PA­TRI­CIA Urquiola

Es una de las di­se­ña­do­ras más in­flu­yen­tes del mun­do, una crea­do­ra de es­pa­cios y ob­je­tos que lle­nan nues­tra vi­da de be­lle­za y efi­ca­cia.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Viii Edición Premios - Por E. Castelló

Co­mo sue­le ocu­rrir con las gran­des men­tes crea­ti­vas, Pa­tri­cia Urquiola (Ovie­do, 1961) es uno de los re­fe­ren­tes del di­se­ño con­tem­po­rá­neo, pe­ro no so­lo por sus crea­cio­nes poé­ti­cas e in­no­va­do­ras, ni por la lar­ga nó­mi­na de sus co­la­bo­ra­cio­nes con los maes­tros y las gran­des fir­mas (aca­ba de es­tre­nar­se co­mo di­rec­to­ra crea­ti­va de Cas­si­na), sino tam­bién por su fi­lo­so­fía pro­fe­sio­nal y sus plan­tea­mien­tos vi­ta­les, en los que tie­ne un peso de­ci­si­vo la de­fen­sa de la dignidad de las mu­je­res. Su pro­pia tra­yec­to­ria se ha sa­li­do de lo co­rrien­te, em­pe­zan­do por la edad a la que abrió su es­tu­dio (40 años). Hoy di­ri­ge un equi­po de 50 per­so­nas con su ma­ri­do, Al­ber­to Zon­to­ne, en Mi­lán, don­de se tras­la­dó ha­ce 30 años pa­ra ter­mi­nar la ca­rre­ra que co­men­zó en Ma­drid. Es ma­dre de dos hi­jas, de 20 y 10 años. Mu­jer­hoy. ¿Por qué abrió tan tar­de su es­tu­dio? Pa­tri­cia Urquiola. Las mu­je­res lo pen­sa­mos to­do más, por­que te­ne­mos que ma­ne­jar mu­chos te­mas y nos re­sul­ta más com­ple­jo, lo que no qui­ta que ha­ya que rom­per pre­jui­cios. Me lle­vó mi tiem­po, pe­ro ad­qui­rí pro­fe­sio­na­li­dad.

Mu­chas mu­je­res la ven co­mo un ejem­plo.

Bueno, uno se ve di­fe­ren­te des­de den­tro [Ri­sas]. Pe­ro, si pue­do ani­mar a las es­tu­dian­tes, per­fec­to. Aca­bo de es­tar en Ca­na­dá, Aus­tra­lia y Ja­pón, y no me es­pe­ra­ba tan­tas chi­cas que qui­sie­ran rom­per ba­rre­ras. Eso me emo­cio­na.

¿Có­mo se rom­pen las ba­rre­ras?

Mi ac­ti­tud es pen­sar que la vi­da es cor­ta, que hay mu­chas co­sas que ha­cer y que el tra­ba­jo no se ha­ce pa­ra ti, sino pa­ra la so­cie­dad, y nun­ca es su­fi­cien­te. Una cla­ve es no pen­sar­se con un gé­ne­ro de­fi­ni­do, sino co­mo al­guien que quie­re ha­cer co­sas. Así es más fá­cil, por­que tie­nes me­nos mie­do y el ca­mino te lle­va.

Ha­ce una dis­tin­ción in­tere­san­te en­tre la po­ten­cia y la fuer­za.

Sí. Las mu­je­res ya sa­be­mos que con la fuer­za no po­de­mos su­pe­rar cier­tas ba­rre­ras, y que eso so­lo crea ne­ga­ti­vi­dad. Por eso, lo im­por­tan­te es la po­ten­cia, la ener­gía. Si usas una relación de ener­gía, en la que po­nes pa­sión, hay em­pa­tía y es más ge­ne­ra­ti­va y ge­ne­ro­sa.

¿Exis­te un di­se­ño fe­me­nino?

No. Que los ob­je­tos naz­can de un tem­pe­ra­men­to fe­me­nino o mas­cu­lino no im­por­ta, lo im­por­tan­te es el ca­rác­ter.

¿Hay ins­pi­ra­ción cuan­do se di­se­ña o se crea un es­pa­cio?

Las mu­sas es­tán den­tro de ti: tu me­mo­ria, tu in­te­li­gen­cia, lo que te emo­cio­na, lo que te ha­ce da­ño, tu em­pa­tía.

¿Qué que­da de la chi­ca ove­ten­se que se fue a Mi­lán?

To­do. Hay gen­te que tie­ne que emi­grar con pro­ble­mas y de­jar mu­cho atrás. Y otros lo ha­ce­mos por cir­cuns­tan­cias que no sa­be­mos ex­pli­car, por­que eres jo­ven y quie­res sa­lir de tu zo­na de con­fort. Y eso se aña­de a lo que eres, a tus raí­ces. Por eso, hay que ani­mar a los jó­ve­nes a que sal­gan. Te en­ri­que­ce.

¿Pen­só al­gu­na vez en lle­gar a es­te ni­vel de pres­ti­gio?

No te­nía ni idea de có­mo iba a ser mi vi­da. Nun­ca me he mo­vi­do por ob­je­ti­vos, sino por gra­dos, su­perán­do­me, po­nién­do­me a prue­ba. Se lo di­go a mis hi­jas y a la gen­te con quien tra­ba­jo: siem­pre pa­so por pa­so.

In­ten­to su­pe­rar­me, po­ner­me a prue­ba

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