In­dus­tria con so­le­ra de si­glos

El tra­ba­jo del hie­rro ya te­nía arrai­go en Rio­tor­to en el si­glo XVIII

La Voz de Galicia (Viveiro) - Especial1 - - Feira dos ferreiros de riotorto - X.M.PALACIOS

Los fe­rrei­ros son, por de­re­cho pro­pio y sin dis­cu­sión, uno de los sím­bo­los de Rio­tor­to. Pe­ro lo que hay en el fon­do de es­ta ac­ti­vi­dad, aún pre­sen­te hoy, es un arrai­go de si­glos: a fi­na­les del si­glo XVII (exac­ta­men­te, en 1691) ya apa­re­ce da­ta­do un ma­zo en la pa­rro­quia de Fe­rrei­ra­ve­lla, en don­de el ofi­cio de los fe­rrei­ros al­can­zó una de las ma­yo­res co­tas de in­ten­si­dad del te­rri­to­rio que hoy per­te­ne­ce al mu­ni­ci­pio rio­tor­ten­se.

Si se avan­za al­go más de me­dio si­glo, lo que po­dría ser una pre­sen­cia ais­la­da pa­re­ce con­ver­ti­da en ac­ti­vi­dad arrai­ga­da y re­la­ti­va­men­te bien re­tri­bui­da. En su obra Eco­no­mía, po­lí­ti­ca y so­cie­dad en Ga­li­cia: la pro­vin­cia de

Mondoñedo (1480-1830) el pro­fe­sor Pe­ger­to Saa­ve­dra es­cri­be: «Uno de los ofi­cios me­jor re­mu­ne­ra­dos en la pro­vin­cia era el de herrero». De­ta­lla tam­bién que la cuen­ca del Eo era «por ex­ce­len­cia la zo­na en don­de más se tra­ba­ja­ba de herrero», con ga­nan­cias que se po­dían si­tua­ban en torno a los 500 reales de ve­llón al año en al­gu­nos ca­sos.

De to­dos mo­dos, den­tro de la ac­ti­vi­dad os­ci­la­ban las ga­nan­cias de unos a otros, co­mo se re­co­ge en el Ca­tas­tro del Mar­qués de la En­se­na­da (1752): a dos fe­rrei­ros se les atri­bu­yen ga­nan­cias de 500 reales, y a otro, 250. En cual­quier ca­so, al arrai­go que des­de si­glos se le re­co­no­ce a ese ofi­cio en la mar­gen iz­quier­da del Eo —por Rio­tor­to pa­sa el río Tor­to, que desem­bo­ca en el pri­me­ro en San­ta Apo­lo­nia (A Pontenova)— se le aña­den ci­fras que acre­di­tan fiel­men­te su pre­sen­cia, co­mo re­co­ge Saa­ve­dra en la obra ci­ta­da.

A me­dia­dos del si­glo XVIII, con una po­bla­ción de 1.261 ve­ci­nos, el nú­me­ro de fe­rrei­ros era de 46, muy su­pe­rior al de al­ba­ñi­les y car­pin­te­ros (cin­co), al de sas­tres (17), al de za­pa­te­ros (ocho) y al de arrie­ros y de co­mer­cian­tes (36). Si esos nú­me­ros se com­pa­ran con los de Vi­vei­ro, cu­ya po­bla­ción era ca­si el do­ble (2.289 ve­ci­nos), en las ori­llas del Lan­dro ha­bía ca­si la mis­ma can­ti­dad de fe­rrei­ros (41) y un nú­me­ro abru­ma­do­ra­men­te su­pe­rior de los otros ofi­cios (63 al­ba­ñi­les y car­pin­te­ros, 74 sas­tres, 80 za­pa­te­ros y 39 arrie­ros y co­mer­cian­tes).

Por otro la­do, de esos y de otros da­tos se de­du­ce la pre­sen­cia de una ac­ti­vi­dad in­dus­trial en un en­torno ru­ral. La ex­pli­ca­ción que apor­ta Pe­ger­to Saa­ve­dra a ese fe­nó­meno es la cla­ra co­ne­xión en­tre ese tra­ba­jo y su en­torno: en ca­da zo­na, es­cri­be, «se fa­bri­ca­ban la ma­yo­ría de los úti­les que pre­ci­sa­ba el cam­pe­sino»

La ga­nan­cia anual po­día lle­gar a 500 reales en al­gu­nos ca­sos

Los fe­rrei­ros fue­ron los ar­te­sa­nos con ma­yor pre­sen­cia en la zo­na

FO­TO XO­SÉ CA­RREI­RA

El ofi­cio de ferreiro es en Rio­tor­to una ac­ti­vi­dad con am­plia an­ti­güe­dad

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