Ella fue la pri­me­ra

CRIS­TI­NA MORATÓ

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Entre Nosotras - www.mu­jer­hoy.com O www.cris­ti­na­mo­ra­to.com

HAY QUE CE­LE­BRAR

que en los úl­ti­mos tiem­pos los nom­bres de pio­ne­ras del mun­do de las ar­tes sal­gan a la luz. Pe­lí­cu­las, obras de tea­tro, do­cu­men­ta­les, nos de­vuel­ven las fas­ci­nan­tes vi­das de mu­je­res que na­da­ron a con­tra­co­rrien­te y triun­fa­ron en un mun­do de hom­bres. Aho­ra, un li­bro de la pro­fe­so­ra Ale­jan­dra Val Cu­be­ro, res­ca­ta del ol­vi­do la tra­yec­to­ria de Ali­ce Guy, la pri­me­ra di­rec­to­ra de ci­ne y au­to­ra de más de 1.000 pe­lí­cu­las, cu­yo nom­bre fue bo­rra­do de la his­to­ria por ser mu­jer. En abril de 1896, es­ta pa­ri­si­na ro­dó la pri­me­ra pe­lí­cu­la de fic­ción. Ca­si me­dio si­glo des­pués de su muer­te, es ho­ra de re­cor­dar a es­ta rea­li­za­do­ra pio­ne­ra que, du­ran­te dé­ca­das, tra­ba­jó en Fran­cia y en Es­ta­dos Uni­dos. La de Ali­ce es una his­to­ria de su­pera­ción, in­ge­nio y fuer­za de vo­lun­tad. Na­ció en un su­bur­bio de Pa­rís en 1873 y su in­fan­cia trans­cu­rrió en va­rios in­ter­na­dos en­tre Fran­cia, Sui­za y Chi­le. Era la quin­ta hi­ja de un editor y due­ño de una ca­de­na de li­bre­rías. A la muer­te de su pro­ge­ni­tor, su ma­dre co­men­zó a tra­ba­jar y ella es­tu­dió me­ca­no­gra­fía y ta­qui­gra­fía. Al po­co tiem­po, León Gau­mont, fo­tó­gra­fo y pio­ne­ro de la in­dus­tria del ci­ne, la con­tra­tó co­mo se­cre­ta­ria. Cuan­do, en 1895, Ali­ce asis­tió a la pri­me­ra pro­yec­ción con pú­bli­co de los her­ma­nos Lu­miè­re, se que­dó ma­ra­vi­lla­da. Ha­bía na­ci­do el ci­ne y con­ven­ció a su je­fe de que po­día ser un ne­go­cio muy ren­ta­ble. Ani­ma­do por ella, Gau­mont creó una pro­duc­to­ra de pe­lí­cu­las y la pu­so a ella al fren­te, pe­ro con la con­di­ción de que si­guie­ra rea­li­zan­do sus fun­cio­nes co­mo se­cre­ta­ria. Fue en­ton­ces cuan­do Ali­ce de­ci­dió es­cri­bir una fá­bu­la cor­ta pa­ra que sus ami­gas se di­vir­tie­ran. Te­nía 23 años y el re­sul­ta­do fue la pri­me­ra pe­lí­cu­la don­de se con­ta­ba una his­to­ria: El ha­da de los re­po­llos, un cuen­to que ape­nas du­ró un mi­nu­to, don­de usó efec­tos es­pe­cia­les y cá­ma­ra len­ta. Ali­ce Guy se ha­bía con­ver­ti­do en la pri­me­ra mu­jer ci­neas­ta del mun­do y, tras su éxi­to, se em­bar­có en pro­yec­tos más am­bi­cio­sos.

EN LOS SI­GUIEN­TES AÑOS,

la fran­ce­sa di­ri­gió más de un cen­te­nar de pe­lí­cu­las y en 1906 ro­dó la pri­me­ra su­per­pro­duc­ción de la his­to­ria: usó 25 de­co­ra­dos y más de 300 ex­tras, ade­más de in­cluir ex­te­rio­res en el bos­que de Fon­tai­na­bleau, a las afue­ras de Pa­rís. Tras su ma­tri­mo­nio con el ope­ra­dor de cá­ma­ra Herbert Blan­ché, se tras­la­dó a EE.UU. don­de no de­jó de tra­ba­jar y di­ri­gió sin pa­rar, co­me­dias, dra­mas y pe­lí­cu­las del Oes­te. El di­vor­cio la hi­zo re­gre­sar a Fran­cia con su hi­ja en 1922 y fue en­ton­ces cuan­do su es­tre­lla se apa­gó. Ali­ce Guy fa­lle­ció a los 94 años en una re­si­den­cia de an­cia­nos en Nue­va Jer­sey. En su ve­jez, lo que más la hi­zo su­frir fue que su nom­bre no fi­gu­ra­ra en la his­to­ria del ci­ne. Nin­gún pe­rió­di­co re­co­gió la no­ti­cia de su muer­te ni re­co­no­ció sus mé­ri­tos. El li­bro de Val Cu­be­ro, pro­fe­so­ra de Co­mu­ni­ca­ción de la Uni­ver­si­dad Car­los lll de Ma­drid, ha­ce jus­ti­cia a una de las fi­gu­ras más im­por­tan­tes de la his­to­ria del sép­ti­mo ar­te y res­ca­ta la tra­yec­to­ria de una ar­tis­ta ex­cep­cio­nal y ade­lan­ta­da a su tiem­po.

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