¿Con qué Hei­di te que­das? Di­me tú...

TIE­NE 40, AMI­GOS NUE­VOS Y NO ES LA QUE ERA... La ni­ña de los Al­pes ha con­quis­ta­do el ojo digital man­te­nien­do su esen­cia pe­ro con cier­tos cam­bios. ¿Hay o no hay co­lor?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE NI ÑOS - TEX­TO: ANA ABELENDA

Es­ta Hei­di no es la que era. ¿O sí? Así a pri­me­ra vis­ta pa­re­ce que a es­ta hi­ja de Johan­na Spy­ri, que fue la au­to­ra que la creó, le ha cam­bia­do la mi­ra­da y le han pues­to Bó­tox, di­rán sus vie­jos es­pec­ta­do­res. La ni­ña de los Al­pes lle­gó a la te­le en el 75, «y lo hi­zo con un éxi­to sin pre­ce­den­tes, así que te­nía to­do el sen­ti­do que vol­vie­ra a la ca­sa», sub­ra­ya Ma­ría Jesús Montes, res­pon­sa­ble de emi­sio­nes de Clan, de RTVE, que vuel­ve a emi­tir la se­rie 40 años des­pués. Tu edad di­rá si des­cu­bres o re­cuer­das...

«¡Ade­lai­da!, ¡Ade­lai­daaa!, ¡le­ván­ta­te, vís­te­te! ¡Pe­ro có­mo pue­des ser tan pe­re­zo­sa!». Hay co­sas que no cam­bian con el tiem­po. Ni con las nue­vas téc­ni­cas de ani­ma­ción. Ahí si­guen la im­po­si­ble se­ño­ri­ta Rot­ten­meier, y el Pedro pas­tor (con los dien­tes me­nos se­pa­ra­dos), y Cla­ra y el abue­li­to co­mo un orácu­lo al­pino, y Nie­bla, y Dia­na y Blan­qui­ta... Pe­ro en su vuel­ta a la mon­ta­ña en 3D Hei­di per­dió el rosa chi­cle de los co­lo­re­tes, su voz, su can­ción y al­go de cin­tu­ra. ¡Abue­li­to, di­me tú... dón­de es­ta­rán! Con to­do, la esen­cia per­ma­ne­ce. Hei­di si­gue vi­va ¡más allá de los 40! Y tie­ne el vien­to a fa­vor. «El di­se­ño de los per­so­na­jes se ha man­te­ni­do fiel a la se­rie ori­gi­nal, la téc­ni­ca de ani­ma­ción que se ha uti­li­za­do es el 3D para apor­tar más y ha­cer­la atrac­ti­va a los ni­ños de hoy. La trans­for­ma­ción a 3D, en mi opi­nión, es un gran acier­to; el ojo digital de los pe­que­ños ha­ce que es­ta se­rie de siem­pre se in­cor­po­re a su mun­do de in­me­dia­to», afir­ma Montes.

LA MIS­MA CON OTRO RIT­MO

Al­go ro­bó­ti­ca y con bor­da­do en un ves­ti­do que no ha per­di­do el vue­lo en cua­tro dé­ca­das, Hei­di tie­ne aún esa dul­zu­ra, esa em­pa­tía úni­ca con el reino ani­mal. Fe­liz sin za­pa­tos, se pier­de por un ra­tón, una ma­ri­po­sa o una con­ver­sa­ción ca­bru­na. Hei­di, es­ta Hei­di al or­de­na­dor, de­be aún en­fren­tar­se a esas pa­la­bras co­mo pie­dras del abue­lo: «La mon­ta­ña no es lu­gar para una ni­ña de ciu­dad. La vi­da es du­ra aquí». Pe­ro la se­rie re­sis­te los cam­bios de ai­re de los tiem­pos. «La cla- ve son la his­to­ria y el per­so­na­je prin­ci­pal —apun­tan en Clan—, nues­tra que­ri­da Hei­di. Hei­di ha vuel­to a con­quis­tar los co­ra­zo­nes de to­da la fa­mi­lia por­que si­gue sien­do tan ca­ris­má­ti­ca y ado­ra­ble co­mo siem­pre». En es­ta se­rie hay aven­tu­ra, ter­nu­ra, bon­dad, amor por la na­tu­ra­le­za y una pe­que­ña do­sis de des­di­cha (ele­men­tal). La nue­va ver­sión in­clu­ye me­nos ca­pí­tu­los (se han re­du­ci­do 52 a 39 y un po­co la du­ra­ción de ca­da uno de ellos), «por­que los ni­ños con­su­men hoy de ma­ne­ra di­fe­ren­te y es­tán acos­tum­bra­dos a otro rit­mo». A cam­bio, la ni­ña fe­liz ga­na nue­vos ami­gos. Vá­mo­nos p’al mon­te con la ca­bra de Hei­di... a res­pi­rar me­jor. Pe­se a los re­to­ques, a Hei­di una es­tre­lla la si­gue don­de quie­ra que va. Pe­ro yo me que­do la mía, la pri­me­ra. Esa ca­ra di­bu­ja­da al na­tu­ral.

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