BLANCA SUÁ­REZ

“No ha­go pla­nes. Así vi­vo más las sor­pre­sas y me­nos las frus­tra­cio­nes”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Moda -

La ac­triz vi­ve un mo­men­to dul­ce: dos es­tre­nos de ci­ne pen­dien­tes, uno de ellos en in­glés, una se­rie de amor y lu­jo... y unas bue­nas va­ca­cio­nes por de­lan­te pa­ra en­con­trar su pa­raí­so par­ti­cu­lar. Por B. Na­va­zo

A bor­do de una em­bar­ca­ción (la mis­ma en la que ro­dó la se­rie El bar­co), Blanca se ade­lan­ta al ve­rano co­mo ima­gen de Wo­men’se­cret pro­ta­go­ni­zan­do una boat mo­vie en la que in­si­núa, pro­vo­ca, con­quis­ta, enamo­ra... En ro­pa de ba­ño mues­tra su la­do más sexy y se­duc­tor, aun­que se de­sen­tien­de de esos ca­li­fi­ca­ti­vos que no tie­nen mu­cho que ver, di­ce, con su ver­da­de­ro yo. Blanca aca­ba de ter­mi­nar el ro­da­je de El bar, jun­to a Ma­rio Ca­sas y a las ór­de­nes de Álex de la Igle­sia; y tie­ne pen­dien­te el es­treno de la mi­ni­se­rie Lo que es­con­dían sus ojos, don­de in­ter­pre­ta a la ele­gan­tí­si­ma y con­tro­ver­ti­da Son­so­les de Ica­za y de León, un per­so­na­je real. Ade­más, en ju­lio es­tre­na­rá Mi pas­te­le­ría en Brooklyn, ro­da­da en Nue­va York y en in­glés. En es­tos días, pla­nea unas va­ca­cio­nes ho­ga­re­ñas an­tes de vol­ver a la car­ga con nue­vos per­so­na­jes.

Mu­je­rhoy. La ro­pa de ba­ño ya la tie­ne... ¿Ten­drá tam­bién va­ca­cio­nes pa­ra po­der lu­cir­la?

Blanca Suá­rez. Sí. Tras un in­vierno y una pri­ma­ve­ra bas­tan­te mo­vi­di­tos, vie­nen unos días más tran­qui­los. Me ape­te­ce un po­co de cal­ma pa­ra co­ger fuer­zas pa­ra la si­guien­te tan­da de tra­ba­jo, que em­pe­za­rá a me­dia­dos de es­te ve­rano.

¿Có­mo se­rían sus va­ca­cio­nes idea­les?

To­dos su­po­nen que se­rá un gran via­je y me pre­gun­tan adón­de iré, pe­ro aho­ra so­lo pue­do pen­sar en que­dar­me en ca­sa y no mo­ver­me. Es­toy desean­do abu­rrir­me, sa­lir a ha­cer la com­pra, co­ci­nar, que­dar con ami­gos y re­to­mar ru­ti­nas ol­vi­da­das. Con es­ta pro­fe­sión en la que via­ja­mos tan­to, que es tan ines­ta­ble, que nos obli­ga a pa­sar tan­to tiem­po en ho­te­les, lo pri­me­ro que el cuer­po pi­de en va­ca­cio­nes es un po­co de es­ta­bi­li­dad, po­ner un pie en tie­rra. Y des­pués ya ha­brá tiem­po de pen­sar en re­co­rrer el mun­do. Aho­ra mis­mo, pa­ra mí, el pa­raí­so es­tá en mi so­fá.

¿Es us­ted de las que lu­cen pal­mi­to sin com­ple­jos?

Soy pu­do­ro­sa. To­dos nos mi­ra­mos al es­pe­jo y ve­mos de­fec­tos, por muy per­fec­ta que te con­si­de­ren los de­más. Es­toy se­gu­ra de que has­ta la me­jor top mo­del tie­ne al­go que so­lo ve ella pe­ro que no le con­ven­ce y quie­re ocul­tar­lo. So­mos de­ma­sia­do crí­ti­cas con no­so­tras mis­mas.

¿Se acos­tum­bra una a ver­se en las portadas?

Has­ta cier­to pun­to. Pe­ro si­gue sien­do cu­rio­so ir por la ca­lle y ver­se en una va­lla enor­me. Y to­da­vía re­sul­ta más ra­ro pa­ra los que mis ami­gos y mi fa­mi­lia. Ellos di­cen: “¡Ma­dre mía, pe­ro si eres tú, qué fuer­te!”. Y es ver­dad, si te pa­ras a pen­sar­lo, si lo mi­ras des­de fue­ra, te das cuen­ta de que no es nor­mal. Yo, ha­ce años, cuan­do com­pra­ba re­vis­tas veía a las ac­tri­ces o a las mo­de­los y to­do eso que­da­ba muy le­jos de mí y de lo que era mi vi­da.

¿Qué que­da de aque­lla chi­ca?

Pues to­do. Si­go sien­do una chi­ca de Ma­drid, del ba­rrio de Ventas. En al­go ha­bré cam­bia­do, es nor­mal, por­que to­dos cam­bia­mos a me­di­da que cre­ce­mos, ma­du­ra­mos y apren­de­mos. Pe­ro el fon­do si­gue sien­do el mis­mo.

“Ac­túa y se com­por­ta co­mo una es­tre­lla en el sen­ti­do po­si­ti­vo, no de al­guien pa­ga­do de sí mis­mo”. ¿Sa­be quién lo di­jo de us­ted? No, ni idea.

Fue Álex de la Igle­sia, re­fi­rién­do­se a su pro­fe­sio­na­li­dad. No sé si soy así o no, oja­lá. Pa­re­ce que por de­di­car­te a es­to y te­ner un éxi­to re­la­ti­vo tu­vie­ran que tra­tar­te de otra for­ma, co­mo si te pu­die­ras per­mi­tir com­por­tar­te co­mo te dé la ga­na, y no. Es una suer­te ha­ber he­cho tan­tas co­sas y ha­ber tra­ba­ja­do con gen­te tan im­por­tan­te co­mo Álex. Pe­ro me que­da mu­cho por ha­cer y apren­der, no se me ocu­rre pen­sar que he triun­fa­do y que aho­ra to­dos me te­néis que ha­cer una re­ve­ren­cia. ¡Por fa­vor! Hay que ser hu­mil­de y exi­gen­te pa­ra in­ten­tar su­pe­rar­te.

Quie­nes la co­no­cen di­cen que ja­más per­de­rá la ca­be­za por la fa­ma. ¿Tie­ne los pies en la tie­rra? Ab­so­lu­ta­men­te. Por suer­te, hay co­sas que no su­fro en mis car­nes, co­mo las di­fi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas que tie­ne mu­cha gen­te, pe­ro ten­go mi hi­po­te­ca, lu­cho por mi tra­ba­jo y pa­go mis im­pues­tos co­mo to­do el mun­do. O co­mo ca­si to­dos. In­ten­to ser cons­cien­te de que soy afor­tu­na­da por ha­ber na­ci­do en es­te país y por te­ner tra­ba­jo y es­tar en la po­si­ción en la que es­toy, pe­ro no soy aje­na a lo que pa­sa al­re­de­dor.

En Bus­can­do el nor­te era una chi­ca que se va al ex­tran­je­ro a bus­car­se la vi­da... ¿Se lo ha plan­tea­do? Lo he vi­vi­do de ma­ne­ra cer­ca­na. Mu­chí­si­mos ami­gos se mar­cha­ron, al­gu­nos es­tán vol­vien­do y otros se van aho­ra. Creo que son muy va­lien­tes. Yo no me he plan­tea­do mar­char­me co­mo una ne­ce­si­dad, sí co­mo un re­to, pa­ra ha­cer co- sas di­fe­ren­tes y exi­gir­me más, en otro idio­ma y otra ciu­dad.

De mo­men­to ha ro­da­do, en Nue­va York y en in­glés, Mi pas­te­le­ría

en Brooklyn. Se es­tre­na el 1 de ju­lio y mues­tra una par­te de Nue­va York muy bo­ni­ta. Brooklyn es­tá pre­cio­so, le es­tán dan­do una vuel­ta con Wi­lliams­burg, Dum­bo y otros ba­rrios fas­ci­nan­tes.

¿Le asus­tan esos re­tos o le re­sul­tan emo­cio­nan­tes? Es una mez­cla de am­bas emo­cio­nes. Es inevi­ta­ble que asus­te, por­que rue­das en una len­gua que no es la tu­ya. Eso exi­ge el tri­ple de con­cen­tra­ción y de tra­ba­jo, por­que no eres li­bre pa­ra im­pro­vi­sar ni tienes tan­tos re­cur­sos; pe­ro tam­bién es un desafío pa­ra no aco­mo­dar­te.

En su otro es­treno pen­dien­te, El bar. ¿Quién es Ele­na, su per­so­na­je? Es una chi­ca de fa­mi­lia bien que ha co­no­ci­do a un chi­co por in­ter­net y ha que­da­do con él, pe­ro se que­da sin ba­te­ría en el mó­vil y en­tra en el bar El Am­pa­ro, pa­ra pe­dir un car­ga­dor. Y en ese ins­tan­te le cam­bia la vi­da, a ella y a to­dos los que se en­cuen­tran allí. Da que pen­sar que una de­ci­sión al azar se con­vier­ta en al­go cru­cial.

¿Cree en las his­to­rias de amor en la red? ¿Le po­dría pa­sar? En­con­trar pa­re­ja en in­ter­net pue­de pa­re­cer frío, pe­ro lo ha­ce to­do el mun­do. An­tes quie­nes bus­ca­ban ahí el amor pa­re­cía que eran gen­te ra­ra que no li­ga­ba de otra for­ma. Pe­ro no tie­ne que ver. A mí me da ver­güen­za, soy más pre­ca­vi­da...

La se­rie Lo que es­con­dían sus ojos cuen­ta un ro­man­ce en su mo­men­to es­can­da­lo­so. ¿Le im­por­ta el qué di­rán? A to­dos nos im­por­ta al­go, aun­que sea un pe­lín. A na­die le gus­ta que ha­blen de su vi­da pri­va­da. Pe­ro no pue­des de­jar de vi­vir por eso. Si coar­tas tu vi­da por lo que va­yan a de­cir otros, es­tás ce­dien­do un po­co las rien­das de lo que te ape­te­ce ha­cer a los de­más.

Y por qué se­rá que nos gus­tan tan­to las se­ries de épo­ca... Por­que son bo­ni­tas de ver. Lle­van a la pan­ta­lla mo­das, es­ce­na­rios, cos­tum­bres y mo­dos de com­por­tar­se di­fe­ren­tes. Es co­mo via­jar en el tiem­po. Es­ta se desa­rro­lla du­ran­te los años 40 y 50, y la his­to­ria le ocu­rre a una fa­mi­lia de cla­se al­ta, así que es pre­cio­sa de ver, con tra­jes de Ba­len­cia­ga, la­bios ro­jos, lu­jo­sas fies­tas…

¿Dis­fru­ta es­pe­cial­men­te de esos pro­yec­tos tan gla­mou­ro­sos? Sí, me gus­ta bas­tan­te la mo­da y to­dos es­tos pro­yec­tos en los que es­tá tan pre­sen­te son muy in­tere­san­tes pa­ra mí.

¿Es­tá don­de que­ría es­tar a es­tas al­tu­ras de su vi­da? La ver­dad es que no te­nía nin­gún plan. Des­de lue­go, no ima­gi­né que con 27 años iba a es­tar ha­cien­do lo que ha­go. Me gus­ta esa par­te má­gi­ca de no plan­tear­te las co­sas y que, de re­pen­te, su­ce­dan. Es un mo­do de vi­vir in­ten­sa­men­te la sor­pre­sa y tam­bién de su­frir me­nos frus­tra­cio­nes.

¿No se atre­ve a te­ner grandes sue­ños en­ton­ces? No. Hay co­sas que a uno le gus­ta­ría ha­cer, cla­ro, pe­ro la vi­da me ha da­do tan­tas lec­cio­nes y me ha sor­pren­di­do tan­to que me ape­te­ce se­guir por ahí, de­ján­do­me lle­var.

“TO­DAS NOS MI­RA­MOS AL ES­PE­JO Y NOS VE­MOS DE­FEC­TOS. SO­MOS DE­MA­SIA­DO CRÍ­TI­CAS”. “MU­CHOS DE MIS AMI­GOS SE HAN MAR­CHA­DO POR LA CRI­SIS. CREO QUE HAN SI­DO MUY VA­LIEN­TES”. “A TO­DOS NOS IM­POR­TA EL QUÉ DI­RÁN. PE­RO NO PUE­DES DE­JAR DE VI­VIR POR LO QUE OPI­NEN OTROS”. “LA VI­DA ME HA EN­SE­ÑA­DO Y ME HA SOR­PREN­DI­DO TAN­TO QUE ME APE­TE­CE DE­JAR­ME LLE­VAR”.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.