«Ou­ren­se se­rá mi re­si­den­cia»

El téc­ni­co bil­baíno se ga­nó el res­pe­to de un en­torno en con­tra y echó raí­ces en la que ya es su ciu­dad

La Voz de Galicia (Vigo) - - Deportes - JA­CO­BO RO­DRÍ­GUEZ

Gon­za­lo García de Vi­to­ria (Bil­bao, 1971) ya es un ou­ren­sano más des­pués de seis años al fren­te del Club Ou­ren­se Ba­lon­ces­to. Con­si­guió re­ver­tir una di­fí­cil si­tua­ción per­so­nal, fue ob­je­to de du­ras crí­ti­cas, pe­ro aca­bó echan­do raí­ces en una ciu­dad en la que ya tie­ne des­cen­den­cia.

—¿Cuál fue el mo­ti­vo que le hi­zo fi­char por el COB?

—La si­tua­ción pro­fe­sio­nal. Des­pués de cin­co años en Me­li­lla, el úl­ti­mo sa­lió mal y se ter­mi­nó des­cen­dien­do; la ver­dad es que so­lo Ou­ren­se y Coruña es­ta­ban sin equi­po. Pe­ro no fue fá­cil, por­que re­ce­la­ban por ha­ber des­cen­di­do el úl­ti­mo año. Sal­va Ar­co y Ru­bén Vi­la fue­ron los que me re­co­men­da­ron al en­ton­ces pre­si­den­te y me lla­ma­ron jus­to an­tes de dar una cla­se en el cur­so su­pe­rior de en­tre­na­do­res. Di la char­la y me vi­ne pa­ra Ou­ren­se.

—¿Qué es lo peor que ha vi­vi­do en es­tos años en Ou­ren­se?

—Hay dos mo­men­tos. Uno a ni­vel pro­fe­sio­nal y otro a ni­vel per­so­nal. El pri­me­ro fue el pri­mer año, en el que la fal­sa reali­dad que crea­mos con el equi­po y los pro­ble­mas que se fue­ron dan­do du­ran­te el año pro­vo­ca­ron una di­fí­cil si­tua­ción, sien­do yo el blan­co de las crí­ti­cas; la si­tua­ción fue muy com­pli­ca­da a ni­vel de re­sul­ta­dos y de jue­go, con el agra­van­te de lo vi­vi­do en los par­ti­dos co­mo lo­cal, que eran un su­pli­cio. El mo­men­to de­li­ca­do a ni­vel per­so­nal fue por el no as­cen­so en dos oca­sio­nes. En el pri­me­ro, lo lle­vé me­jor por­que con­se­gui­mos la op­ción de su­bir al año si­guien­te, pe­ro al no rea­li­zar­se lo pa­sé mal e in­clu­so me afec­tó a ni­vel de sa­lud por el es­trés, que me re­per­cu­tió con un pro­ble­ma en el áci­do úri­co.

—Su­peró am­bos mo­men­tos. ¿Cuál fue el se­cre­to pa­ra con­se­guir­lo?

—Lo más importante pa­ra su­pe­rar el pri­mer mo­men­to fue la ex­pe­rien­cia en Me­li­lla; hi­zo que la afron­ta­se con más tran­qui­li­dad y por­que con­se­gui­mos que el gru­po y el am­bien­te de tra­ba­jo fue ex­cep­cio­nal. El se­gun­do me cos­tó más a ni­vel men­tal por­que, ade­más, me en­te­ré que no subía­mos jus­to el día an­te­rior a mi bo­da y me cos­tó asu­mir­lo. Sa­bía que eso iba afec­tar al fu­tu­ro del club, que ca­da año tu­vo que ha­cer re­duc­cio­nes eco­nó­mi­cas que tam­bién me afec­ta­ban a mí, y que se­ría muy di­fí­cil vol­ver a con­se­guir lo que lo­gra­mos y que tan­to me­re­cía Ou­ren­se, vol­ver a ACB.

—¿Ha vi­vi­do al­gu­na si­tua­ción en es­tos años que le ha­ya mar­ca­do?

—No cam­bia­ría na­da por­que hay si­tua­cio­nes que no se pue­den con­tro­lar, ya que son ex­ter­nas. Sí es cier­to que el pri­mer año ju­gar en el Pa­zo era un ho­rror pa­ra los ju­ga­do­res y me mar­có el ver co­mo tras con­se­guir ga­nar en Bar­ce­lo­na y cer­ti­fi­car la per­ma­nen­cia, vi a ve­te­ra­nos llo­rar en el ves­tua­rio.

—¿Y a ni­vel per­so­nal?

—Es par­te del tra­ba­jo, pe­ro tras con­se­guir esa per­ma­nen­cia pa­ra po­der re­no­var tu­ve que fir­mar un con­tra­to en el que me po­dían echar gra­tis, so­lo pa­gan­do lo tra­ba­ja­do y eso me dio fuer­zas pa­ra re­ver­tir la si­tua­ción, al­go que con­se­guí has­ta el día de hoy.

—Me ha­bla de su bo­da. A pe­sar de to­do, su­pon­go que fue un día muy es­pe­cial, qui­zá uno de los más jun­to al re­cien­te na­ci­mien­to de su hi­ja. ¿Se con­si­de­ra ya a to­dos los efec­tos un ou­ren­sano más?

—Sin du­da nin­gu­na. En Ou­ren­se me sien­to aho­ra muy que­ri­do y res­pe­ta­do des­pués de to­do lo que pa­só y la ciu­dad siem­pre me en­can­tó. Ade­más, con­se­guí en­con­trar a una per­so­na ideal y ma­ra­vi­llo­sa con la que com­par­tir mi vi­da; to­do ello ha­ce que ten­ga cla­ro que pa­se lo que pa­se en el fu­tu­ro, si ten­go que ir­me del COB, Ou­ren­se siem­pre se­rá mi re­si­den­cia y la de mi fa­mi­lia.

—¿Con­si­de­ra Ou­ren­se una ciu­dad ideal pa­ra vi­vir?

—Sin lu­gar a du­das. He vi­vi­do en Bur­gos y so­bre to­do en Bil­bao y en Ma­drid por mi fa­mi­lia, pe­ro siem­pre a las afue­ras y Ou­ren­se es la ciu­dad per­fec­ta pa­ra vi­vir por la gen­te, la ca­li­dad de vi­da y el cli­ma que tie­ne. A mí me en­can­ta la zo­na vie­ja, pe­ro tie­ne otras mu­chas co­sas que ha­cen que es­té muy a gus­to.

—¿Y có­mo lle­va su nue­va pa­ter­ni­dad? Es di­fí­cil po­der com­pa­gi­nar­la con su tra­ba­jo?

—Me vino con una edad avan­za­da, al­go pro­vo­ca­da por mi pro­fe­sión don­de es di­fí­cil po­der te­ner pa­re­ja es­ta­ble y crear una fa­mi­lia. Pe­ro en­con­tré aquí lo que ne­ce­si­to pa­ra ser fe­liz en mi vi­da y la ni­ña da mu­chas emo­cio­nes que no has vi­vi­do y que son pre­cio­sas. La suer­te es que me pi­lla en la ma­du­rez to­tal per­so­nal y aho­ra el fu­tu­ro lo veo en cues­tión de tres a la ho­ra de to­mar de­ci­sio­nes por­que lo que quie­res es el bie­nes­tar de tu fa­mi­lia.

—Us­ted eli­gió la pro­fe­sión de en­tre­na­dor de ba­lon­ces­to. ¿Qué es lo más com­pli­ca­do en ella?

—El des­arrai­go que te crea. En mi ca­so, son ya ca­tor­ce años fue­ra de tu fa­mi­lia, per­dién­do­te fe­chas y acon­te­ci­mien­tos im­por­tan­tes. Cues­ta mu­cho po­der acos­tum­brar­te. En es­ta pro­fe­sión te­ne­mos que de­di­car mu­chas ho­ras y a ve­ces te ab­sor­be de­ma­sia­do tiem­po o te im­pi­de ha­cer mu­chas co­sas, pe­ro co­mo te gus­ta lo que ha­ces, a mí por lo me­nos, eso no me cues­ta. Sin em­bar­go, lo fa­mi­liar y el per­der por el ca­mino a mu­chos ami­gos, cues­ta mu­cho más.

ILUS­TRA­CIÓN ABRALDES

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.