«Aho­ra so­lo vi­vo el día a día sin pen­sar nun­ca en el fu­tu­ro»

Ca­li­fi­ca su en­fer­me­dad co­mo «trai­cio­ne­ra» por ser muy com­pli­ca­da de de­tec­tar

La Voz de Galicia (Viveiro) - Especial1 - - Entrevista - X. R. PENOUCOS

El mes de octubre de 2016 cam­bió por com­ple­to la vida del ca­bo pri­me­ro del equi­po de ates­ta­dos del des­ta­ca­men­to de Tráfico de Mon­for­te de Le­mos de 46 años, Ger­mán Ma­cía cuan­do después de va­rios me­ses le con­fir­ma­ban que pa­de­cía de es­cle­ro­sis la­te­ral amio­tró­fi­ca (ELA), una en­fer­me­dad de­ge­ne­ra­ti­va de ti­po neu­ro­mus­cu­lar. «Me de­rrum­bé, pe­ro al día si­guien­te ya vol­vía a ser yo», di­ce des­de la si­lla de rue­das en la que es­tá pos­tra­do ya que so­lo pue­de mo­ver la ca­be­za y ha­blar.

— ¿Cuán­do co­men­zó a no­tar los pri­me­ros sín­to­mas de la en­fer­me­dad?

—Ju­gan­do al fút­bol con los ve­te­ra­nos del Sa­rria FV. Que­ría es­prin­tar y no po­día y me cos­ta­ba co­rrer, por lo que su­pe que me pa­sa­ba al­go.

— ¿Qué le di­je­ron los mé­di­cos des­de el prin­ci­pio?

—La pri­me­ra vez en octubre del 2015 me di­je­ron que no te­nía na­da y que no sa­bían lo que me po­día pa­sar, por lo que me man­da­ron pa­ra ca­sa. En di­ciem­bre del 2015 in­gre­sé por ur­gen­cias en el HU­LA y tras va­rias prue­bas, en­tre ellas una pun­ción lum­bar, me vol­vie­ron a man­dar pa­ra ca­sa ya que to­dos los re­sul­ta­dos da­ban bien. Lo mis­mo me su­ce­dió cuan­do vi­si­té la Clí­ni­ca Uni­ver­si­ta­ria de Na­va­rra, has­ta que en octubre del 2016 por los sín­to­mas y la evo­lu­ción que es­ta­ba lle­van­do me di­je­ron que te­nía ELA.

— ¿Qué pen­só cuan­do le co­mu­ni­ca­ron el diag­nós­ti­co?

— Me de­rrum­bé, aun­que sos­pe­cha­ba que po­día te­ner esa en­fer­me­dad por lo que ha­bía con­sul­ta­do en In­ter­net. Pe­ro al día si­guien­te ya vol­vía ser co­mo soy y re­cu­pe­ré el es­pí­ri­tu ale­gre que siem­pre me ca­rac­te­ri­zó.

— ¿Có­mo es su vida des­de ese mo­men­to?

—Lo lle­vo muy bien gra­cias a mi fa­mi­lia y a mis amigos que nun­ca me de­jan so­lo. Me ayu- da mu­chí­si­mo re­ci­bir siem­pre vi­si­tas has­ta de amigos que vi­ven en lu­ga­res tan ale­ja­dos co­mo Cor­cu­bión. En­tre to­dos me ayu­dan mu­cho a so­por­tar es­ta si­tua­ción.

—¿Al­gu­na vez pien­sa en lo que se es­pe­ra en el fu­tu­ro?

—Nun­ca, aho­ra vi­vo el día a día sin pen­sar en el ma­ña­na ni en en el tiem­po que me pue­de quedar de vida. Mi gran fuer­za pro­vie­ne de mi hi­ja Al­ba, que es la que me con­ta­gia su ale­gría.

— ¿Qué es pa­ra us­ted el ELA?

—Es un mal trai­cio­ne­ro que se ocul­ta y no de­ja que lo de­tec­ten. Ca­da vez hay más ca­sos y por eso les di­go a las au­to­ri­da- des que pon­gan los me­dios ne­ce­sa­rios pa­ra que se in­ves­ti­gue so­bre una po­si­ble cu­ra­ción o de­tec­ción pre­coz. Lo úni­co po­si­ti­vo es que no se tra­ta de una en­fer­me­dad do­lo­ro­sa.

—¿Qué les di­ce a las personas que pa­dez­can lo mis­mo que us­ted?

—Tie­nen que ser muy fuer­tes y lu­char con to­das sus ener­gías. Hoy no exis­te nin­gu­na cu­ra, pe­ro se­gu­ro que den­tro de un tiem­po la des­cu­bri­rán.

— ¿Se­guía a Pa­blo Ráez el jo­ven que fa­lle­ció de leu­ce­mia?

—Por su­pues­to le se­guía en Fa­ce­book y ad­mi­ro la en­te­re­za con la que lle­vó su en­fer­me­dad. Es un ejem­plo a se­guir.

— ¿Qué es lo que más echa de

me­nos?

—So­bre to­do no po­der tra­ba­jar ni ha­cer de­por­te. Mi gran ale­gría es des­per­tar­me por la ma­ña­na y ver que ha­ce sol y que po­dré sa­lir a la ca­lle, que es lo que más an­sío. Si ha­ce frío no pue­do sa­lir, ya que si co­gie­ra un ca­ta­rro en mi es­ta­do po­dría ser fa­tal.

—¿De dón­de sa­ca la fuer­za pa­ra so­por­tar la si­tua­ción?

—En la vida siem­pre soy muy po­si­ti­vo an­te cual­quier di­fi­cul­tad y de esa ma­ne­ra es co­mo de­ci­dí afron­tar es­ta en­fer­me­dad trai­cio­ne­ra. De­ci­dí en­fren­tar­me al problema asu­mién­do­lo des­de el pri­mer mo­men­to y lo he con­se­gui­do con una re­la­ti­va fa­ci­li­dad, por lo que es­toy tre­men­da­men­te sa­tis­fe­cho.

Di­ce que echa mu­cho de me­nos el tra­ba­jo y se­guir ju­gan­do al fút­bol

El apoyo de la fa­mi­lia y los amigos ha si­do vi­tar pa­ra asu­mir el gol­pe

Re­co­mien­da a otros que pa­dez­can es­te mal que sean fuer­tes y po­si­ti­vos

Des­ta­ca la fuer­za que le da la son­ri­sa de su hi­ja Al­ba

Ger­mán Ma­cía en su ha­bi­ta­ción de la ca­sa de sus pa­dres en Mon­for­te

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