Adria­na Ugar­te.

Es cu­rio­so que a una ac­triz ca­ma­leó­ni­ca no le gus­te cam­biar de look. Tras de­cir adiós a la me­le­na ochen­te­ra de Ju­lie­ta, ha­bla­mos con ella de imagen, cui­da­dos y bús­que­da de iden­ti­da­des es­té­ti­cas. Por E. de los Ríos Fo­tos: An­to­nio Te­rrón / Es­ti­lis­mo: Ca­ro­li

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Sumario -

De ru­bia, me fal­ta­ba la fie­ra que lle­vo den­tro

Su ros­tro, dul­ce pe­ro con ca­rác­ter, re­fle­ja el al­ma mu­tan­te de una ac­triz que se trans­for­ma al rit­mo que im­po­nen sus per­so­na­jes. La mo­re­na y gla­mu­ro­sa mo­dis­ta de El tiem­po en­tre cos­tu­ras, se con­vir­tió en una jo­ven ma­dre de los años 80, en Ju­lie­ta, la úl­ti­ma pe­lí­cu­la de Pedro Almodóvar en la que luce un cam­bio de imagen ra­di­cal, con pe­lo cor­to y des­ali­ña­do ru­bio pla­tino. Fe­liz por ha­ber re­cu­pe­ra­do su es­pe­sa y lar­ga me­le­na cas­ta­ña, Adria­na Ugar­te ase­gu­ra que no le gus­tan los cam­bios, mu­cho me­nos tan ra­di­ca­les, que man­te­ner su as­pec­to le da paz. La mis­ma que bus­ca cui­dán­do­se por den­tro y por fue­ra.

Mu­jer­hoy. ¿ Se ve la vi­da de ma­ne­ra dis­tin­ta sien­do ru­bia?

Adria­na Ugar­te. ¡Sí! No es una ton­te­ría... Mi ma­dre es ru­bia, y mi pa­dre mo­re­ní­si­mo, y yo fui una mez­cla de am­bos has­ta los 11 años: ru­bí­si­ma y con los ojos os­cu­ros. Pe­ro en la ado­les­cen­cia el pe­lo se me fue os­cu­re­cien­do, a pe­sar de que yo lu­ché con­tra eso a ba­se de ca­mo­mi­la y con re­sul­ta­dos ne­fas­tos, por cier­to. ¡Que­ría ser ru­bia a to­da cos­ta! ¿Y có­mo se ha sen­ti­do al vol­ver a ser­lo gra­cias a Ju­lie­ta? Ra­rí­si­ma. Me lo ti­ñe­ron y que­dó pre­cio­so, pe­ro no me veía. La imagen que ten­go de mí mis­ma es la de una mu­jer mo­re­na y no­ta­ba que me fal­ta­ba la fie­ra que lle­vo den­tro, me no­ta­ba light.

¿ Se atre­ve­ría a un cam­bio así de ra­di­cal en su vi­da real?

¡Qué va! Ade­más, a mí me due­le mu­cho el cue­ro ca­be­llu­do, has­ta al pei­nar­me, así que por mí no lo to­ca­ría nun­ca. Ten­dría la me­le­na por la cin­tu­ra, co­mo una in­dia. ¡Ese estilo me en­can­ta! No me gus­ta cam­biar, me da tran­qui­li­dad te­ner una mis­ma imagen.in­clu­so cor­tar­me el fle­qui­llo me in­quie­ta y, cuan­do vuel­ve a cre­cer, sien­to mu­cha paz, la ver­dad.

Ha pa­sa­do del gla­mour de los 40 y 50 de El tiem­po en­tre cos­tu­ras a ese look ochen­te­ro. ¿Cuál de los dos tiene más que ver us­ted? Me gus­tan los dos, con los dos me he sen­ti­do muy iden­ti­fi­ca­da y me han he­cho vo­lar y ju­gar.

Na­ció en los 80, o sea que se li­bró de esa eta­pa de la mo­da… Ya, pe­ro mi ado­les­cen­cia trans- cu­rrió en los 90, que es peor. La era de Kurt Co­bain, el grun­ge, el pe­lo de­co­lo­ra­do… Es­ti­lís­ti­ca­men­te ho­rro­ro­so. Mi ma­dre ha si­do siem­pre muy pri­mo­ro­sa pa­ra to­do y de ni­ña me po­nía ves­ti­di­tos de ni­do de abe­ja, cal­ce­ti­ni­tos, mer­ce­di­tas… to­do muy cui­da­do. Lue­go mi her­mano se hi­zo heavy y se de­jó el pe­lo lar­go, así que pa­ra es­pan­to de mi ma­dre yo tam­bién lo fui. Pe­ro mi ado­les­cen­cia fue de bús­que­da to­tal y en esa bús­que­da de iden­ti­dad. Pa­sé lue­go a ser ba­ka­la, con ca­mi­se­tas por el om­bli­go y za­pa­ti­llas Air max. Ver­sión light, la ver­dad, aun­que has­ta me hi­ce un pier­cing en el om­bli­go. Des­pués tuve una eta­pa de pan­ta­lo­nes an­chos ti­po ra­pe­ra… ¿Tam­bién fue re­bel­de de ca­rác­ter? En mi ca­sa, mis pa­dres nos da­ban mu­chí­si­ma li­ber­tad, pe­ro yo era muy de cues­tio­nar to­do, de exi­gir siem­pre el por­qué. Sí, la ver­dad es que era bas­tan­te in­con­for­mis­ta. ¿Y se si­gue apun­tan­do a las ten­den­cias de mo­da y vis­tien­do lo que se lleve? In­ten­to ser li­bre. Aho­ra com­bino, pi­co por to­das las ten­den­cias, me que­do con lo que me gus­ta y pa­so de lo que no. Me pa­re­ce que to­do es en­ri­que­ce­dor, que en to­dos los estilos hay be­lle­za, so­lo hay que en­con­trar una ar­mo­nía que a ti te ha­ga sen­tir bien. Cuan­do te sien­tes có­mo­do es que fun­cio­na y en­ton­ces ema­nas luz. ¿ Si­gue ade­lan­te con su mar­ca de len­ce­ría, Feel Peachy? ¿ Le in­tere­sa la mo­da has­ta ese pun­to? Sí, ya es­tá to­do di­se­ña­do, to­das las mues­tras crea­das, pe­ro estoy es­pe­ran­do un po­co pa­ra en­con­trar un mo­men­to bo­ni­to pa­ra lan­zar­lo. Des­de pe­que­ña me ha gus­ta­do el mun­do del di­se­ño… ¿Y por qué len­ce­ría? Echa­ba de me­nos una len­ce­ría de ca­li­dad que no sea desor­bi­ta­da­men­te ca­ra, que vuel­va a los en­ca­jes, a los al­go­do­nes de bue­na ca­li­dad y que no sea ex­hi­bi­cio­nis­ta. Que­ría re­cu­pe­rar ese la­do ro­mán­ti­co pe­ro no cur­si, sexy pe­ro no agre­si­vo. Ha cum­pli­do ya 31 años… ¿ Se no­ta? Sí, cam­bia un po­co to­do: la for­ma de la ca­ra, los hue­sos, el cuer­po, la piel… pe­ro me es­tá gus­tan­do el pro­ce­so. Su­pon­go que es por­que tam­bién in­te­rior­men­te se pro­du­ce otro cam­bio, es­tás más tran­qui­la y te con­for­mas mu­chí­si­mo. ¿Ha au­men­ta­do el mon­tón de po­tin­gues que usa? Al re­vés. He di­cho: “¡Has­ta aquí!”. Así que uti­li­zo tres co­si­tas y no me com­pli­co más. Creo que el ex­ce­so de pro­duc­tos pue­de ser con­tra­pro­du­cen­te… ¿ Por qué? Por­que le das de­ma­sia­da in­for­ma­ción a tu piel y no se de­ben pro­bar tan­tas co­sas: con una bue­na ali­men­ta­ción, una bue­na hi-

“No me gus­ta cam­biar mu­cho, me da tran­qui­li­dad te­ner la mis­ma imagen”.

dra­ta­ción y una bue­na lim­pie­za es más que su­fi­cien­te. El resto es de­ma­sia­do. Y ade­más exis­te una ten­den­cia a uti­li­zar cre­mas y cos­mé­ti­cos pa­ra edad más avan­za­da de la que te­ne­mos, co­mo usar an­ti­arru­gas an­tes de te­ner­las por ejem­plo. Es­to no es bueno por­que le das un ni­vel de gra­sa a la piel que no ne­ce­si­ta.

¿ Ha apren­di­do mu­cho so­bre el tema?

He apren­di­do que hay que ir des­pa­cio y de­jar que tu cuer­po pro­duz­ca so­lo to­do lo que ne­ce­si­te.

¿Cuá­les son sus ru­ti­nas de cui­da­do?

Me des­ma­qui­llo con la cre­ma lim­pia­do­ra The Cu­re, de Na­tu­ra Bis­sé, lue­go me apli­co el tó­ni­co y por úl­ti­mo me hi­dra­to bien. To­do con pro­duc­tos de la mis­ma co­lec­ción The Cu­re, que es una ga­ma que te ofre­ce una cu­ra de be­lle­za en la ru­ti­na dia­ria. Yo la ha­go por la mañana y por la no­che. Y si en ve­rano no­to que ten­go la piel un po­co su­cia, por el ex­ce­so de ca­lor, una ter­ce­ra vez. Mu­cha lim­pie­za, en eso no es­ca­ti­mo es­fuer­zos ni tiem­po.

¿Qué tie­nen de di­fe­ren­te los pro­duc­tos Na­tu­ra Bis­sé?

Me gus­ta su pu­re­za, los aro­mas, que son cui­da­do­sos con la piel y con tu pro­pia na­tu­ra­le­za. Son efi­ca­ces y res­pe­tuo­sos y con­fío ple­na­men­te en sus in­gre­dien­tes.

¿Cuál es la his­to­ria de esa pe­que­ña ci­ca­triz?

No tiene mu­cha, es un ac­ci­den­te de co­che de cuan­do te­nía cin­co años. No re­cuer­do mi ca­ra sin esa mar­ca. Me gus­ta: pa­re­ce un be­so.

¿ Las im­per­fec­cio­nes nos ha­cen úni­cos?

Yo no se­pa­ra­ría nun­ca per­fec­cio­nes e im­per­fec­cio­nes. No creo que ha­ya ni una co­sa ni la otra, no exis­te esa lí­nea. El fí­si­co se de­gra­da, es materia, y to­do lo que for­me par­te de no­so­tros es­tá bien, es per­fec­to.

¿Có­mo se man­tie­ne en for­ma?

Co­rrien­do con mis pe­rros por el cam­po, y ha­cien­do bi­ci­cle­ta, yo­ga y te­nis, que me en­can­ta tam­bién.

Sé que tam­bién cui­da mu­cho el in­te­rior…

Sí, en eso tiene mu­cho que ver mi pro­fe­so­ra de yo­ga, que es una mu­jer ma­ra­vi­llo­sa. Es in­gle­sa, se lla­ma Ta­ra Walsh y tra­ba­ja des­de un lu­gar muy pu­ro y muy ho­nes­to. Des­de la ho­nes­ti­dad con uno mis­mo y con los de­más no pue­de fa­llar na­da, to­do lo que se te de­vuel­va se­rá po­si­ti­vo. Es­ta­mos cons­tan­te­men­te vi­gi­lan­do el ego, des­de ahí se pueden sa­car to­das las lec­cio­nes de la vi­da. Es una mu­jer muy es­pi­ri­tual y eso me ayu­da y me da paz.

¿Us­ted tam­bién lo es?

In­ten­to no des­cui­dar­me por den­tro, pe­ro el ca­mino es­pi­ri­tual es muy len­to. No es co­mo to­mar­te un ibu­pro­feno y se te pa­sa el do­lor de ca­be­za. Es un ca­mino pa­ra to­da la vi­da y mu­chas ve­ces sien­tes que no avan­zas o te sien­tas a me­di­tar pe­ro la ca­be­za in­sis­te en lle­var­te a to­da la ma­rea de preo­cu­pa­cio­nes a la que eres adic­ta. Pe­ro me gus­ta, esos pe­que­ñi­tos re­sul­ta­dos me dan tran­qui­li­dad.

Pedro Almodóvar di­ce que las mu­je­res no so­mos tan com­pli­ca­das co­mo nos cree­mos… ¿Qué opi­na? Estoy con él, no creo que sea­mos es­pe­cial­men­te com­pli­ca­das. Lo com­pli­ca­do no es in­trín­se­co a un gé­ne­ro. Pedro con­se­gui­ría en­ten­der a cual­quie­ra, por­que es muy sen­si­ble y muy in­te­li­gen­te, con una ca­pa­ci­dad de lle­gar al fon­do de las co­sas y al co­ra­zón de las per­so­nas muy fuer­te.

¿Y qué le ha­brá he­cho te­ner esa fa­ma de fie­ro?

Pues que es un exor­cis­ta del ego y es­to a las per­so­nas nos due­le a ve­ces, pe­ro a la vez es una ben­di­ción. Des­de el ego no vas a con­se­guir na­da. Y él tiene un ojo afi­la­do pa­ra co­no­cer to­das las tri­qui­ñue­las que te traes en­tre ma­nos.

¿ Le tem­bla­ban un po­co las pier­nas an­tes de po­ner­se a sus ór­de­nes?

Me tem­bla­ba to­do. De ale­gría y de mie­do. Pe­ro lo sien­to co­mo un pa­dra­zo. Sé que soy afor­tu­na­da por ha­ber­le co­no­ci­do y te­ner­le un po­co en mi vi­da.

“El fí­si­co se de­gra­da, pe­ro to­do lo que for­ma par­te de no­so­tros es per­fec­to”.

Adria­na lle­va un ves­ti­do de se­da con de­ta­lles de en­ca­je, de Bur­berry Pror­sum y pen­dien­tes de Bim­ba y Lo­la. El ma­qui­lla­je es de Na­tu­ra Bis­sé y las ve­las aro­má­ti­cas, de Dipty­que.

Ves­ti­do de se­da con vo­lan­tes y dia­de­ma, to­tal look de Miu Miu.

Top de ga­sa, de Dior y ani­llo de Oui Pe­tit.

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