Chequeo

La es­cul­tu­ra del ba­rrio de A Flo­ri­da pier­de sus azu­le­jos por la ac­ción de ván­da­los y ni­ños

La Voz de Galicia (Vigo) - Vigo local - - PORTADA - MA­NU OTE­RO

La es­cul­tu­ra del par­que de A Mi­ño­ca pier­de los azu­le­jos por la ac­ción de los ván­da­los.

No es una ser­pien­te, es una Mi­ño­ca. Pe­ro está mu­dan­do la piel co­mo un rep­til. Des­de ha­ce ca­si vein­te años, en uno de los par­ques más fre­cuen­ta­dos de la ciu­dad, en el co­ra­zón del ba­rrio de A Flo­ri­da, emer­ge una co­lo­sal lom­briz de piel acris­ta­la­da y tono co­bri­zo. No es un pri­mo le­jano del mons­truo del la­go Ness, con quien mu­chos la iden­ti­fi­ca­ron en sus pri­me­ros años de vi­da, es la Mi­ño­ca, un icono de Vi­go. Pe­ro esa pa­sión que le­van­ta es la mis­ma que con­tri­bu­ye a aca­bar con su es­plen­dor. Los ni­ños es­ca­lan por su lo­mo, otros me­nos inocen­tes arran­can los azu­le­jos o pin­ta­rra­jean su piel y las in­cle­men­cias cli­má­ti­cas ha­cen el res­to. En su­ma, la Mi­ño­ca se está que­dan­do cal­va por un la­do y su­cia por otro.

No es el úni­co mal que afec­ta a un par­que que, cuan­do lu­ce el sol, se lle­na de fa­mi­lias. El bor­di­llo gra­ní­ti­co de la fuen­te de la co­la de la Mi­ño­ca está ro­to por las pe­dra­das de al­gu­nos in­cí­vi­cos. Igual que los blo­ques de cris­tal de las to­rres lu­mí­ni­cas que se le­van­tan en las cua­tro es­qui­nas del jar­dín, que tam­bién es­tán pla­ga­das de pin­ta­das. En el lo­cal de la aso­cia­ción de ve­ci­nos han vis­to có­mo una de las ven­ta­nas de su cris­ta­le­ra se con­ver­tía en blan­co de las pe­dra­das has­ta tres ve­ces en el úl­ti­mo año. La más re­cien­te, ha­ce dos me­ses. «Es­ta aín­da non a re­pa­ra­mos por se a vol­ven rom­per», la­men­ta la pre­si­den­ta de la agru­pa­ción ve­ci­nal, Ele­na Lo­sa­da.

Los ve­ci­nos no se que­jan por la fal­ta de vi­gi­lan­cia —«ve­ñen sem­pre que os cha­ma­mos», agra­de­ce Ele­na a la Po­li­cía Lo­cal—, aun­que ad­mi­ten que po­dría ser me­jor. Con lo que es­tán real­men­te mo­les­tos es con la con­duc­ta irres­pe­tuo­sa de al­gu­nos re­si­den­tes. «Quéi­xo­me do in­cí­vi­cos que so­mos al­gúns», cri­ti­ca Lo­sa­da.

En es­te sen­ti­do, la pre­si­den­ta aler­ta de la pre­sen­cia de jó­ve­nes ha­cien­do bo­te­llón en el en­torno de la pis­ci­na, en las cer­ca­nías de la se­de ve­ci­nal y al­re­de­dor del pro­pio par­que de la Mi­ño­ca. Está con­ven­ci­da la por­ta­voz ve­ci­nal que son ellos los cau­san­tes de bue­na par­te de los des­tro­zos del mo­bi­lia­rio ur­bano.

«Ha­ce fal­ta más edu­ca­ción y ma­yor vi­gi­lan­cia», pi­de un ve­cino del par­que que pa­sea­ba ayer con su pe­rro por el jar­dín. «Siem­pre hu­bo chi­cos que ha­cen tras­ta­das, es ha­bi­tual, pe­ro es­ta­ría bien co­rre­gir­lo», re­co­no­ce es­te vi­gués, que es tes­ti­go ha­bi­tual al ver có­mo ni­ños de to­das las eda­des es­ca­lan has­ta lo al­to de la mi­ño­ca. «De vez en cuan­do vie­nen a re­po­ner­los, pe­ro si vi­nie­sen más a me­nu­do, la gen­te se cor­ta­ría más an­tes de rom­per las co­sas», pi­de el mis­mo ve­cino.

Aun­que en los me­ses de in­vierno es me­nos ha­bi­tual, aler­ta Lo­sa­da de un pro­ble­ma que com­pli­ca la con­vi­ven­cia en el par­que. Los pa­dres cam­bian el pa­ñal de sus be­bés y ti­ran los res­tos a las pa­pe­le­ras. Lue­go, las ga­vio­tas pi­co­tean las bol­sas y es­par­cen los re­si­duos por to­da la pla­za. «Hai que ser máis coida­do­sos», pi­de la pre­si­den­ta de la aso­cia­ción de ve­ci­nos.

Ha­ce unos días, otro ve­cino com­par­tió en las re­des un nau­sea­bun­do ha­llaz­go. Dos ca­be­zas de pes­ca­do en mal es­ta­do fue­ron des­cu­bier­tas en el jar­dín. Creen al­gu­nos que al­guien las de­jó allí pa­ra ali­men­tar a una colonia de ga­tos cer­ca­na, lo que sus­ci­tó el ma­les­tar de otros usua­rios que, sin opo­ner­se a ali­men­tar a los fe­li­nos, pi­den que lo ha­gan con pien­so.

Es­te des­cui­da­do as­pec­to no es ex­clu­si­vo del par­que de la Mi­ño­ca, en una pla­za ajar­di­na­da ale­da­ña, la del gim­na­sio Máis que Au­ga, los ván­da­los tam­bién se han que­da­do a gus­to. Los ban­cos y las ta­blas de ma­de­ra del pa­vi­men­to es­tán des­tro­za­dos. Bue­na par­te de las ta­blas que fue­ron arran­ca­das de los asien­tos y del sue­lo es­tán des­per­di­ga­das por el jar­dín. Ade­más, los pro­pios ban­cos y pa­re­des es­tán lle­nos de pin­ta­das de es­ca­so va­lor es­té­ti­co. Y la ba­ran­di­lla de la azo­tea del gim­na­sio, en la que hay un par­que in­fan­til, ya no es acris­ta­la­da por­que en su lu­gar hay va­llas de obra.

FOTOS ÓS­CAR VÁZ­QUEZ

La es­cul­tu­ra de la Mi­ño­ca del ba­rrio de A Flo­ri­da está per­dien­do los cris­ta­les de su lo­mo por ac­ción de ni­ños y ván­da­los.

La cris­ta­le­ra del lo­cal de la aso­cia­ción de ve­ci­nos fue ata­ca­da tres ve­ces

El mo­bi­lia­rio ur­bano de la azo­tea del gim­na­sio está tam­bién da­ña­do

La es­cul­tu­ra tie­ne va­rios gra­fi­tis y la fuen­te está lle­na de su­cie­dad.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.