PRO­BLE­MA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Belleza -

Ala gra­ve­dad que ri­ge nues­tro pla­ne­ta le tie­nes que dar las gra­cias por mu­chas co­sas. Pe­ro, des­de lue­go, la fla­ci­dez de tu ros­tro no es una de ellas. Esa fuer­za gra­vi­ta­to­ria que con­si­gue que la Tie­rra sea ha­bi­ta­ble es tam­bién la prin­ci­pal ra­zón por la que los vo­lú­me­nes de tu ca­ra aca­ban ca­yen­do ha­cia aba­jo co­mo la man­za­na de New­ton. Cru­zar el um­bral de los 40 tam­bién tie­ne mu­cho que ver, por­que ese sue­le ser el mo­men­to en el que la pro­duc­ción de los fi­bro­blas­tos de tu piel em­pie­za a de­caer, con la con­si­guien­te fal­ta de co­lá­geno y elas­ti­na, pi­la­res de la es­truc­tu­ra de tus fac­cio­nes. Pe­ro es la gra­ve­dad la que ejer­ce una fuer­za cons­tan­te des­de que na­ces. Una pre­sión ha­cia el sue­lo que tu piel so­por­ta du­ran­te años. Has­ta que la re­sis­ten­cia que ejer­ce es­ta fuer­za gra­vi­ta­to­ria em­pie­za a ha­cer me­lla en su es­truc­tu­ra. ¿El re­sul­ta­do? La piel pier­de elas­ti­ci­dad y se que­da sin ca­pa­ci­dad de su­je­ción. Aun­que siem­pre se ha pues­to el én­fa­sis en las arru­gas, lo que real­men­te mar­ca la di­fe­ren­cia es la des­con­fi­gu­ra­ción de tus ges­tos. Esa sen­sa­ción de que si­gues sien­do tú, pe­ro con to­das tus for­mas des­col­ga­das. Y eso se pro­du­ce por la fla­ci­dez de la piel. De he­cho, la re­la­ja­ción de las me­ji­llas y el pe­so de su caí­da es lo que aca­ba mar­can­do el sur­co na­so­ge­niano, esas lí­neas que sa­len a am­bos la­dos de la bo­ca. Has­ta ha­ce muy po­co, se creía que la úni­ca ra­zón de es­te fe­nó­meno era la fal­ta de pro­duc­ción ac­ti­va de co­lá­geno, elas­ti­na y áci­do hia­lu­ró­ni­co. Es­tos tres ele­men­tos son los que en­tre­te­jen la es­truc­tu­ra de nues­tra piel. Su ali­nea­ción exac­ta es la que ha­ce que se man­ten­ga fir­me y elás­ti­ca. Así que era ló­gi­co pen­sar que a par­tir de los 40, cuan­do los fi­bro­blas­tos que los pro­du­cen de­jan de fun­cio­nar a pleno ren­di­mien­to, las cé­lu­las que crean ya no son de la mis­ma ca­li­dad que cuan­do eras una vein­tea­ñe­ra. De he­cho, a par­tir de es­ta fe­cha, es­ta pér­di­da de fir­me­za se com­pro­me­te a un rit­mo de un 10% me­nos ca­da dé­ca­da. Pe­ro esa no es la úni­ca cau­sa. Shi­sei­do aca­ba de des­cu­brir, des­pués de 10 años de in­ves­ti­ga­ción, que el ver­da­de­ro pro­ble­ma es que, jus­to en el mo­men­to en el que el fun­cio­na­mien­to de tu piel co­mien­za a fa­llar, se em­pie­zan a for­mar unas ca­vi­da­des re­lle­nas de gra­sa. “Los fir­mes pi­la­res de co­lá­geno y elas­ti­na se ven sus­ti­tui­dos por es­tas bol­sas con una den­si­dad mu­cho me­nor, así que la piel pier­de su ca­pa­ci­dad de su­je­tar y los vo­lú­me­nes se vie­nen aba­jo”, ex­pli­ca Mou­na Ghoul, di­rec­to­ra de co­mu­ni­ca­ción cien­tí­fi­ca de Shi­sei­do.

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