“¿Ca­ta­lu­ña? Yo soy una ra­ta, me da igual que ha­ya ga­tos blan­cos o ne­gros”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA. EL PERSONAJE - TEX­TO: CAR­LOS PE­REI­RO

De­jó atrás cual­quier de­fi­ni­ción po­si­ble ha­ce tiem­po. Al­bert Pla (Sa­ba­dell, 1966) ha­ce can­cio­nes, sí; pe­ro tam­bién flir­tea con el ci­ne, el teatro, la performance… Cual­quier es­pec­tácu­lo es vá­li­do a la ho­ra de crear ese re­tra­to iró­ni­co, irre­ve­ren­te, agu­do; que Pla ofre­ce de la reali­dad. —Ten­go en­ten­di­do que aho­ra vi­ve en el cam­po. ¿Se ha can­sa­do del am­bien­te urbano, de las ciu­da­des? —La ver­dad es que nun­ca he si­do de vi­vir en la ciu­dad. Creo que aquí se vi­ve me­jor, o a mí me pa­re­ce que así es. —Es us­ted un ar­tis­ta pro­lí­fi­co don­de los ha­ya, pe­ro en lo re­fe­ren­te al mer­ca­do dis­co­grá­fi­co ha­ce tiem­po que no edi­ta nue­vas can­cio­nes en un CD, des­de el 2011. ¿No le sa­len o…? —Bueno, par­ta­mos de que eso del mer­ca­do dis­co­grá­fi­co no existe y lue­go es que… He es­ta­do ha­cien­do otras co­sas. Can­cio­nes he he­cho mu­chas, lo que pa­sa es que se han me­ti­do en es­pec­tácu­los co­mo Ma­ni­fes­ta­ción o Gue­rra, que es ver­dad que no se han edi­ta­do en disco co­mo tal. Con las can­cio­nes del si­guien­te sí es pro­ba­ble que ha­ga­mos un disco con ellas. —¿Se re­fie­re a «Mie­do»?

—Sí, a ese mis­mo. Ha­bla­rá de la vi­da en ge­ne­ral, de es­to, de aque­llo. Du­ran­te el es­pec­tácu­lo se to­ca­rán can­cio­nes, y se mez­cla­rán con ví­deos. —Cuan­do ha­bla de mie­dos, ¿ha­bla de los su­yos? ¿Hay al­gu­na par­te au­to­bio­grá­fi­ca? —No, no. Yo nun­ca he con­ta­do mi vi­da en mis can­cio­nes.

—Es iró­ni­co que lo di­ga, por­que la in­ter­pre­ta­ción de mu­chas de ellas han ge­ne­ra­do con­tro­ver­sia. —Sí, se han ma­lin­ter­pre­ta­do un mon­tón, pe­ro bueno… Tam­po­co me preo­cu­pa. —Pe­ro us­ted tie­ne mu­chí­si­mo ma­te­rial pu­bli­ca­do. El pú­bli­co ya de­be­ría sa­ber có­mo to­már­se­lo. Ha he­cho des­de un disco de na­nas a un mu­si­cal. Po­co le que­da por ha­cer. —Si qui­sie­ra lle­var a ca­bo to­do lo que se me ocu­rre no ten­dría tiem­po para to­do. En reali­dad yo no quiero ha­cer na­da, al me­nos na­da en con­cre­to. Aho­ra es­toy con es­tos bo­li­llos, y ma­ña­na es­ta­ré pen­san­do y pre­pa­ran­do otras co­sas. Nor­mal­men­te co­jo el pro­yec­to más fac­ti­ble y lo ha­go, no me su­po­ne un es­fuer­zo. —Ha­ce unas se­ma­nas en­vió esa car­ta so­bre Ca­ta­lu­ña que lue­go de­fi­nió co­mo una apues­ta en­tre sus ami­gos del What­sApp… ¿Ya le han pa­ga­do? —[Ríe] Nos lo gas­ta­mos en­tre to­dos.

—¿Y no le sor­pren­dió que su opi­nión fue­se to­ma­da tan en se­rio? —A mí to­do el que me co­no­ce un po­co sa­be que to­do es­to me la su­da. Es cu­rio­so ver có­mo cual­quier ar­tis­ta que se po­si­cio­na o ha­bla del te­ma tie­ne más re­per­cu­sión que los pro­pios po­lí­ti­cos. No me pa­re­ce mal que lo ha­gan, ¿eh?… Pe­ro yo no pue­do con­tes­tar en se­rio. Yo soy co­mo una ra­ta, un su­per­vi­vien­te; por eso me da igual que ha­ya ga­tos blan­cos o ga­tos ne­gros por en­ci­ma. —¿Le pa­re­ce es­ta una so­cie­dad que no pi­lla las bro­mas? —No… Siem­pre ha si­do así. Aho­ra to­do dios an­da mi­ran­do el mó­vil; pe­ro an­tes mi­ra­ban la te­le­vi­sión. Siem­pre hay al­gún te­ma que se con­su­me y lue­go se ol­vi­da. To­ca es­te co­mo im­por­tan­te pe­ro ya se cam­bia­rá. ¿Quién se acuer­da de la cri­sis grie­ga? ¿Y de las va­cas lo­cas? —¿No le in­tere­sa sa­ber có­mo aca­ba­rá to­do es­to?

—No me preo­cu­pa, la ver­dad. Lle­vo to­da la vi­da a lo mío, y no creo que eso va­ya a cam­biar ma­ña­na. Ten­go otras co­sas en las que pen­sar. —¿Lee el pe­rió­di­co? —An­tes en­tra­ba en Aler­ta Di­gi­tal para echar­me unas ri­sas; pe­ro un día vi que los mis­mos ti­tu­la­res ya sa­lían en El País. Idén­ti­cos. —Es­te mis­mo año tam­bién cri­ti­có du­ra­men­te la ges­tión de los tea­tros por los ayun­ta­mien­tos. Ha­bló de boi­cot a sus con­cier­tos tras su ri­fi­rra­fe con Al­bert Rivera. —Yo ya no to­co en tea­tros de ciu­da­des que go­bier­ne el PP. Con­tro­lan quién y cuán­do to­ca; pe­ro eso pa­re­ce que a na­die le im­por­ta.

Siem­pre hay un te­ma que se con­su­me y se ol­vi­da: ¿Quién se acuer­da de Gre­cia?

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