El Con­ce­llo erra­di­ca los cho­pos de As Tra­ve­sas por el ries­go de des­plo­me

Al­gu­nos ejem­pla­res tie­nen el tron­co hue­co en su in­te­rior de­bi­do a hon­gos e in­sec­tos

La Voz de Galicia (Vigo) - Vigo local - - VIGO - LUIS CAR­LOS LLERA

El Con­ce­llo si­gue erra­di­can­do los cho­pos de la ave­ni­da Cas­te­lao. Es­tos ár­bo­les, que tie­nen ca­si 50 años de an­ti­güe­dad, es­tán en­fer­man­do y el ries­go de des­plo­me ha mo­ti­va­do a que la con­ce­ja­lía que se en­car­ga de los par­ques y jar­di­nes de­ci­da ta­lar­los. Unos diez ejem­pla­res han si­do cor­ta­dos en la zo­na de As Tra­ve­sas. Al­gu­nos de es­tos ár­bo­les pre­sen­tan el tron­co hue­co en el in­te­rior de­bi­do a las múl­ti­ples plagas que su­fren, mo­ti­va­das por hon­gos e in­sec­tos per­fo­ra­do­res de la madera.

El go­bierno lo­cal ale­gó que los ála­mos es­ta­ban en­fer­mos y su ta­la se hi­zo «por se­gu­ri­dad, por­que hay ries­go de caí­da», se­gún la empresa con­ce­sio­na­ria. Los ope­ra­rios han cor­ta­do los tron­cos de gran ta­ma­ño pa­ra lle­vár­se­los en ca­mio­nes. Se­gún los ex­per­tos, el cho­po es uno de los ár­bo­les que ab­sor­be más dió­xi­do de car­bono con lo que su pa­pel co­mo con­tra la con­ta­mi­na­ción es muy im­por­tan­te. La enor­me can­ti­dad de ho­jas que tie­nen les con­vier­ten en gran­des pro­duc­to­res de oxí­geno y, ade­más, cons­ti­tu­yen una ba­rre­ra con­tra el rui­do y la po­lu­ción en la ave­ni­da ca­da vez más tran­si­ta­da ave­ni­da.

Pe­ro es­tos ar­gu­men­tos con­ser­va­cio­nis­tas cho­can con la reali­dad de la en­fer­me­dad, tal co­mo se­ña­lan fuentes de la empresa con­ce­sio­na­ria. Por eso el de­par­ta­men­to de Par­ques y Jar­di­nes del Con­ce­llo de Vi­go si­gue su cam­pa­ña de po­das agre­si­vas y ta­las en pleno ju­nio. Y es­tas ac­tua­cio­nes son aco­gi­das por los ve­ci­nos con una gran di­ver­si­dad de opi­nio­nes: «Yo no veo bien que se es­tén cor­tan­do los cho­pos así por­que al­gu­nos es­tán en buen es­ta­do. Es una abe­rra­ción que es­tén po­dan­do aho­ra y de ma­ne­ra tan drás­ti­ca», ar­gu­ye Jo­sé Ló­pez ve­cino del ba­rrio y pa­sean­te ha­bi­tual de los jar­di­nes. Ló­pez se­ña­la que es­te es el mo­men­to en que ha­ce más fal­ta la fres­ca som­bra de los ála­mos y re­la­ta que «al­gu­nos ban­cos que es­ta­ba ba­jo la som­bra de los ár­bo­les se han que­da­do sin ella».

Ma­ría Ro­sa Ma­nei­ro pien­sa en cam­bio que la ma­yo­ría de los ár­bo­les es­ta­ban muy mal. «Es­tán hue­cos», po­ne de re­lie­ve. Es­ta vecina que pa­sea por el bu­le­var re­cuer­da que ha­ce un par de año ca­yó uno de es­tos ár­bo­les cau­san­do da­ños im­por­tan­tes. Ca­ri Rodríguez in­di­ca que en los ár­bo­les «es­ta­ban en­fer­mos y po­dían caer en­ci­ma de la gen­te». Otros ve­ci­nos de la zo­na se­ña­lan que ha­bía al­gu­nos in­cli­na­dos, con lo que la sen­sa­ción de pe­li­gro au­men­ta­ba. Al­gu­nos re­si­den­tes tam­bién se que­ja­ban de la pe­lu­sa que ori­gi­nan los cho­pos cuan­do es­tán flo­re­cien­do. En con­tra de la creen­cia ge­ne­ra­li­za­da, no oca­sio­na aler­gias pe­ro re­sul­ta muy mo­les­ta.

ÓS­CAR VÁZ­QUEZ

Los tron­cos cor­ta­do se api­lan so­bre el cés­ped al co­mien­zo de la ve­ni­da de Cas­te­lao don­de se ha aco­ta­do gran par­te del jar­dín.

0. VÁZ­QUEZ

Uno de los ár­bo­les.

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