Yo­ga en casa.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Sumario -

Al­mu­de­na Es­co­rial. Mu­chos de ellos, pa­ra no que­dar­se de­te­ni­dos en cen­tros co­mo esos, se ha­cen pa­sar por adul­tos o se unen a otras fa­mi­lias pa­ra po­der pa­sar. Mila Nú­ñez. En Es­pa­ña, por ejem­plo, las ni­ñas víc­ti­mas de tra­ta son obli­ga­das a de­cir que son ma­yo­res de edad. Mai­te Pacheco. Por eso una de las de­man­das de Uni­cef es que se re­gu­len sus ex­pe­dien­tes en un má­xi­mo de 90 días. Ma­ría Je­sús Ro­drí­guez. Cree­mos que pa­ra ellos lo más se­gu­ro es que se que­den en los cen­tros, no con­ti­nuar el via­je. Hay que ex­pli­car­les los ries­gos a los que se ex­po­nen. Al­mu­de­na Es­co­rial. Mu­chos son cons­cien­tes, pero aún así es­ca­pan. En Ido­me­ni y Les­bos los ni­ños nos de­cían que es­ta­ban ate­rro­ri­za­dos por­que se de­cía que cuan­do se que­da­ran dor­mi­dos les qui­ta­rían un órgano. El im­pac­to de vi­vir así es tre­men­do.

¿Có­mo po­de­mos evi­tar que des­apa­rez­can?

Al­mu­de­na Es­co­rial. Es cla­ve al­go muy bá­si­co: es­cu­char al ni­ño, por­que mu­chos ya tie­nen fa­mi­lia­res en Eu­ro­pa. Y la reuni­fi­ca­ción fa­mi­liar es la me­jor pro­tec­ción pa­ra ellos. Mai­te Pacheco. Por ejem­plo, se se­pa­ra a una pa­re­ja con un hi­jo por­que ella tie­ne 16 años (y un be­bé) y él es ma­yor. Sin em­bar­go, son una fa­mi­lia. No se es­tá es­tu­dian­do ca­da ca­so con pro­fe­sio­na­les com­pe­ten­tes. Una co­sa es la ley y otra, el in­te­rés su­pe­rior del me­nor. El sis­te­ma no es fle­xi­ble. Mila Nú­ñez. En Cruz Ro­ja he­mos vis­to que bus­can op­cio­nes de fu­tu­ro, que no vie­nen pa­ra vi­vir de unas ayu­das so­cia­les. Por eso la ma­yo­ría en­tra y sa­le tan rá­pi­da­men­te de los cen­tros.

¿Eu­ro­pa no es­tá to­man­do me­di­das?

Mai­te Pacheco. La so­li­da­ri­dad de los paí­ses más po­bres no tie­ne na­da que ver con la eu­ro­pea. Ha­ce un mes es­tu­ve en Irak –que ade­más de una gran cri­sis eco­nó­mi­ca, tie­ne 3,5 mi­llo­nes de des­pla­za­dos in­ter­nos– y han aco­gi­do a 350.000 si­rios. Co­mo lle­ga­ron en ava­lan­cha y no ha­bía dónde alo­jar­los, les abrie­ron las es­cue­las. El go­ber­na­dor de Kur­dis­tán di­jo: “Sé que quie­ren que sa­que a to­dos los re­fu­gia­dos pa­ra que los ni­ños kur­dos va­yan a la es­cue­la. Lo com­pren­do, pero ni un so­lo re­fu­gia­do va a sa­lir de mis puer­tas por­que es­tán des­pro­te­gi­dos”. Esa mis­ma no­che se es­ta­ba fir­man­do el acuer­do de Eu­ro­pa con Tur­quía. Pa­ra mí, fue una gran ver­güen­za co­mo eu­ro­pea. Al­mu­de­na Es­co­rial. Efec­ti­va­men­te, pa­re­ce que es­to es una cri­sis eu­ro­pea y en reali­dad la ma­yo­ría de re­fu­gia­dos es­tá fue­ra. En el Lí­bano, que tie­ne una po­bla­ción de 4,3 mi­llo­nes, hay 1,16 mi­llo­nes de re­fu­gia­dos si­rios, mien­tras que en Eu­ro­pa so­mos 500 mi­llo­nes y aco­ge­mos ape­nas a 1,3 mi­llo­nes. Mai­te Pacheco. De he­cho, si nos los re­par­ti­mos to­ca­ría a dos per­so­nas por mu­ni­ci­pio. ¿Crees que eso va a ge­ne­rar un des­em­pleo ma­si­vo o una xe­no­fo­bia bru­tal? Las can­ti­da­des son mí­ni­mas. El sis­te­ma de cuo­tas es ver­gon­zan­te por­que to­das es­tas per­so­nas tie­nen de­re­cho a ser pro­te­gi­das sean 1.000 o 100 mi­llo­nes. Mila Nú­ñez. Si se aco­gie­ra, el im­pac­to que es­tá te­nien­do es­ta cri­sis sobre la in­fan­cia se re­du­ci­ría. El da­to po­si­ti­vo es que, cuan­do los ni­ños lle­gan a los cen­tros ab­so­lu­ta­men­te ate­rro­ri­za­dos, pron­to en­tran en una fa­se de me­se­ta, de tran­qui­li­dad, agra­de­cen enor­me­men­te un si­tio se­gu­ro con nor­mas y ru­ti­nas. Se adap­tan. Y al po­co tiem­po es­tán ju­gan­do con ni­ños de otras ra­zas y re­li­gio­nes, que ade­más es al­go muy edu­ca­ti­vo. Ma­ría Je­sús Ro­drí­guez. No­so­tros tra­ba­ja­mos con ni­ños que vie­nen de fa­mi­lias ro­tas con mu­chí­si­mos pro­ble­mas, y he­mos ob­ser­va­do que tar­dan al­re­de­dor de un año en re­la­jar­se y dis­fru­tar. No sé cuánto tar­da­rán en re­cu­pe­rar­se los que lle­gan mar­ca­dos por al­go tan trau­má­ti­co co­mo es­ta si­tua­ción de gue­rra y de huí­da, pero des­de luego ese en­torno de ca­ri­ño, equi­li­brio y se­gu­ri­dad es fun­da­men­tal.

¿Qué es­tá ha­cien­do Es­pa­ña?

Al­mu­de­na Es­co­rial. Es­pa­ña tie­ne una obli­ga­ción por­que se com­pro­me­tió a reasen­tar a 1.500 re­fu­gia­dos que es­tán fue­ra de Eu­ro­pa y a re­ubi­car a 16.000 que ya es­tán en el con­ti­nen­te, y de mo­men­to so­lo ha traí­do 38. Son los com­pro­mi­sos que las or­ga­ni­za­cio­nes les es­ta­mos pi­dien­do que cum­plan. Mai­te Pacheco. El Go­bierno con­tes­ta que no lle­gan. Si es así, habrá que ir a bus­car­los. Es cier­to que ha­ce tres años te de­cían que su des­tino era Es­pa­ña, o al me­nos atra­ve­sar­la co­mo punto de su ru­ta, y aho­ra no es así por­que en Li­bia hay gue­rra, en Ar­ge­lia no hay vi­sa­do y te­ne­mos un acuer­do con Ma­rrue­cos pa­ra ayu­dar­nos mu­tua­men­te, sea­mos fran­cos, a que no en­tren. Son mu­chas tra­bas. Por otro la­do, Es­pa­ña no es pa­ra ellos el país más atrac­ti­vo, por­que es di­fí­cil encontrar trabajo. Al­mu­de­na Es­co­rial. Ade­más, los plazos que tie­ne Es­pa­ña pa­ra re­sol­ver ex­pe­dien­tes de asi­lo y reuni­fi­ca­ción son muy ex­ten­sos, y la gen­te hu­ye de su país y quie­re es­tar con los su­yos. Mai­te Pacheco. Tam­bién es­tá la pro­tec­ción so­cial que da ca­da país. Sa­ben que Ale­ma­nia da más ayu­das. Por eso no lle­gan tan­tos re­fu­gia­dos, pero en­ton­ces la so­lu­ción se­rá ir a bus­car­los. Al­mu­de­na Es­co­rial. De he­cho, paí­ses co­mo Ca­na­dá en tres me­ses se han lle­va­do a 25.000, por lo que es po­si­ble ha­cer­lo. La so­lu­ción es que es­to sea un te­ma prio­ri­ta­rio y aho­ra no lo es.

El sis­te­ma de cuo­tas eu­ro­peo es ver­gon­zan­te. To­dos tie­nen de­re­cho a ser pro­te­gi­dos”. MAI­TE PACHECO La aco­gi­da tie­ne que ser lo más hu­ma­na po­si­ble: que los ni­ños vuel­van a ser ni­ños ”. MILA NU­ÑEZ

Soluciones hay. No­so­tros he­mos ofre­ci­do pla­zas de aco­gi­da pa­ra me­no­res, pero hay un blo­queo.” MA­RÍA JE­SÚS RO­DRÍ­GUEZ

Ma­ría Je­sús Ro­drí­guez. Soluciones hay. En Al­deas In­fan­ti­les he­mos ofre­ci­do 100 pla­zas pa­ra ni­ños que ven­gan so­los, gru­pos de her­ma­nos o fa­mi­lias en si­tua­ción es­pe­cial­men­te vul­ne­ra­ble. Sin em­bar­go, esas pla­zas no se ocu­pan, hay un blo­queo. Al­mu­de­na Es­co­rial. Es­ta­mos muy cen­tra­dos en pro­te­ger nues­tras fron­te­ras, pero no a las per­so­nas. Uno de los pro­ble­mas es que hay mu­chos me­no­res no re­gis­tra­dos. El pri­mer pa­so es re­gis­trar­los, eso fa­vo­re­ce­ría la reuni­fi­ca­ción fa­mi­liar, una de las gran­des asig­na­tu­ras pen­dien­tes de Eu­ro­pa. Mila Nú­ñez. Es im­por­tan­te que ese re­gis­tro sea ac­ce­si­ble en to­da Eu­ro­pa. Un fe­nó­meno trans­na­cio­nal de­man­da una res­pues­ta trans­na­cio­nal. En eso Es­pa­ña sí ha si­do un buen ejem­plo, por­que tie­ne un re­gis­tro na­cio­nal de me­no­res no acom­pa­ña­dos e in­clu­ye den­tro del pro­to­co­lo un ca­pí­tu­lo pa­ra la pre­ven­ción de la tra­ta. Mai­te Pacheco. Una re­co­men­da­ción de Uni­cef es que, tras iden­ti­fi­car al me­nor y es­cu­char­lo, se le de­je se­guir con el gru­po mi­gra­to­rio con el que salió. Por su­pues­to, siem­pre des­pués de es­tu­diar có­mo es­tá el ni­ño en ese gru­po. Que pri­me el in­te­rés del me­nor y que en oca­sio­nes sea po­si­ble que si­ga con la per­so­na que le ha ayu­da­do a es­ca­par y es tu re­fe­ren­te. Ma­ría Je­sús Ro­drí­guez. Eso lo ve­mos pe­li­gro­so. Es im­por­tan­te dar una res­pues­ta ur­gen­te, pero mien­tras pe­di­mos que en los cen­tros de aco­gi­da la si­tua­ción sea lo más hu­ma­na po­si­ble.

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