AL­BA GALOCHA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - De Cerca -

afor­tu­na­da, por des­con­ta­do. Al re­vés que Al­ba, yo sí per­se­guí es­to con mu­cha fuer­za. Era con lo que so­ña­ba des­de pe­que­ña, un sen­ti­mien­to, más que una de­ci­sión; des­de que ten­go uso de ra­zón ju­ga­ba, me dis­fra­za­ba... que­ría se­guir ju­gan­do to­da la vi­da y po­der ser otras per­so­nas ca­da vez que qui­sie­ra. Y con­tar his­to­rias tam­bién. Así que yo lo deseé, lo per­se­guí y tu­ve la in­creí­ble suer­te de lo­grar­lo. Aun­que, bueno, la suer­te una se la bus­ca y tra­ba­ja pa­ra ella.

En su ca­so, hay al­go muy de­ci­si­vo: una su­ce­sión de elec­cio­nes –de per­so­na­jes, de pe­lí­cu­las–, que a la lar­ga se han re­ve­la­do acer­ta­das... Mar­ta. Sí, aun­que te­nía muy cla­ro que que­ría ser ac­triz, tam­bién te­nía muy cla­ro que no que­ría ser­lo a cual­quier pre­cio.

Al­ba, ¿no ter­mi­na por sen­tir al­go de pre­sión al ser un cons­tan­te mo­de­lo de con­duc­ta pa­ra una ge­ne­ra­ción de jó­ve­nes? ¿A qué acha­ca su éxi­to co­mo blog­ger? Al­ba. Creo que, cuan­do tie­nes la ca­pa­ci­dad de lle­gar a tan­ta

Ogen­te, es im­por­tan­te in­ten­tar com­par­tir lo que te gus­ta pe­ro tam­bién co­sas que qui­zá los de­más no co­no­cen. Si a mí me gus­ta un li­bro de­ter­mi­na­do o una ex­po­si­ción, pre­fie­ro com­par­tir eso que los za­pa­tos tan bo­ni­tos que me he com­pra­do. Que tam­bién lo com­par­to, de vez en cuan­do.

¿Usa el blog co­mo fuen­te de in­gre­sos, co­mo otras com­pa­ñe­ras?

Al­ba. Mu­chas ve­ces me han pro­pues­to ha­cer pu­bli­ci­dad. Pe­ro real­men­te nun­ca le he vis­to ese sen­ti­do. Una vez creo que me de­ja­ron una pie­za de YSL, pe­ro va­mos: el ob­je­ti­vo es que fue­ra con ella a la fies­ta, no col­gar­lo en las re­des. Nun­ca lo he usa­do co­mo ma­ne­ra de ga­nar dinero por­que, ¿pa­ra qué? Si real­men­te no ne­ce­si­to más dinero, ya gano lo su­fi­cien­te con lo que ha­go. Me en­can­ta, pe­ro yo no lo voy a ha­cer. Es­to es co­mo to­do en la vi­da: una he­rra­mien­ta que su­pon­go que hay gen­te que la usa fe­no­me­nal y otras que la usan fa­tal. To­do lo que sea abrir ven­ta­nas me pa­re­ce bien. Pe­ro yo, per­so­nal­men­te, me con­si­de­ro de otra ge­ne­ra­ción mu­cho más re­ser­va­da con la pro­pia in­ti­mi­dad… aun­que ¡tal vez so­lo me da mu­chí­si­ma pe­re­za! Al­ba. Pe­ro yo sí creo que hay un com­po­nen­te ge­ne­ra­cio­nal. Yo, con 12 años, te­nía un or­de­na­dor y ha­cía lo que que­ría con in­ter­net. Mi her­mano ma­yor te­nía 18 años cuan­do em­pe­zó a ha­cer lo mis­mo que yo. Y lue­go ten­go a mi pri­mo, que aho­ra tie­ne 16 años y que ya no que­da con sus ami­gos un sá­ba­do por la tar­de, sino que se en­cie­rra en su ha­bi­ta­ción y se co­nec­ta con to­dos ellos a tra­vés del or­de­na­dor. Es una for­ma de re­la­cio­nar­se con el mun­do di­fe­ren­te a la que te­nía yo a su edad. Así que creo que es ge­ne­ra­cio­nal, y que va a se­guir trans­for­man­do las cos­tum­bres so­cia­les. Igual que creo que mi re­la­ción con las re­des, y la de to­do el mun­do, irá cam­bian­do con los años. Tam­po­co es al­go con­tra lo que se pue­da o ha­ya que lu­char, ¿no? AL­BA GALOCHA

“PRE­FIE­RO COM­PAR­TIR CON MIS SE­GUI­DO­RES UN BUEN LI­BRO, AN­TES QUE UNOS ZA­PA­TOS”.

Al­ba lu­ce ves­ti­do de M Mis­so­ni.

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