Ma ma: te im­pul­sa­ba a abra­zar, a es­tar más con tu gen­te, a de­cir­les que les que­rías... Que eso yo lo ten­go de siem­pre, por­que pa­ra mí los míos siem­pre han si­do lo más im­por­tan­te. Un sen­ti­mien­to que, aho­ra que soy ma­dre, se ha desa­rro­lla­do to­da­vía más. Pe­ro es ver­dad que cuan­do to­cas te­mas co­mo el de la en­fer­me­dad in­fan­til, que es­toy tra­tan­do aho­ra en un do­cu­men­tal que es­toy di­ri­gien­do, to­mas con­cien­cia de eso tan im­por­tan­te que tie­nen los ni­ños y, que per­de­mos lue­go de adul­tos: su ca­pa­ci­dad de vi­vir to­tal­men­te en pre­sen­te. Es­tar con ellos es una in­yec­ción pa­ra re­cor­dar­lo.

¿Có­mo es ese do­cu­men­tal, que es­tá ro­dan­do con el me­ce­naz­go de Vi­ce­roy y a be­ne­fi­cio de la Fundación Uno en­tre cien mil?

Lle­vo un par de me­ses pa­san­do tiem­po con fa­mi­lias y quie­ro que la gen­te sien­ta lo que yo es­toy vi­vien­do. Los ni­ños con leu­ce­mia su­fren mu­chí­si­mo, pe­ro ha­blan de to­do con mu­cha na­tu­ra­li­dad. En Es­pa­ña mue­re un ni­ño al día de cán­cer in­fan­til y pa­ra la leu­ce­mia hay muy po­ca in­ves­ti­ga­ción. Yo sé que es­to va a ser so­lo un gra­ni­to de are­na. A ve­ces te pue­des que­dar pa­ra­li­za­da an­te un pro­ble­ma tan gor­do, pe­ro ca­da uno de nues­tros gra­ni­tos es im­por­tan­te. Yo ha­ce po­co que co­noz­co a es­tos ni­ños, pe­ro ya for­man par­te de mi vi­da, y te pue­do de­cir que les quie­ro, y mu­cho.

¿Es­tá de­cep­cio­na­da con el re­sul­ta­do de pú­bli­co de

Ma ma? A mí me gus­ta mu­cho la pe­lí­cu­la. Me pa­re­ce que tie­ne mu­cho co­ra­zón. Hay gen­te que co­nec­ta mu­cho con la pe­lí­cu­la y otra que no tan­to. Y bueno, es­tá ven­di­da al mun­do en­te­ro y aho­ra es cuan­do em­pie­za a via­jar.

Es­cu­ché a mu­cha gen­te de­cir que no iba a ver­la por­que no te­nía más ga­nas de dra­ma. Ya lo sé. Pe­ro bueno, es cuan­do ha sur­gi­do, y ahí es­tá.

¿La pe­lí­cu­la con Ash­gar Fa­rah­di tam­bién va a ser un dra­món?

Sí. [Ri­sas] El guión su­ce­de en Es­pa­ña y es muy fuer­te, con unos per­so­na­jes muy com­ple­jos. Me pa­re­ce que Ash­gar es uno de los gran­des. Es­toy desean­do ro­dar con él.

Ha­ce unos años po­dría ha­ber ro­da­do Me­lan­co­lía con Lars Von Trier, otro de los gran­des. ¿Por qué al fi­nal no lo hi­zo? Por­que es­ta­ba em­ba­ra­za­da y era en­trar en el te­ma de la de­pre­sión. El guión me en­can­tó. Es­tu­ve con Lars von Trier y me ca­yó muy bien, pe­ro en­trar en ese ro­da­je em­ba­ra­za­da no se lo re­co­mien­do a na­die, ni a mí tam­po­co. Y no es por­que le tu­vie­ra mie­do. Ha­blé con al­gu­nas ac­tri­ces que ha­bían tra­ba­ja­do con él y me di­je­ron que ha­bían te­ni­do muy bue­na ex­pe­rien­cia, pe­ro fue por el te­ma de la pe­lí­cu­la. En mi es­ta­do, pre­fe­rí ha­cer Pi­ra­tas del ca­ri­be.

“NO HI­CE “ME­LAN­CO­LÍA” POR EL EM­BA­RA­ZO. NO ME DA MIE­DO LARS VON TRIER”.

Re­co­gien­do el Go­ya en 2007 por Vo l v e r ; jun­to Javier Bar­dem, en el es­treno de El con­se­je­ro; con Ban­de­ras, en­tre­gan­do el Os­car a Al­mo­dó­var por To­do so­bre mi ma­dre y con su Os­car por Vicky Cris­ti­na Barcelona.

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