El año de los Ja­vis

Am­bros­si y Cal­vo for­man un tán­dem per­fec­to en lo per­so­nal y en lo pro­fe­sio­nal. Lle­van jun­tos sie­te años y des­de ha­ce unos me­ses es­tán pro­me­ti­dos. Ade­más triun­fan con Pa­qui­ta Sa­las, un per­so­na­je que na­ció sin ma­yo­res pre­ten­sio­nes y que se ha con­ver­ti­do en

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Lle­van­su fi­lo­so­fía gra­ba­da a fue­go en la men­te y con tin­ta en la piel: «Lo ha­ce­mos y ya ve­mos». Ja­vi Am­bros­si y Ja­vi Cal­vo, más co­no­ci­dos co­mo Los Ja­vis, han sa­bi­do co­nec­tar de pleno con una ge­ne­ra­ción. Su na­tu­ra­li­dad, su fres­cu­ra y su dis­cur­so sin ce­re­mo­nias han ca­la­do hon­do en los que no so­bre­pa­san los 30. O sí. Es­tos dos jó­ve­nes ac­to­res ha­bían pro­ba­do suer­te en el mundo de la in­ter­pre­ta­ción has­ta que sin­tie­ron La Lla­ma­da y cam­bia­ron de ban­do. El éxi­to fue tal que el mu­si­cal, des­pués de cin­co tem­po­ra­das, dio el sal­to al ci­ne. Pa­ra qui­tar­se la pre­sión de ro­dar por pri­me­ra vez una pe­lí­cu­la, de­ci­die­ron crear a Pa­qui­ta Sa­las (la pro­ta­go­nis­ta de la se­rie que es­tos días es­tre­na se­gun­da tem­po­ra­da y tie­ne en marcha la ter­ce­ra) y el me­jor ca­nal pa­ra ex­pre­sar su ma­ne­ra de ver las co­sas. Su pa­so por la Aca­de­mia de OT los trans­for­mó en un fe­nó­meno de ma­sas y los con­so­li­dó co­mo el tán­dem más crea­ti­vo del mundo au­dio­vi­sual, pe­ro ellos si­guen sien­do co­mo eran. Se lo di­go yo, que com­par­tí pu­pi­tre con Ja­vier Am­bros­si. Ja­vier Am­bros­si: ¿Eres la Ma­ría Vidal que yo me te­mo? —La mis­ma, ja, ja.

—¿Qué tie­ne Pa­qui­ta que se ha ga­na­do a to­do el mundo? J. A. Yo creo que el mundo co­nec­ta con el per­so­na­je de Pa­qui­ta, por­que to­dos so­mos muy Pa­qui­ta. J. C. Pa­qui­ta nos re­pre­sen­ta. J. A. Se atre­ve a de­cir lo que los de­más ca­lla­mos.

J. C. Y a ha­cer lo que no nos atre­ve­mos a ha­cer. J. A. Tam­bién tie­ne una co­sa muy nues­tra, que a ve­ces pa­re­ce que la fic­ción no re­pre­sen­ta muy bien a nues­tro país, ni a nues­tra cul­tu­ra, ni a nuestros re­fe­ren­tes, ni a nues­tra gen­te, y creo que Pa­qui­ta Sa­las es una se­rie que ha­bla de nosotros. J. C. El ejer­ci­cio con Pa­qui­ta es ha­cer una mi­ra­da al­re­de­dor y con­tar las co­sas que nos preo­cu­pan en nues­tro día a día. Yo creo que eso la gen­te lo agra­de­ce por­que pue­de co­nec­tar y sen­tir­se iden­ti­fi­ca­da. J. A. Sí, por­que a ve­ces pa­re­ce que la fic­ción es­tá des­co­nec­ta­da de la reali­dad, que es­tán ro­da­dos en si­tios que no son nin­gún la­do, per­so­na­jes que no sa­bes si son de Es­pa­ña, de Amé­ri­ca, o de dón­de son.

—¿Pa­qui­ta Sa­las pro­yec­ta bas­tan­te la vi­da co­mo la veis vo­so­tros? J. C. Hemos en­con­tra­do un ca­nal pa­ra ex­pre­sar nues­tras opiniones, nues­tras for­mas de sen­tir so­bre temas que nos preo­cu­pan o nos ata­ñen, o nos in­tere­san.

—¿Por qué ele­gis­teis un hom­bre pa­ra re­pre­sen­tar a una mu­jer? J. A. No hay dis­cur­so de­trás de la elec­ción, Brays era nues­tro me­jor ami­go y es­ta­ba pre­sen­te en la

me­sa el día que la crea­mos, así que crea­mos el per­so­na­je jun­tos. J. C. Yo no di­ría que ele­gi­mos a un hom­bre pa­ra in­ter­pre­tar es­ta se­rie, di­ría que Brays nos eli­gió a nosotros, sur­gió de un pro­ce­so crea­ti­vo co­mún.

—¿Igual par­te del éxi­to tam­bién es que el re­par­to tan­to de «Pa­qui­ta Sa­las» co­mo de «La lla­ma­da» es el re­par­to de vues­tra vi­da real? J. A. Y tan­to, des­de mi pro­pia her­ma­na, Ma­ca­re­na; Be­lén, que era mi com­pa­ñe­ra de­trás del pub Vál­ga­me Dios... Ja­vi y yo, que ya te­ne­mos un víncu­lo enor­me, de amis­tad, de pa­re­ja... Y lue­go con Brays, que era nues­tro me­jor ami­go an­tes de Pa­qui­ta Sa­las. Des­pués de Pa­qui­ta ya no le ha­bla­mos... [Ri­sas]

—Uno de los gan­chos de es­ta tem­po­ra­da son los ca­meos... J. C. Ten­go que de­cir que me sor­pren­de que se les lla­me ca­meos a gen­te que ha­ce per­so­na­jes. Lo úni­co que yo con­si­de­ra­ría ca­meos son los que ha­cen de sí mis­mos, pe­ro tam­bién hay mu­chos que ha­cen per­so­na­jes, aun­que ha­gan de sí mis­mos. J. A. A ver, lo que hay es que al ser una se­rie de una mu­jer que se de­di­ca al mundo de los ac­to­res, pa­ra dar­le mu­cha ve­ro­si­mi­li­tud, ne­ce­si­tá­ba­mos que hu­bie­se fi­gu­ras reales cons­tan­te­men­te, más aún cuan­do lo in­ter­pre­ta un hom­bre. Al fi­nal to­do lo que pue­da dar reali­dad al­re­de­dor ayu­da. J. C. De to­das for­mas, to­dos los ca­meos siem­pre es­tán an­cla­dos en la na­rra­ción, y nun­ca sa­len por­que sí, son una jus­ti­fi­ca­ción pa­ra dar­le rea­lis­mo o pa­ra con­tar una tra­ma que ata­ñe a una per­so­na en con­cre­to. J. A. Es una par­te importante, por­que ade­más de es­cri­bir­la, di­ri­gir­la y ser pro­duc­to­res eje­cu­ti­vos, tam­bién ha­ce­mos el cas­ting, así que gran par­te del tra­ba­jo de pro­duc­ción es ha­blar con ac­to­res, con­ven­cer­los, ele­gir­los.

—Pa­re­ce ser que hay al­guien que se os re­sis­te, que ya os di­jo un par de ve­ces que no. J. A. Ver­dad. J. C. Nos ha di­cho dos ve­ces que no y se nos re­sis­te, pe­ro hay mu­cha gen­te que nos di­jo que no en ge­ne­ral.

Con Pa­qui­ta con­ta­mos las co­sas que nos preo­cu­pan y eso la gen­te lo agra­de­ce”

—Igual pa­ra la ter­ce­ra tem­po­ra­da... J. A. Hay una mu­jer que di­jo que no dos ve­ces, pe­ro a la ter­ce­ra in­ten­ta­re­mos que sea un sí.

—Pa­qui­ta Sa­las de­mues­tra có­mo se pue­de ha­cer al­go ge­nial con muy po­co. J. A. Igual que La lla­ma­da. To­do lo que hemos he­cho ha si­do de una ma­ne­ra muy ar­te­sa­na, pe­ro es que si­gue sien­do muy ar­te­sa­na in­clu­so aho­ra, aun­que ten­ga una gran cam­pa­ña y una gran em­pre­sa de­trás. No de­ja de ser una co­sa que ha­ce­mos en­tre ami­gos y en la me­sa de nues­tra ca­sa. Pe­ro va cre­cien­do, creo que es­ta se­gun­da tem­po­ra­da es un sal­to a ni­vel téc­ni­co, y la idea es que po­da­mos ha­cer co­sas ca­da vez más gran­des.

—Lo ve­re­mos, por­que co­mo de­cíais vo­so­tros: «Lo ha­ce­mos y ya ve­mos». Y va­ya si lo vi­mos. ¿Vo­so­tros có­mo lo vis­teis? J. A. Lo vi­mos fuer­te. Úl­ti­ma­men­te es­toy fli­pan­do yo mis­mo. Ca­da día es una sor­pre­sa, a ver adón­de va a pa­rar es­to.

—¿Y adón­de va? J. A. No lo sé, de mo­men­to a es­cri­bir la ter­ce­ra tem­po­ra­da de Pa­qui­ta Sa­las y una nue­va pe­li.

—Los Ja­vis o una sim­bio­sis per­fec­ta. Has­ta hay una guía pa­ra dis­tin­gui­ros. ¿Qué os pa­re­ce? J. A. Ahh, pe­ro es lo más. Tam­bién hay una co­sa maravillosa en El Mundo To­day que po­ne ¿qué Ja­vi eres?: te van ha­cien­do pre­gun­tas y cuan­do aca­ba el test siem­pre po­ne quién eres de los dos, por­que es im­po­si­ble di­fe­ren­ciar­nos.

—Yo tam­bién hi­ce mi encuesta pa­ra ver de qué Ja­vi era la gen­te... J. A. ¿Y quién ga­nó?

—Unos de Ja­vi Am­bros­si, otros de Ja­vi Cal­vo, pe­ro los que más de Los Ja­vis. J. C. Yo veo mu­cho mo­vi­mien­to de que pre­fie­ren a Ja­vi Am­bros­si y lo en­tien­do per­fec­ta­men­te. J. A. Tú sí. Pon­lo ahí cla­ri­to que tú sí. Por to­do lo que nos ha uni­do...

—Va­ya pro­mo­ción la nues­tra de pe­rio­dis­mo: Ja­vier Am­bros­si, Sa­ra Car­bo­ne­ro... J. A. Vi la fo­to de la orla que sa­lió un día y me mea­ba de la ri­sa, oye, ¡que no me acor­da­ba de que es­ta­ba Sa­ra Car­bo­ne­ro en cla­se!

—¿Siem­pre es­táis de acuerdo? J. C. Nooo. J. A. Ni mu­cho me­nos. La ver­dad es que par­te del pro­ce­so crea­ti­vo es pe­lear­nos, pe­ro lo asu­mi­mos y de­ci­mos: «Aho­ra to­ca pe­lear­se». To­ca es­tar de ma­las un ra­to, en­ton­ces nos pe­lea­mos, y cuan­do nos des­pe­lea­mos, lo so­lu­cio­na­mos.

—Es cuan­do sa­le lo bueno, la crea­ti­vi­dad. J. A. Cuan­do nos po­ne­mos de acuerdo sa­le lo bueno, pe­ro es un pro­ce­so a ve­ces lar­go y ago­ta­dor. Ima­gí­na­te a to­das ho­ras jun­tos.

—El otro día co­men­ta­bas que ha­bías ido con Pa­qui­ta Sa­las a ha­cer la ma­ni­cu­ra y que te se­pa­ras­te del otro Ja­vi, y de­cías: «¡Ha­cía cuán­to tiem­po que no pa­sa­ba es­to!». J. A. Cier­to. J. C. Y apro­ve­chó pa­ra to­mar­se una co­pa, ten­go que de­cir. J. A. Fui al chino y com­pré una bo­te­lla de gi­ne­bra y una tó­ni­ca... J. C. Y di­jo: «Es­to hay que ce­le­brar­lo». J. A. Sí, sí. Di­ji­mos: ¡Ha­ce cuán­to que no es­ta­mos tú y yo so­los! Hi­ci­mos un di­rec­to en Ins­ta­gram por­que nos sen­tía­mos so­los.

—¿Y que apor­táis ca­da uno al tán­dem? J. A. De­pen­de del día, Ja­vi Cal­vo un po­qui­tín más de lo­cu­ra y yo un po­qui­tín más de or­den, aun­que te cues­te creer­lo.

—¿Tú el or­de­na­do? J. A. Yo creo que soy más or­de­na­do a la ho­ra de es­cri­bir, uso una pi­za­rri­ta y ten­go una idea más glo­bal de las co­sas. J. C. Yo em­pie­zo: po­de­mos ha­cer es­to, y lo otro, y lo otro. Y él me di­ce: «Pa­ra, a ver un se­gun­do, eso por qué y es­to por qué». J. A. En­tien­do un po­co más có­mo ges­tio­nar las es­truc­tu­ras na­rra­ti­vas, pe­ro de re­pen­te me vuel­vo lo­ca y quie­ro cam­biar­lo to­do tam­bién.

—¿Los dos ha­béis re­nun­cia­do a ac­tuar? J. A. No es re­nun­ciar, sim­ple­men­te que no nos gus­ta. J. C. Co­mo bien cuen­ta el ca­pí­tu­lo 3 de Pa­qui­ta de la nue­va tem­po­ra­da, a ve­ces ser ac­tor es muy do­lo­ro­so, te en­cuen­tras con si­tua­cio­nes que me­llan mu­cho tu au­to­es­ti­ma, hay que ser de una pasta muy grue­sa pa­ra ac­tuar en los cir­cui­tos más con­ven­cio­na­les de la in­ter­pre­ta­ción. En­ton­ces di­ji­mos: «Es­to nos ha­ce más mal que bien». J. A. Pa­ra ser ac­tor hay que te­ner una pa­sión enor­me pa­ra que to­do lo ma­lo te com­pen­se. Y yo creo que nosotros no la te­ne­mos tan tan gran­de co­mo pa­ra aguan­tar to­do lo ma­lo que tie­ne, por eso ad­mi­ra­mos tan­tí­si­mo a los ac­to­res y por eso Pa­qui­ta Sa­las es un ho­me­na­je a los ac­to­res, so­bre to­do es un ho­me­na­je a las ac­tri­ces. Es una car­ta de amor a la gen­te que lu­cha por lo que cree, y creo que es­to tam­bién es lo que co­nec­ta mu­cho con el pú­bli­co, que ve per­so­na­jes que di­ce: «Yo voy a ir a muer­te con lo que creo por­que es mi sue­ño y mi pa­sión».

—¿Có­mo lle­váis ser ico­nos de la ge­ne­ra­ción mi­llen­nial? J. A. Te diré que yo no quie­ro ser ni icono, ni re­fe­ren­te, ni na­da de na­da. Nos en­can­ta equi­vo­car­nos, ha­cer las co­sas mal y no so­mos ejem­plo de na­da. J. C. No que­re­mos ser re­fe­ren­te de na­da, pre­ci­sa­men­te por­que no nos gus­ta dar ejem­plo por­que lue­go pa­sa eso de: «Tú has si­do de eso, de aquel...». Efec­ti­va­men­te, es que yo soy una per­so­na que se equi­vo­ca, que vi­ve, que cam­bia y por eso no po­de­mos ser ejem­plo de na­da.

—Pre­ci­sa­men­te ese dis­cur­so sin ce­re­mo­nias es lo que la gen­te va­lo­ra. J. C. Yo creo que la gen­te dis­fru­ta con los pro­duc­tos que ha­ce­mos y lo pa­sa bien, se emo­cio­na, y has­ta aho­ra nos ha sa­li­do bien. En el fu­tu­ro, quién sabe. Igual lo si­guien­te que ha­ce­mos no le gus­ta a la gen­te. J. A. Al­gu­nas gus­ta­rán me­nos, otras más, lo nor­mal en la carrera de un di­rec­tor. Si mi­ras a los más gran­des, a los que más ad­mi­ra­mos, si mi­ras sus ca­rre­ras, to­do el mundo tie­ne al­tos y ba­jos,

¿Te ima­gi­nas que con to­do es­to me ha da­do tiem­po a ca­sar­me?”

na­die es­tá pre­pa­ra­do pa­ra es­to. Por eso es muy importante es­tar con los pies en la tie­rra des­de el prin­ci­pio y de­cir: «Ni soy re­fe­ren­te, ni soy per­fec­to, to­do lo con­tra­rio. Es­toy apren­dien­do». J. C. No lo sé to­do. Es­to es lo más importante.

—¿Y si os sa­lie­ra un tra­ba­jo por se­pa­ra­do? J. C. Se­gún lo que fue­ra lo ha­ría­mos o no. A la ho­ra de di­ri­gir yo no ha­go na­da sin él, por­que nos com­pe­ne­tra­mos muy bien y es muy re­con­for­tan­te lle­gar a ca­sa y po­der com­par­tir lo que has vi­vi­do, en es­te ca­so, con Ja­vi.

—¿Des­pués «La lla­ma­da» y de «OT» to­do el mundo quie­re tra­ba­jar con Los Ja­vis? ¿Os han lla­ma­do mu­chas ve­ces? J. C. Nos han ofre­ci­do al­gu­nos pro­yec­tos bas­tan­te lo­cos, la ver­dad. J. A. Co­sas muy gran­des, muy lo­cas, gran­des aven­tu­ras... pe­ro es que a nosotros nos gus­ta ha­cer nues­tras co­sas y man­dar nosotros. J. C. No hay que de­jar­se deslumbrar por lo que bri­lla y se­guir in­ten­tan­do ha­cer las co­sas des­pa­ci­to y a nues­tra ma­ne­ra. J. A. Es más importante ser li­bre que ser gran­de.

—¿2018, el me­jor año de vues­tra vi­da? J. C. La ver­dad es que es­tán sien­do unos años bas­tan­te fuer­te­ci­tos, por­que el año de La lla­ma­da tam­bién fue muy fuer­te. J. A. El 2017. Es que el 2017 fue OT, La lla­ma­da, los Go­yas... J. C. El otro día leí que Los Ja­vis son las Car­lo­ta Co­rre­de­ra del 2018, y di­je: «Pues efec­ti­va­men­te». En dos años lo hemos he­cho to­do. De los dos me­jo­res años de nues­tra vi­da, y La lla­ma­da y Pa­qui­ta han si­do in­creí­ble.

—¿Hay pen­dien­te una fies­ta? J. C. Noo. J. A. Noo, so­bran fies­tas.

—¿No hay na­da que ce­le­brar? J. A. El or­gu­llo gay. J. C. Ten­go pen­dien­te, por­que el es­treno fue un po­co lo­co, sen­tar­nos, co­mer, ha­blar, dis­fru­tar... con to­da la gen­te de Pa­qui­ta.

—¿Me re­fe­ría a un cam­bio le­gal que me­rez­ca ce­le­bra­ción? J. C. ¿Te re­fie­res a la bo­da? Ya lle­ga­rá. J. A. Pe­ro es que hemos leí­do que nos hemos ca­sa­do.

—Y yo que lo ha­béis con­fir­ma­do. J. A. Qué vaaa. J. C. Es que Ja­vi en una en­tre­vis­ta di­jo: «Si es que ya es­ta­mos ca­sa­dos». J. A. Yo que­ría de­cir que ya ha­ce­mos vi­da de ca­sa­dos, no que ya nos hu­bié­ra­mos ca­sa­do. Te ima­gi­nas que con to­do es­to a mí me ha da­do tiem­po a ir a un juzgado a pe­dir un pa­pel... ¡Qué va! No es­ta­mos ca­sa­dos. J. C. Co­mo de­cía Sa­ra Mon­tiel: «En es­te país ca­sar­se y mo­rir­se es de lo que no hay. Ha­cen fal­ta 500.001 pa­pe­les».

FO­TO: JA­VIER BARBANCHO/REUTERS

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