Desa­yuno de do­min­go con…

Guillermo Fes­ser Ma­dri­le­ño del 60. Soy la mi­tad del dúo Go­maes­pu­ma, pe­rio­dis­ta y he he­cho tam­bién mu­cha ra­dio. Aho­ra es­cri­bo 'best se­llers'. Mi nue­va no­ve­la, 'Mi ami­go in­vi­si­ble' (Es­pa­sa), re­ga­la son­ri­sas.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Guillermo Fes­ser.

Xlse­ma­nal. Lo veo fe­liz, sí. Guillermo Fes­ser. Mu­cho. Al ha­ber­me he­cho es­cri­tor de best se­llers me lle­van en ta­xi de un la­do pa­ra otro, me pa­gan los ho­te­les y me pre­gun­tan por mi li­bro. ¡Qué más pue­do pe­dir! XL. Vi­ve en un pue­ble­ci­to pe­que­ño, cer­ca de Nue­va York, des­de ha­ce nue­ve años. G.F. Me mu­dé a Es­ta­dos Uni­dos por­que mi mu­jer es de allí, mis hi­jos son ex­tran­je­ros y que­rían co­no­cer la otra par­te de ellos. ¡Por amor se de­ja to­do! Si me hu­bie­ra casado con una mu­jer de To­me­llo­so, vi­vi­ría en To­me­llo­so, se­gu­ro. XL. Cuen­ta que de pe­que­ño te­nía un ami­go in­vi­si­ble. G.F. Sí y lo re­su­ci­té al lle­gar a Es­ta­dos Uni­dos. No te­nía tra­ba­jo, me sen­tí muy des­ubi­ca­do y de­ci­dí es­cri­bir es­ta no­ve­la co­mo te­ra­pia. Pu­se en­ton­ces en él to­das mis des­gra­cias en tie­rra ex­tra­ña y las exa­ge­ré pa­ra que pa­re­cie­ran co­me­dia y no tra­ge­dia. Es un li­bro bas­tan­te bio­grá­fi­co. XL. La pri­me­ra par­te del li­bro es cos­tum­bris­mo pu­ro a la es­pa­ño­la. G.F. Y la se­gun­da, a la ame­ri­ca­na [ríe]... XL. ¿Con cuál se que­da?

G.F. Con lo me­jor de las dos. Es­pa­ña es Don Qui­jo­te y Es­ta­dos Uni­dos, San­cho Pan­za. Es­pa­ña es la es­pon­ta­nei­dad y la im­pro­vi­sa­ción; y Es­ta­dos Uni­dos es la pro­gra­ma­ción ab­so­lu­ta de to­do, el bu­si­ness plan per­fec­to. En Es­pa­ña echo en fal­ta el plan de ne­go­cios ame­ri­cano y allí, nues­tra es­pon­ta­nei­dad crea­ti­va. XL. Su pro­ta­go­nis­ta vi­ve su cri­sis de los 40. G.F. Es cuan­do el hom­bre ma­du­ra –la mu­jer lo ha­ce mu­cho an­tes– y su hi­ja ado­les­cen­te de pron­to le di­ce: «Pa­pá, es que no te en­te­ras de na­da, eres un cer­do ca­pi­ta­lis­ta». Y a ti te da al­go. XL. Sin pro­po­nér­se­lo, se ha con­ver­ti­do en co­rres­pon­sal de On­da Ce­ro y de El in­ter­me­dio en Nue­va York. G.F. La cul­pa es de Do­nald Trump. En Es­pa­ña bus­ca­ban al­guien que les en­ca­ja­ra en ca­li­dad/pre­cio pa­ra que ha­bla­ra de él y pen­sa­ron en mí. Se pue­de de­cir que Trump me ha da­do tra­ba­jo en Nue­va York, y me ha ve­ni­do muy bien. XL. Di­ce de Trump que es «ma­la gen­te, tri­le­ro, que se le va la olla…». G.F. Es lo peor. En su as­pec­to ge­ne­ral, es co­mo un Je­sús Gil al cua­dra­do y 'go­cho'; en su as­pec­to más con­cre­to, es un ni­ño de cin­co años, mi­ma­do e in­so­por­ta­ble que so­lo pien­sa en sí mis­mo. XL. ¿Có­mo ve des­de allí nues­tros asun­tos? G.F. Con pe­na. Es­pa­ña no ha re­for­ma­do la Jus­ti­cia. En Es­ta­dos Uni­dos pue­de ha­ber más co­rrup­tos que aquí, pe­ro los juz­gan en tres me­ses; en Es­pa­ña tar­dan años en juz­gar a los ma­los y les pres­cri­ben los de­li­tos. Es­to me da ver­güen­za.

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