ACEITES: ORO lí­qui­do

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Belleza -

Hay una bue­na ra­zón pa­ra que te los en­cuen­tres en to­das par­tes: los aceites reúnen la ma­yor can­ti­dad de ac­ti­vos na­tu­ra­les por go­ta. Y ca­da una de ellas con­si­gue un efec­to in­me­dia­to en tu piel con una mí­ni­ma can­ti­dad. Así que son al­ta­men­te efec­ti­vos y du­ran una eter­ni­dad. ¿Qué más pue­des pe­dir­les? Que sean fá­cil de apli­car, ten­gan una tex­tu­ra ma­ra­vi­llo­sa y den re­sul­ta­dos. Pues sí, los aceites tam­bién te ofre­cen to­do eso.

INCORPÓRALOS A TU RU­TI­NA

En cuan­to los prue­bes, te fas­ci­na­rán, pe­ro tie­nen tru­co a la ho­ra de apli­car­los. Se­gu­ro que ya te has en­fren­ta­do en plan no­va­ta al mo­men­to bo­te transparente con pro­duc­to do­ra­do de as­pec­to ul­tra­lu­jo­so que, una vez abier­to, te apli­cas co­mo si fue­ra una lo­ción. Y en­ton­ces em­pie­zan los pro­ble­mas. Por­que, co­mo te has da­do de­ma­sia­do, la sen­sa­ción acei­to­sa pa­re­ce que no va a des­apa­re­cer ja­más de tu ca­ra. Te mos­tra­mos có­mo sub­sa­nar es­te error. Es­tos son los pa­sos im­pres­cin­di­bles:

1. La can­ti­dad jus­ta

Hay que te­ner cui­da­do con la me­di­da y nun­ca su­pe­rar las tres o cua­tro go­tas pa­ra el ros­tro. Una for­ma de no equi­vo­car­te es apli­car una go­ta en el de­do ín­di­ce, otra en el co­ra­zón y la úl­ti­ma en el anu­lar, en lu­gar de ha­cer­lo so­bre la pal­ma de la mano.

Es el tra­ta­mien­to pro­di­gio­so. Con unas po­cas go­tas, es­ta fór­mu­la mul­tiu­sos hi­dra­ta, ilu­mi­na y re­ju­ve­ne­ce la piel, ade­más de apor­tar bue­nas do­sis de relax. Por C. Uran­ga

2. Ca­lién­ta­lo pa­ra des­per­tar los ac­ti­vos

Fró­ta­lo con las ma­nos. Ese ges­to, uni­do a tu tem­pe­ra­tu­ra cor­po­ral, ha­rá que sus ac­ti­vos se pon­gan en fun­cio­na­mien­to.

3. Si­gue el ri­tual

Los aceites sue­len com­po­ner­se de dis­tin­tos ex­trac­tos na­tu­ra­les, con be­ne­fi­cios con­cre­tos. Los aceites esen­cia­les apor­tan un ex­tra de aro­ma­te­ra­pia que de­be­rías apro­ve­char. Una vez que has fro­ta­do las tres go­tas en­tre las ma­nos, co­ló­ca­las por en­ci­ma de tu ros­tro, ahue­ca­das, pa­ra que la com­bi­na­ción de aro­mas se si­túe jus­to por en­ci­ma de tu na­riz. Ins­pi­ra des­pa­cio tres ve­ces pa­ra in­ha­lar las pro­pie­da­des de ca­da uno de los in­gre­dien­tes. Los ex­per­tos re­co­mien­dan ha­cer­lo con los ojos ce­rra­dos. Así, oxi­ge­nas los te­ji­dos, au­men­tas el relax y la pi­tui­ta­ria pre­pa­ra la piel pa­ra re­ci­bir to­dos los be­ne­fi­cios del acei­te.

4. En­tre­na tus ma­nos

Aho­ra que el ca­lor ha fun­di­do el acei­te y pre­pa­ra­do pa­ra ac­tuar a ma­yor pro­fun­di­dad en tu piel, aplí­ca­lo con un ma­sa­je pa­ra du­pli­car su efec­ti­vi­dad. Des­li­za las pal­mas por tu ros­tro si­guien­do es­tos con­se­jos: Em­pie­za des­de la na­riz ha­cia los pó­mu­los, con un mo­vi­mien­to as­cen­den­te. Jun­ta los de­dos de am­bas ma­nos en la bar­bi­lla y des­li­za ca­da una ha­cia un la­do, su­bien­do por la lí­nea del óva­lo fa­cial, y ba­ja lue­go al cue­llo y el es­co­te. Con tres de­dos de am­bas ma­nos en el cen­tro de la fren­te, ma­sa­jea as­cen­dien­do y ter­mi­na en las sie­nes.

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