“Yo de na­tu­ral no soy gra­cio­so, ne­ce­si­to un guion”

La co­me­dia la lle­va tan den­tro que ase­gu­ra que hay que to­már­se­la muy en se­rio. Con ese buen hu­mor ha ro­da­do «Es por tu bien», que aho­ra es­tre­na con Jo­se Co­ro­na­do y Ro­ber­to Ála­mo, sus «cu­ña­dos» en la fic­ción.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - CINE . ENTREVISTA - JA­VIER CÁ­MA­RA AC­TOR TEX­TO: SAN­DRA FAGINAS

A ve­ces es­tás ago­ta­do y no so­por­tas un chis­te más

Ja­vier Cá­ma­ra es tal y co­mo una se lo ima­gi­na, no en­ga­ña y a la mí­ni­ma se en­tre­ga a la con­ver­sa­ción con la cor­dia­li­dad de la bue­na gen­te. Te sa­ca la son­ri­sa en el mi­nu­to uno y te ga­na a la pri­me­ra. «Ja­vier, es­toy un po­co afó­ni­ca, tie­nes que dis­cul­par», le di­go. Y él se abre en­se­gui­da con una cer­ca­nía que se agra­de­ce siem­pre: «Tran­qui­la, ya ha­blo yo». Cá­ma­ra es­tá de es­treno, re­gre­sa a la co­me­dia con Jo­se Co­ro­na­do y Ro­ber­to Ála­mo, pe­ro en pa­ra­le­lo es­tá en Nar­cos y dis­fru­tan­do del éxi­to de El jo­ven pa­pa, don­de ha­ce un pa­pe­lón. «Es­toy en un mo­men­to muy dul­ce, soy fe­liz». A Ja­vier no se le pue­de pe­dir más. —¿Vuel­ves a la co­me­dia? ¿Es una ne­ce­si­dad en ti o una opor­tu­ni­dad más? —No, es vol­ver al ini­cio. Pe­ro sí que es ver­dad que el con­tras­te es in­tere­san­te, ha­cer una co­me­dia di­ver­ti­da, frá­gil, ho­nes­ta, con ami­gos... Y te das cuen­ta de que tie­nes que ha­cer mu­cho es­fuer­zo, re­do­bla­do, por­que la co­me­dia es un te­rreno de mu­cha ener­gía. Ha si­do una go­za­da com­par­tir­la con Pu­jal­te, Jo­se Co­ro­na­do... Nos he­mos pe­ga­do un ve­rano tan bo­ni­to, con un Ma­drid muy so­li­ta­rio. —Ese es­fuer­zo del que ha­blas lo su­fres tam­bién al­re­de­dor. ¿Tus ami­gos te exi­gen esa vis có­mi­ca? —No, no. Mis ami­gos me co­no­cen y sa­ben que a ve­ces es­tás ago­ta­do y no so­por­tas un chis­te más. Pe­ro te di­ré una co­sa, yo no soy el más gra­cio­so de mis ami­gos, no, yo ne­ce­si­to un guion. Yo de na­tu­ral, por ejem­plo, a mí me han di­cho ‘pre­sen­tas es­to, que va a ser muy di­ver­ti­do’. Y yo he res­pon­di­do: «Es que si no hay un guion di­ver­ti­do yo no soy di­ver­ti­do». [Ri­sas] Te lo ju­ro. —No te creo, pe­ro va­le. —Te lo ju­ro, te lo ju­ro. Ade­más a to­dos los ac­to­res nos pa­sa, ne­ce­si­tas bue­nos guio­nes. —¿Y a ti qué te pro­vo­ca más car­ca­ja­da? Eres más de in­ge­nio con los colegas o de chis­tes. —A mí los chis­tes, na­da. Sal­vo al­guien que los cuen­te muy bien, pe­ro que por fa­vor no se ha­ga el gra­cio­so. A mí me gus­ta el hu­mor, co­mo el que le vi a Kris­ten Wigg y a Ste­ve Ca­rell en los Glo­bos de Oro pre­sen­tan­do el pre­mio de ani­ma­ción. Yo me meé, pe­ro so­bre to­do los ad­mi­ré. No te lo pue­do ex­pli­car, no son cho­rra­das, es muy su­til, muy di­ver­ti­do, de re­pen­te se po­nen muy tris­tes por­que re­cuer­dan las pe­lis de ani­ma­ción que les mar­ca­ron. —Es in­tere­san­te esa re­fle­xión que une hu­mor y emo­ción, ter­nu­ra. —Sí, a mí me gus­ta el ac­tor que se po­ne al lí­mi­te de su emo­ción pa­ra ha­cer co­me­dia, que no se to­ma la co­me­dia en bro­ma. Y cuan­do nos la to­ma­mos a bro­ma nor­mal­men­te no sa­le bien. La co­me­dia hay que dis­fru­tar­la, es muy frá­gil y pue­des so­bre­pa­sar los lí­mi­tes en­se­gui­da. Por eso cuan­do ves que al­guien es­tá afi­na­do, sim­ple­men­te hay que de­jar­se lle­var. —Pe­ro tú la tie­nes den­tro, ¿no? —Sí, sí. Yo cuan­do la co­me­dia flu­ye es una ma­ra­vi­lla. Yo cuan­do he es­ta­do con Am­pa­ro Ba­ró, con Car­men Ma­chi... ha si­do fan­tás­ti­co. Am­pa­ro se de­ja­ba el al­ma en ca­da es­ce­na, no ha­cía bro­ma con la co­me­dia. Cuan­do uno apren­de eso, di­ce: «Es así, es así». Pa­ja­res te en­se­ña­ba lo que ha­bía que ha­cer y lo que no. —¿Cuán­do fue la úl­ti­ma vez que te di­je­ron eso de «Es por tu bien»? —No es una fra­se que yo ha­ya oí­do mu­chas ve­ces. Mis pa­dres nun­ca me han di­cho esa fra­se. Mi ma­dre a lo me­jor me ha di­cho: «Es me­jor que ha­gas otra co­sa pa­ra­le­la a la ac­tua­ción». Yo no le hi­ce mu­cho ca­so, pe­ro de­bía ha­bér­se­lo he­cho. Por­que pa­sa mu­cho tiem­po has­ta que es­to tie­ne un po­co de reali­dad. —Tú no tie­nes hi­jos, ¿pe­ro te ves ha­cien­do cual­quier co­sa pa­ra que tu hi­ja

no ten­ga una pa­re­ja que no te gus­ta? —Yo tengo ami­gos que tie­nen ese sen­ti­mien­to res­pec­to a las hi­jas, y a mí me cho­ca bas­tan­te. Es una sen­sa­ción que tie­ne mu­cha gen­te, tie­nen un pro­tec­cio­nis­mo mal­sano que en el fon­do de­no­ta una fal­ta de edu­ca­ción por su par­te o una es­pe­cie de ma­chis­mo, o de no ha­ber­le da­do a tu hi­ja la li­ber­tad pa­ra de­ci­dir. Su­pon­go que es un sen­ti­mien­to atá­vi­co. De re­pen­te me ha­ce gra­cia, pe­ro tam­bién me asus­ta. Cuan­do la ni­ña tie­ne un añi­to me pue­de pa­re­cer gra­cio­so, pe­ro no lo sé, si al­gu­na vez tengo una hi­ja in­ten­ta­ré que no me pa­se. —No des­car­tas la pa­ter­ni­dad... —Cla­ro, me en­can­ta­ría te­ner hi­jos. Sí, pe­ro es cier­to que es com­pli­ca­do cri­ti­car a al­guien­que tie­nes que que ten­ga ayu­da­re­sos sen­ti­mien­tos,a los que se pa­san aun­de­ja tie­ne­la ra­ya.18 o «Ya20 años,no es dé­ja­la».asun­to tu­yo, tu hi—Sois tres cu­ña­dos, el cu­ña­dis­mo co­mo fe­nó­meno. —Sí, so­mos tres cu­ña­dos que nos lle­va­mos fa­tal, pe­ro nos he­mos jun­ta­do pa­ra que nuestras hi­jas no sal­gan con esos pen­den­cie­ros. Son per­fec­tos cu­ña­dos, tres que no se aguan­tan, pe­ro de re­pen­te se tie­nen que caer bien. —¿Y tú co­mo cu­ña­do en­tras con vehe­men­cia en las dis­cu­sio­nes fa­mi­lia­res? —No, tengo unos cu­ña­dos bas­tan­te de­cen­tes. La fa­mi­lia es un en­te im­pues­to, los ami­gos son una fa­mi­lia más sa­na, la pre­fie­ro ele­gi­da por mí. —Ven­ga, pues te voy a dar el nom­bre de tres ami­gos y tú di­me un plan con ca­da uno: Ricardo Da­rín, Jo­se Co­ro­na­do y San­tia­go Se­gu­ra. —Ha­ría lo que quie­ran. Pe­ro con los tres, ¿eh?, con los tres. Pri­me­ro no los he jun­ta­do nun­ca y me en­can­ta­ría. Me iría con ellos fue­ra, a un si­tio que no nos co­noz­can mu­cho y a dis­fru­tar. —¿Quién se­ría el más pa­rran­de­ro? —Se­ría Ri­car­di­to. El más pe­li­gro­so se­ría Ricardo. —Es ca­si un her­mano pa­ra ti. —Lo ado­ro. Bueno, los quie­ro mu­cho a los tres, pe­ro Ricardo ha si­do una sor­pre­sa, por la le­ja­nía, por pen­sar que nun­ca iba a po­der tra­ba­jar con él, por­que es de otra ge­ne­ra­ción [ri­sas]. Si oye es­to me ma­ta. Me di­rá que es más jo­ven que yo. Pe­ro es un ti­po de­li­cio­so. San­tia­go me dio la pri­me­ra opor­tu­ni­dad... —¿Y tú te lo to­mas­te en se­rio? ¿Un ti­po que te ha­bla de «ha­ce­ros unas pa­ji­llas»? —Sí, siem­pre es una go­za­da que al­guien te di­ga que va a ha­cer una pe­li

con­ti­go. Aun­que es ver­dad que lo que que­ría ha­cer era To­rren­te, y yo de­cía: «Es­to qué va a ser, es­te tío es­tá lo­co». So­lo que des­de que me la ofre­ció has­ta que em­pe­za­mos a ha­cer­la pa­sa­ron sie­te años, en­ton­ces yo ha­bía he­cho series. Pe­ro a San­tia­go no hay quien le ga­ne a ca­be­zo­ta, sa­ca ade­lan­te lo que ha­ga fal­ta, tie­ne una de­ter­mi­na­ción... Él me iba de­jan­do co­sas en el con­tes­ta­dor y yo me que­da­ba oji­plá­ti­co: unas co­sas tan ra­cis­tas, tan fas­cis­tas... Yo de­cía: «A es­te lo echan del país». —Pe­ro no te dio mie­do. —No, qué me va a dar mie­do. Yo fe­liz. Aun­que yo le de­cía: «San­tia­go, es­ta es­ce­na...». Y él: «Yo creo que la gen­te lo en­ten­de­rá” [ri­sas]. Y se con­vir­tió en un éxi­to. —Es de­cir tu nom­bre y a to­dos se nos po­ne una son­ri­sa. —Yo re­ci­bo mu­cho ca­ri­ño y eso tie­ne mu­cho que ver con la te­le. Yo he es­ta­do muy pre­sen­te y me han to­ca­do per­so­na­jes inocen­tes, más ton­ti­tos... Y bueno, sí, he con­se­gui­do me­sa en al­gún res­tau­ran­te [ri­sas]. —Vuel­ves a tu pue­blo, con una pla­za con tu nom­bre. ¿Es el me­jor re­co­no­ci­mien­to? —Sí. Tie­ne que ver con eso. Lo va­lo­ro, mi fa­mi­lia es­tá fe­liz, por­que me he ido ha­ce 30 años, ellos te sien­ten cer­ca, pe­ro tú te vas ale­jan­do. Tie­nes otros ami­gos, a ve­ces no pue­do ir. Tengo un con­tac­to dia­rio con mi ma­dre, pe­ro ya soy más una ima­gen, un ho­lo­gra­ma... Aho­ra he cum­pli­do 50 y los de mi quin­ta ha­ce­mos una ce­na, y cla­ro, a ve­ces le preguntas a un pro­duc­tor : «Mi­ra es que tengo una ce­na», y na­die te de­ja ir. Cla­ro, si le di­ces «me tengo que ope­rar» cam­bia la co­sa, pe­ro son tan­tas las ex­cu­sas que me he in­ven­ta­do... [Ri­sas] Que cla­ro, pa­re­ce que es­toy he­cho una mier­da. —¿Qué tal en «Nar­cos»? —Muy bien, me gus­ta­ría es­tar más, pe­ro ha si­do un des­cu­bri­mien­to no so­lo la pro­duc­ción in­creí­ble, por­que hay mu­cho di­ne­ro, sino la gen­te y Bo­go­tá, que a mí me tie­ne fas­ci­na­do. Es­toy vi­vien­do un mo­men­to dul­ce con Nar­cos, El jo­ven pa­pa... Des­cu­brir­te en otros lu­ga­res, rein­ven­tar­te. —¿A los 50 tú te con­si­de­ras un tío fe­liz? —Yo soy una per­so­na que dis­fru­ta de mo­men­tos de fe­li­ci­dad muy gra­tos. Hu­bo un tiem­po en el que de­ci­dí no es­tar tris­te, así que el úni­co mo­ti­vo era in­ten­tar ser fe­liz. Aho­ra mis­mo lo es­toy, y se­gui­ré tra­ba­jan­do pa­ra que sea así, por­que hay que man­te­ner la fe­li­ci­dad a ba­se de es­fuer­zo. —¿Y tie­nes al­gu­na es­pi­ni­ta cla­va­da? —No, creo que ya me han re­ga­la­do mu­chas co­sas en es­ta vi­da, pe­ro no am­bi­cio­nar de­ma­sia­das co­sas te ha­ce más fe­liz. Soy muy exi­gen­te con mi tra­ba­jo, pe­ro no con que es­te año ten­ga que en­con­trar diez nue­vos ami­gos. No soy per­so­na de lis­tas, ni de pre­sio­nes. —¿Pe­ro eres muy de gen­te? —No, no. De mu­cha gen­te no. Si ha­go una reunión en ca­sa co­mo má­xi­mo ocho per­so­nas, con cua­tro me­jor. Yo me abro, pe­ro ca­da vez tengo me­nos tiem­po y más ami­gos, en­ton­ces hay que cul­ti­var a la gen­te que va­le la pe­na.

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