ELLOS ABREN LA PLA­YA...

...Y ELLAS LA CIE­RRAN. ¿CUÁL ES LA ME­JOR HO­RA PA­RA TI?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ALE­XAN­DRA MA­ZA / S.F.

VIC­TO­RINO Y PA­CO LLE­GAN A LAS 9 DE LA MA­ÑA­NA

Ve­nir a Ria­zor a pri­me­ra ho­ra es la suer­te del ju­bi­la­do”

¿ERES DE MA­ÑA­NAS O DE

TAR­DES? Ir a la pla­ya es un pla­cer. Pa­ra al­gu­nos lo me­jor es es­tre­nar­la, y pa­ra otros, no es com­pa­ra­ble con la sen­sa­ción de ce­rrar­la. En YES re­co­ge­mos los tes­ti­mo­nios de quie­nes de­fien­den su mo­men­to jun­to al mar. ¿Cuál es el tu­yo?

Son­las nue­ve y me­dia de la ma­ña­na y el sol comienza a aso­mar­se por Ria­zor. Al­gu­nas per­so­nas ca­mi­nan por el pa­seo ma­rí­ti­mo an­tes de en­trar a tra­ba­jar. La ciu­dad comienza a des­per­tar­se, pe­ro al fon­do, en el rin­cón de las Es­cla­vas, don­de em­pie­zan las ro­cas, un gru­po de ju­bi­la­dos es­ti­ran la toa­lla pa­ra dis­fru­tar de los pri­me­ros ra­yos de sol de una pla­ya que po­co tar­da­rá en lle­nar­se. Co­mien­zan las va­ca­cio­nes y se no­ta en la afluen­cia de gen­te. Aun­que da igual que sea ve­rano o in­vierno por­que nues­tros pro­ta­go­nis­tas no sa­ben de es­ta­cio­nes y has­ta en di­ciem­bre los ve­mos ba­ñán­do­se en el mar. Nun­ca fa­llan.

Son ellos los que abren la pla­ya, los pri­me­ros en lle­gar y po­der go­zar de las olas sin el ago­bio de la gen­te. Tie­nen to­do el es­pa­cio to­da­vía li­bre pa­ra es­ti­rar­se, la are­na más lim­pia, aun­que ellos pre­fie­ren las ro­cas, y el sol que to­da­vía no pi­ca.

Pa­co, a la de­re­cha en la ima­gen, un fe­rro­via­rio ju­bi­la­do de 66 años, ha em­pe­za­do aho­ra a uti­li­zar su nom­bre, des­pués de lle­var to­da la vi­da sien­do co­no­ci­do en el tra­ba­jo por su ape­lli­do. Él es un fi­jo que acu­de to­dos los días del año a es­ta so­la­na co­ru­ñe­sa don­de no ha­ce fal­ta car­né de so­cio. Na­da más lle­gar, tie­ne ase­gu­ra­da su par­ce­la, ese es­pa­cio es ca­si de su pro­pie­dad, que pa­ra eso se lo cu­rra a dia­rio. El tiem­po que ha­ga le da igual, aun­que si hay tem­po­ral no se ba­ña, y so­lo vie­ne a pa­sear. La pla­ya no tie­ne secretos pa­ra él, co­no­ce a la per­fec­ción el mo­vi­mien­to de las ma­reas y has­ta los ti­pos de ro­cas. Aun­que lle­ga so­lo, con­for­me avan­za la ma­ña­na se jun­ta con un gru­po de 10 per­so­nas. To­das coin­ci­den por las ma­ña­nas en es­te oa­sis po­pu­lar den­tro de la ciu­dad. A lo lar­go del día sus com­pa­ñe­ros se van yen­do a ca­sa. La ma­yo­ría es­tán ju­bi­la­dos pe­ro «aun­que parezca ra­ro, hay al­guno de nues­tro gru­po que to­da­vía tra­ba­ja», afir­ma rién­do­se. Pe­ro él no se va. Sue­le co­mer en al­gún res­tau­ran­te de la zo­na y por la tar­de vuel­ve otra vez a la pla­ya, al mis­mo rin­cón.

Su com­pa­ñe­ro de fo­to y de pla­ya es Vic­to­rino (a la iz­quier­da en la ima­gen). A sus 74 años, es­te ju­bi­la­do na­tu­ral de Va­lla­do­lid, su­ma ya 35 vi­vien­do en A Co­ru­ña, que ha si­do su ho­gar du­ran­te la mi­tad de su vi­da. Es­te ve­rano se­rá es­pe­cial pa­ra él por­que cuan­do aca­be se des­pe­di­rá de su «pla­za» en Ria­zor pa­ra re­gre­sar a Va­lla­do­lid y dis­fru­tar de sus hi­jos y sus nie­tos. Se­gu­ro que lo que más echa­rá de me­nos se­rá de­jar su ru­ti­na pe­ga­da al mar en es­te rin­cón de A Co­ru­ña.

Al con­tra­rio que Pa­co, él no ba­ja a la pla­ya en in­vierno, pe­ro en es­ta tem­po­ra­da no se pier­de una. «Me en­can­ta ma­dru­gar, lle­gar a pri­me­ra ho­ra y sen­tir que soy el pri­me­ro en es­tre­nar la pla­ya», in­di­ca. Vic­to­rino es uno de los clá­si­cos de es­te gru­po y uno de los que desafía al sol, se em­ba­dur­na de pies a ca­be­za con cre­ma de oli­va, por­que di­ce que con el sa­li­tre se po­ne mo­reno más rá­pi­do. So­lo hay que ver­lo. Él no pa­sa des­aper­ci­bi­do, y cual­quie­ra que va­ya por ahí ha­bi­tual­men­te se­gu­ro que lo co­no­ce, cla­ro que Vic­to­rino, al igual que Pa­co, tam­bién tie­ne fi­cha­das a to­das las per­so­nas que sue­len ve­nir a la pla­ya. «¡Qué tar­de lle­ga ese hoy!», di­cen en­tre ellos cuan­do ven acer­car­se en­tre las ro­cas del fon­do a otro de sus com­pa­ñe­ros de «fa­ti­gas». Son so­lo las 10 de la ma­ña­na, pe­ro pa­ra ellos ya ha pa­sa­do la mi­tad de su jor­na­da. Su mo­reno es obre­ro, y no es pa­ra me­nos, po­cas per­so­nas hay que le pon­gan tan­to es­fuer­zo a dis­fru­tar de la pla­ya. Ga­fas, cre­mas de to­do ti­po y la toa­lla, siem­pre orien­ta­da en di­rec­ción al sol. No les fal­ta de­ta­lle. Di­cen que es­tar en Ria­zor to­das las ma­ña­nas es la suer­te del ju­bi­la­do. Y jun­tos, ellos son los re­yes de las ro­cas.

FO­TO: MAR­COS MÍ­GUEZ

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