Sa­ra SÁ­LA­MO

“Ser sexy no de­pen­de de la ro­pa, es una ac­ti­tud que na­ce de den­tro y se pro­yec­ta”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Moda - Por B. Navazo

Su be­lle­za nos ha des­lum­bra­do en el ci­ne, el tea­tro y la te­le­vi­sión. Ha­bla­mos con la ac­triz ca­na­ria so­bre el fu­tu­ro, la fe­li­ci­dad y el po­der de la se­duc­ción.

El in­ten­so ca­lor di­fu­mi­na los con­tor­nos de la sie­rra nor­te de Ma­drid que se vis­lum­bra al fon­do, pe­ro Sa­ra Sá­la­mo po­ne a los ri­go­res del tiem­po su me­jor ca­ra. Y un cuer­po al­go ma­gu­lla­do. “Pa­re­ce que ven­go de la gue­rra”, di­ce se­ña­lan­do unas pier­nas lle­nas de mo­ra­to­nes, ras­gu­ños y gol­pes. Su cuer­po es un ma­pa de lo du­ro que es­tá sien­do su úl­ti­mo ro­da­je, un th­ri­ller de ac­ción que rue­da en Na­va­rra. La ac­triz ca­na­ria, que de­bu­tó ha­ce cin­co años, cuan­do te­nía 20, en la se­rie Arra­yán y a la que he­mos vis­to en Ol­mos y Ro­bles, B&B y El Ca­so, crónica de su­ce­sos, es­tá en ra­cha: ha con­clui­do el ro­da­je de Las grie­ta de Ja­ra en Ar­gen­ti­na y aca­ba de es­tre­nar en ci­nes Co­mo la es­pu­ma.

Mu­jer­hoy. Con es­te ca­lor, ape­te­ce ha­blar de Co­mo la es­pu­ma, que gi­ra en torno a una pis­ci­na.

Sa­ra Sá­la­mo. Sí, es una fies­ta-or­gía de ve­rano, pe­ro en reali­dad ha­bla de lo tor­pes que so­mos a la ho­ra de ges­tio­nar sen­ti­mien­tos, de có­mo in­ten­ta­mos en­ca­jar y re­la­cio­nar­nos de la me­jor ma­ne­ra que po­de­mos o sa­be­mos.

¿Es po­si­ble tra­tar el se­xo sin mor­der­se la len­gua?

No del to­do, si­guen que­dan­do ta­bús y asun­tos que im­pre­sio­nan y asus­tan a la gen­te. Es­ta es una pe­lí­cu­la muy light, muy de sen­ti­mien­tos, pe­ro la gen­te se si­gue sor­pren­dien­do de un cuer­po des­nu­do… Nos ha­ce­mos los mo­der­nos, pe­ro no lo so­mos tan­to. El dis­cur­so nos lo tenemos muy apren­di­do, pe­ro en la prác­ti­ca que­da mu­cho tra­ba­jo por ha­cer.

A us­ted le to­ca ha­cer de pu­ri­ta­na… ¿Es us­ted pu­do­ro­sa?

Mi per­so­na­je es lo más ale­ja­do a mí que he in­ter­pre­ta­do en la vi­da. Es muy tí­mi­da e inocen­te... Es la úni­ca que no se des­nu­da. Yo no pue­do de­cir que es­té li­bre de com­ple­jos, to­dos tenemos al­gu­na in­se­gu­ri­dad, pe­ro no… la ver­dad es que yo no ten­go ver­güen­za [Ri­sas]. No soy tí­mi­da, des­de pe­que­ña he si­do muy di­cha­ra­che­ra, ex­tro­ver­ti­da... He apren­di­do a que­rer­me, a res­pe­tar­me y es­toy fe­liz.

¿Ser sexy es­tá en­tre sus pro­pó­si­tos cuan­do eli­ge qué po­ner­se ca­da ma­ña­na?

Pa­ra es­tar sexy ten­go que es­tar có­mo­da; cuan­to más có­mo­da es­toy, más sexy me sien­to y más lo proyecto. No es cues­tión de ir con ro­pa ajus­ta­da, el sexy es más una ac­ti­tud que na­ce den­tro y se pro­yec­ta.

¿Al­gu­na ma­nía al ves­tir?

Soy ve­ge­ta­ria­na y no uti­li­zo piel. Así que me cues­ta ho­rro­res en­con­trar bol­sos y, so­bre to­do, za­pa­tos. Por­que has­ta un cal­za­do ba­ra­to de cual­quier mar­ca low cost lle­va piel en su com­po­si­ción.

¿Ese pe­lo de co­lo­res?

Me lo han pues­to pa­ra el ro­da­je que es­toy ha­cien­do, que tra­ta so­bre el mun­do de los in­fluen­cers de Ins­ta­gram y lo que hay de­trás cuan­do se apa­gan las cá­ma­ras. Pa­re­ci­do al mun­do de las ac­tri­ces, que va­mos a una al­fom­bra ro­ja con un ves­ti­do pres­ta­do que cues­ta mi­les de eu­ros y to­do es lu­jo al­re­de­dor. Pe­ro se apa­gan los fo­cos, lle­ga­mos a ca­sa, nos po­ne­mos el pi­ja­ma y esa es la reali­dad.

Soy ve­ge­ta­ria­na y no uti­li­zo piel, así que me cues­ta ho­rro­res en­con­trar bol­sos y za­pa­tos”.

¿Le gus­ta cam­biar de ima­gen?

Me gus­ta cuan­do el ci­ne me da la opor­tu­ni­dad de cam­biar co­mo Sa­ra nun­ca lo ha­ría. No soy trans­gre­so­ra, soy muy clá­si­ca con mi ima­gen. Soy una chi­ca nor­mal en cuan­to al fí­si­co, no soy ni muy al­ta ni muy del­ga­da, na­da es­pec­ta­cu­lar. In­ten­to cui­dar la ali­men­ta­ción, ha­cer de­por­te, no to­mar el sol, hi­dra­tar­me…

Se ha du­da­do de que su be­lle­za sea na­tu­ral. ¿Es cier­to?

To­tal­men­te, me lo di­cen mu­chí­si­mo. De he­cho, en una su­per­pro­duc­ción ame­ri­ca­na me re­cha­za­ron por­que era una se­rie de épo­ca y me di­je­ron que se no­ta­ba mu­cho que te­nía los labios ope­ra­dos. Fue co­mo: “¡Pe­ro si ten­go 19 años!”. Tam­bién me lo han co­men­ta­do en otras oca­sio­nes so­bre los pó­mu­los y el pe­cho. Siem­pre ten­go que ex­pli­car que los he he­re­da­do de mi ma­dre. Mis ras­gos son muy ca­na­rios: pó­mu­los muy mar­ca­dos, la­bio car­no­so, me­le­na muy abun­dan­te, cuer­po con cur­vas...

La fe­li­ci­dad es…

Pues no lo sé. En ca­sa me echan la bron­ca por­que me di­cen que es al­go que es­tá den­tro de uno y que no hay que bus­car­la más allá. Pe­ro a mí lo que me ha­ce fe­liz es tra­ba­jar. En la pe­lí­cu­la que aca­bo de ha­cer en Ar­gen­ti­na, iba al ro­da­je in­clu­so los días que no me to­ca­ba. No hay na­da me­jor que le­van­tar­te ca­da día con la eu­fo­ria de de­cir: “¡Me voy a tra­ba­jar!”.

Ha es­ta­do has­ta ha­ce na­da con Fe­li­ci­dad a do­mi­ci­lio. ¿Le hi­zo fe­liz el tea­tro?

Mu­cho. Es lo que más ner­vio­sa me po­ne, pe­ro tie­ne una adre­na­li­na inex­pli­ca­ble y el feed­back ins­tan­tá­neo con el pú­bli­co es ma­ra­vi­llo­so: de re­pen­te se ríen con una de tus frases y te sien­tes co­mo un pa­vo real, es má­gi­co.

Ha com­par­ti­do car­tel con Jes­si­ca Lan­ge, Shir­ley Mcla­ne o De­mi Moo­re...

Con la que más com­par­tí fue con De­mi Moo­re. En­ton­ces yo no ha­bla­ba bien in­glés. Me ha­bía apren­di­do el tex­to de me­mo­ria y re­cuer­do que me ha­bían qui­ta­do un mon­tón de frases, pe­ro na­die me lo ha­bía di­cho… Así que aca­bó sien­do muy có­mi­co, por­que yo se­guía di­cien­do mi tex­to pe­ro la cá­ma­ra no me en­fo­ca­ba y ella no me con­tes­ta­ba y yo no en­ten­día qué pa­sa­ba has­ta que al­guien me lo di­jo.

¿Qué le preo­cu­pa a una chi­ca de 25 años?

Me preo­cu­pa mu­cho la edu­ca­ción, por ejem­plo, res­pec­to al ma­chis­mo. Es una gue­rra que ten­go que no me de­ja vi­vir. In­clu­so aho­ra que hay un mo­vi­mien­to fe­mi­nis­ta cre­cien­te, oyes a gen­te de­cir que es­tá har­ta de oír ha­blar de es­tos te­mas, o es­cu­chas tér­mi­nos co­mo fe­mi­na­zis… El ma­chis­mo ma­ta. Me preo­cu­pan los es­tu­dios que di­cen que la nueva ge­ne­ra­ción es in­clu­so más ma­chis­ta que la de nues­tros pa­dres. To­dos de­be­mos ser fe­mi­nis­tas. No se pue­de ser ra­cis­ta, no se pue­de ser ho­mó­fo­bo y no se pue­de no ser fe­mi­nis­ta.

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