“MI LEN­GUA MA­TER­NA ES EL NO­RUE­GO. CRE­CÍ EN UNA CO­MU­NI­DAD DE EMI­GRAN­TES”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - De Cerca -

una gran co­mu­ni­dad de emi­gran­tes es­can­di­na­vos. “Soy nor­te­ame­ri­ca­na, pe­ro mi len­gua ma­ter­na es el no­rue­go y he cre­ci­do con una cons­tan­te sen­sa­ción de otre­dad. De ni­ña, mu­chas ve­ces fan­ta­sea­ba con te­ner un her­mano y me pre­gun­ta­ba có­mo ha­bría si­do yo de ha­ber na­ci­do chi­co. Mis pa­dres eran muy exi­gen­tes y te­rri­ble­men­te re­li­gio­sos”.

¿Hoy cree en Dios?

[Sus­pi­ra] Na­cí en una co­mu­ni­dad lu­te­ra­na muy es­tric­ta, pe­ro ha­cia los 14 años hi­ce una es­pe­cie de tran­si­ción... ha­cia otra co­sa. Cre­cí fas­ci­na­da por la Bi­blia y por al­gu­nos tex­tos mís­ti­cos de la tra­di­ción cristina, co­mo la bio­gra­fía de San­ta Teresa, que nun­ca he de­ja­do de leer... En lo que sí creo es en que hay as­pec­tos de la ex­pe­rien­cia hu­ma­na que son co­lec­ti­vos, no in­di­vi­dua­les. Tam­bién creo que par­te de la ex­pe­rien­cia de esos es­ta­dos co­lec­ti­vos son mis­te­rios. Lo que yo lla­mo, “lo de en me­dio”, ese es­pa­cio que se crea en­tre no­so­tros cuan­do es­ta­mos jun­tos y que no tie­ne que ver con lo que su­ce­de den­tro de ca­da su­je­to, sino “en­tre los su­je­tos”...

En su úl­ti­mo li­bro, ad­mi­te que em­pe­zó a leer a Freud a los 16 años, pe­ro que no se tum­bó en el di­ván has­ta los 53. ¿Por qué tar­dó tan­to? ¡Lo mis­mo me pre­gun­tó mi psi­coa­na­lis­ta! Pe­ro su­pon­go que si no lo hi­ce fue por­que mis sín­to­mas neu­ró­ti­cos no me pa­re-

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