FÍ­JA­TE EN EL RE­LOJ

¿POR QUÉ TO­DOS MAR­CAN LAS DIEZ Y DIEZ EN LA TIEN­DA?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: NOE­LIA SILVOSA

por­que cuan­do com­pres uno ca­si to­dos los que es­tén ex­pues­tos en la jo­ye­ría mar­ca­rán es­ta ho­ra. La son­ri­sa del re­loj tie­ne su ex­pli­ca­ción. Ex­per­tos en re­lo­je­ría nos cuen­tan qué tie­ne es­ta po­si­ción de las agu­jas pa­ra ha­cer­los más desea­bles... y que aca­bes pi­can­do

Con­fie­so que cuan­do se me po­ne al­go de­lan­te no pue­do evi­tar fi­jar­me en los de­ta­lles más in­sos­pe­cha­dos y,

a prio­ri, in­tras­cen­den­tes. Eso es exac­ta­men­te lo que me pa­só la úl­ti­ma vez que en­tré en la jo­ye­ría Cal­vo, que ilus­tra es­te re­por­ta­je. Allí me en­con­tra­ba yo, tra­tan­do de de­ci­dir­me en­tre re­lo­jes cuan­do de nue­vo re­pa­ré en una de esas pe­que­ñe­ces que tan­to me gus­tan. To­dos los re­lo­jes a los que me al­can­zó la vis­ta —y os pue­do ase­gu­rar que no son po­cos— mar­ca­ban las diez y diez. Ac­to se­gui­do, so­lo pu­de pre­gun­tar por qué. Y Yai­za, que es quien po­sa con par­te de la re­lo­je­ría, me ha­bló por pri­me­ra vez de la son­ri­sa del re­loj. Hoy me veo en la obli­ga­ción de des­cu­brír­se­lo a to­dos aque­llos que nun­ca se ha­yan fi­ja­do y de co­rro­bo­rar­lo pa­ra los que com­par­ten con­mi­go esa es­pe­cie de TOC que po­ne el zoom so­bre los de­ta­lles. An­drés Cal­vo, el pro­pie­ta­rio de las jo­ye­rías que lle­van su ape­lli­do, me con­fir­ma que la gran ma­yo­ría de los re­lo­jes que se ex­po­nen tan­to en los ne­go­cios co­mo en la pu­bli­ci­dad, mar­can las diez y diez. No sue­len re­ci­bir­los a es­ta ho­ra, pe­ro a su lle­ga­da se les cam­bia pa­ra que luz­can con su me­jor son­ri­sa. Por­que la son­ri­sa del re­loj es la que los ha­ce más atrac­ti­vos pa­ra su com­pra. «Es la po­si­ción en la que me­jor es­tán si­tua­das las agu­jas y la es­fe­ra que­da más cu­bier­ta y más cen­tra­da. Tam­bién es la ma­ne­ra en la que se ve me­jor la mar­ca», in­di­ca Cal­vo, que aña­de que hay mu­chos fac­to­res que con­du­cen a es­ta ho­ra: «Si el re­loj tie­ne un tour­bi­llon (me­ca­nis­mo que que­da a la vis­ta en una aber­tu­ra de la es­fe­ra) a las seis, no le pue­des po­ner la agu­ja en­ci­ma por­que pier­de vi­si­bi­li­dad. De la mis­ma for­ma que si tie­ne ca­len­da­rio no lo pue­des po­ner a las diez y cin­co, por­que lo ta­pas». Otro de los con­di­cio­nan­tes es el es­té­ti­co ya que, ex­pli­ca, «a las sie­te y vein­te, por ejem­plo, ve­rías tam­bién la mar­ca del re­loj, pe­ro no que­da igual». Y es que una son­ri­sa es una son­ri­sa, y nos ga­na siem­pre.

Aun­que son una aplas­tan­te ma­yo­ría los re­lo­jes que se ex­po­nen a las diez y diez, hay ex­cep­cio­nes. El jo­ye­ro nos ha­bla de los de ga­ma más al­ta, «da­do que al­gu­nas mar­cas pre­fie­ren que es­tén en ho­ra, que tam­bién es­tá muy bien pa­ra que el clien­te lo vea en fun­cio­na­mien­to». Ja­co­bo Sán­chez Gon­zá­lez Dans, de la em­ble­má­ti­ca Re­lo­jes Dans, tam­bién se­ña­la que las diez y diez res­pon­de a una úni­ca idea: «Lo que se pre­ten­de po­nién­do­los a esa ho­ra es mos­trar de la me­jor ma­ne­ra la es­fe­ra, que se vea bien la mar­ca y que es­té cen­tra­da arri­ba. Pe­ro tam­bién se pre­ten­de que se lea bien el mo­de­lo, por­que hay mar­cas, co­mo por ejem­plo Ro­lex, que tie­ne el mo­de­lo en la par­te in­fe­rior, co­mo ocu­rre en el Sub­ma­ri­ner». Es­ta dis­po­si­ción de las agu­jas, aña­den, es vá­li­da tam­bién pa­ra los cro­nos con va­rias es­fe­ras pe­que­ñas, ya que las agu­jas no las ta­pan.

La ma­yo­ría de los re­lo­jes res­pon­den a es­tos pa­tro­nes co­mu­nes, pe­ro no to­dos. Dans nos re­ve­la otras cu­rio­si­da­des: «A los cro­nó­gra­fos hay que adap­tar­se, por­que tam­bién traen más de una es­fe­ra y pueden va­riar su dis­po­si­ción. Lo más co­mún es po­ner­los a las 3, ali­neán­do­se con el ca­len­da­rio, o a las 9». Y hay al­gu­na ex­cep­ción más. «Aque­llos que tie­nen el es­que­le­to a la vis­ta en la es­fe­ra, mu­chas ve­ces se po­nen a las 13.30 pa­ra que se les vea bien el tour­bi­llon. En de­fi­ni­ti­va, cuan­tas más com­pli­ca­cio­nes trai­ga el re­loj, más hay que adap­tar­se a ellas pa­ra ex­po­ner­lo en las me­jo­res con­di­cio­nes», apun­ta.

En to­do es­to hay, ade­más, un com­po­nen­te psi­co­ló­gi­co pa­ra el que com­pra por aque­llo de que las diez y diez ha­ce que las agu­jas nos evo­quen la for­ma de una son­ri­sa de for­ma más cla­ra que, por ejem­plo, las dos me­nos diez. «La psi­co­lo­gía y la pu­bli­ci­dad van de la mano, pe­ro se­gu­ra­men­te se die­ron cuenta tar­de, por­que en re­lo­jes de los años 20 la po­si­ción de las agu­jas ya era es­ta», ase­gu­ra Dans, que nos apor­ta otra re­ve­la­ción, la del cie­rre: «Sue­le es­tar siem­pre orien­ta­do ha­cia las 12, por­que re­sul­ta más fá­cil pa­ra la gen­te dies­tra, y en los bra­za­le­tes ocu­rre lo mis­mo».

Ya que es­ta­mos, le pre­gun­ta­mos a An­drés Cal­vo qué pro­to­co­los de co­lo­ca­ción si­guen pa­ra ha­cer más lla­ma­ti­va aún la exposición. «Si el re­loj va en po­si­ción ver­ti­cal, de pie, no tie­ne du­da, por­que es la po­si­ción na­tu­ral pa­ra ver­lo bien y con la co­ro­na en su si­tio. Pe­ro si lo po­ne­mos en ho­ri­zon­tal, hay que co­lo­car­lo con la co­ro­na ha­cia arri­ba y nun­ca ha­cia aba­jo», in­di­ca. ¿Y qué je­rar­quía si­gue el es­ca­pa­ra­te? «Hay unas nor­mas. Se agru­pan por fa­mi­lias y de­ben ir jun­tos den­tro de una mis­ma mar­ca o co­lec­ción, pe­ro el más ca­ro siem­pre ha de ser el más al­to. Otro ca­so se­ría si te­ne­mos va­rios de la mis­ma fa­mi­lia y del mis­mo mo­de­lo, ya que ha­bría que po­si­cio­nar de for­ma di­fe­ren­te el de hom­bre y el de mu­jer», in­di­ca. Y la prue­ba de que lo sa­ben ha­cer muy bien es que aquel día yo tam­bién sa­lí de allí con un re­loj... que mar­ca­ba las diez y diez.

Es la po­si­ción que fa­vo­re­ce a la es­fe­ra y los ha­ce más atrac­ti­vos”

FO­TO: MAR­COS MÍGUEZ

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