¿Es la caligrafía el nue­vo yo­ga?

NO HA­BLA­MOS DE VOL­VER A LOS CUADERNOS RU­BIO El nue­vo bum del «haz­lo tú mis­mo» es la caligrafía o let­te­ri­ng, pa­sar ho­ras ha­cien­do le­tras bo­ni­tas con tinta y pin­cel. Y el in­te­rés va más allá de la de­man­da en el mun­do de la pu­bli­ci­dad y el di­se­ño: los que lo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GEN TE - TEX­TO: ANA BULNES

IVÁN CAÍÑA

DISEÑADOR Las le­tras re­don­das son más com­pli­ca­das, y las más fá­ci­les, las dia­go­na­les”

No es nin­gu­na ca­sua­li­dad que una de las pri­me­ras imá­ge­nes que se nos vie­nen a la ca­be­za cuan­do pen­sa­mos en la caligrafía ar­tís­ti­ca, esa que se ha­ce con pin­cel, sea la de al­gún maes­tro orien­tal pin­tan­do cui­da­do­sa­men­te ideo­gra­mas en ja­po­nés o en chino, to­do en un am­bien­te muy zen. La caligrafía es un ar­te que re­quie­re con­cen­tra­ción y que, co­mo ca­si to­das las ac­ti­vi­da­des que nos obli­gan a de­di­car­les el cien por cien de nues­tra aten­ción, re­la­ja.

Pe­ro no ha­ce fal­ta apren­der chino para pro­bar­la. La caligrafía es­tá de mo­da y no hay más que mi­rar a nues­tro al­re­de­dor para dar­nos cuen­ta: ve­mos las le­tras es­cri­tas a mano en car­te­le­ría, en ro­tu­la­ción de co­mer­cios, en tar­je­tas de re­ga­lo, in­vi­ta­cio­nes de bo­da y en las pi­za­rras de los ba­res. La mo­da crea de­man­da, y tan­to di­se­ña­do­res co­mo gen­te que no tie­ne na­da que ver con el mun­di­llo quie­re apren­der. En­con­trar un cur­so ya no es di­fí­cil.

Iván Caíña, diseñador grá­fi­co hi­jo de ga­lle­gos, em­pe­zó a pro­bar la caligrafía ha­ce un par de años, y des­de no­viem­bre im­par­te cur­sos por to­da Es­pa­ña. «El per­fil de los alum­nos es va­ria­do —co­men­ta—, hay mu­cha gen­te re­la­cio­na­da con el mun­do de la pu­bli­ci­dad, pe­ro tam­bién otros a los que sim­ple­men­te les gus­tan las ma­nua­li­da­des». Ha­bla­mos con él en la tien­da de di­se­ño Vaid­hé, en Vi­go, mien­tras sus diez alum­nos re­pi­ten apli­ca­dos le­tras re­don­das co­mo la a, la d y la g. Esas le­tras, las re­don­das, son las más com­pli­ca­das, y las más fá­ci­les se­rían las dia­go­na­les (v,w, y, z), aun­que Caíña pun­tua­li­za que en reali­dad es to­do muy re­la­ti­vo. «Ca­da per­so­na se en­cuen­tra có­mo­da con un mo­vi­mien­to», ase­gu­ra.

ES­CRI­BIR AQUÍ Y AHO­RA

«A mí me re­la­ja», di­ce Be­lén, una de las asis­ten­tes. Al con­tra­rio que la ma­yo­ría de sus com­pa­ñe­ros de cur­so, ella no es di­se­ña­do­ra ni pu­bli­cis­ta y ve la caligrafía más co­mo «un nue­vo hobby». Ade­más, al ha­cer el cur­so «co­no­ces gen­te» y pa­sas un fin de se­ma­na di­fe­ren­te.

El bum de la caligrafía es­tá re­la­cio- na­do con to­do el re­na­cer que las ma­nua­li­da­des, el tan nom­bra­do DIY (Do It Your­self), es­tán te­nien­do es­tos úl­ti­mos años. «La gen­te es­tá har­ta de lo digital», di­ce Caíña, que con­si­gue siem­pre que sus cur­sos en Madrid y Bar­ce­lo­na cuel­guen el car­tel de com­ple­to. «Hay ga­nas de se­pa­rar­se de las pan­ta­llas y vol­ver a ha­cer co­sas con las ma­nos», ase­gu­ra. Va­rios de sus alum­nos asien­ten.

Ese huir de las pan­ta­llas es­tá muy re­la­cio­na­do con el mun­do del mind­ful­ness, to­das esas téc­ni­cas de me­di­ta­ción que bus­can lle­var­nos de vuel­ta al aquí y al aho­ra. Re­pe­tir la mis­ma le­tra una y otra vez pue­de so­nar abu­rri­do, pe­ro no lo es: re­quie­re con­cen­tra­ción, ol­vi­dar­nos del mun­do que nos ro­dea. Cuan­do te das cuen­ta, han pa­sa­do dos ho­ras. La caligrafía o let­te­ri­ng tie­ne tam­bién éxi­to por­que el DIY vie­ne de la mano de una va­lo­ra­ción de lo ar­te­sa­nal que se ha­bía per­di­do. Eli es una de las res­pon­sa­bles de la tien­da en la que se es­tá ha­cien­do el cur­so y, mien­tras ella tam­bién lle­na su pá­gi­na de le­tras, co­men­ta que or­ga­ni­zan es­te ti­po de ac­ti­vi­da­des co­mo com­ple­men­to. «Que­re­mos que se vea que los pro­duc­tos que ven­de­mos tie­nen tra­ba­jo y gen­te de­trás», ase­gu­ra.

Los alum­nos (o alum­nas, so­lo hay un chi­co en el cur­so, ten­den­cia que Iván Caíña di­ce que sue­le ser ha­bi­tual en es­tas cla­ses) se­gui­rán prac­ti­can­do sus le­tras to­do el fin de se­ma­na, ma­ña­na y tar­de, y aca­ba­rán pu­dién­do­se lle­var a ca­sa no so­lo su obra para en­mar­car, sino tam­bién su pin­cel y tinta. Las eti­que­tas de sus re­ga­los se­rán las rei­nas de las pró­xi­mas Na­vi­da­des.

FO­TO: XOÁN CAR­LOS GIL

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