TABACO Y CE­GUE­RA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Belleza -

El oí­do no es el úni­co de sen­ti­do que pue­de en­fer­mar por el tabaco, los ojos tam­bién su­fren. Fu­mar mul­ti­pli­ca por cin­co el ries­go de pa­de­cer de­ge­ne­ra­ción ma­cu­lar y por dos el de uveí­tis ( una de las cau­sas del ojo rojo). Los ra­di­ca­les li­bres pre­sen­tes en el hu­mo del tabaco in­fla­man los va­sos san­guí­neos y des­equi­li­bran el sis­te­ma in­mu­ne de los ojos.

EL RIES­GO. Los fu­ma­do­res tie­nen un 70% más pro­ba­bi­li­da­des de pa­de­cer sor­de­ra que los no fu­ma­do­res, se­gún un es­tu­dio pu­bli­ca­do en la re­vis­ta mé­di­ca JAMA. En di­cha in­ves­ti­ga­ción, in­clu­so el 25% de los fu­ma­do­res del gru­po más jo­ven de par­ti­ci­pan­tes (48-59 años) su­frían pér­di­da de au­di­ción por es­te mo­ti­vo. LA CAU­SA. Los ex­per­tos apun­tan a que el hu­mo del tabaco afec­ta a los me­ca­nis­mos an­ti­oxi­dan­tes y a la vas­cu­la­ri­za­ción in­ter­na del oí­do, lo que le res­ta oxí­geno. Es­tos da­ños son dis­tin­tos a los que pue­de pro­vo­car el rui­do. SIN FU­MAR. El ries­go que su­po­ne el hu­mo del tabaco no afec­ta so­lo a aque­llos que fu­man. El mis­mo es­tu­dio com­pro­bó que las per­so­nas que con­vi­vían con un fu­ma­dor tam­bién eran más pro­pen­sas a per­der au­di­ción. S. VI­VAS.

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