Un uni­ver­so colorista crea­do des­de la ale­gría

Nas­ta­sia Zur­cher pu­bli­ca hoy su se­gun­do disco, más vi­ta­lis­ta y des­bor­dan­te de ma­ti­ces

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . ESTÁ SONANDO - TEX­TO: CAR­LOS CRES­PO

Tan po­de­ro­sa­men­te lla­ma la aten­ción su de­ro­che vo­cal que en su nue­vo disco Nas­ta­sia Zur­cher ha que­ri­do des­viar­la ha­cia el rit­mo. Ya des­de el pro­pio título. El in­ten­to no ha si­do del to­do in­fruc­tuo­so. Es cier­to que los rit­mos y la per­cu­sión ga­nan en pre­sen­cia. Pe­ro la voz si­gue sien­do la gran pro­ta­go­nis­ta, má­xi­me en es­te tra­ba­jo en el que la can­tan­te gallego-sui­za ex­plo­ra y re­suel­ve con sol­ven­cia re­gis­tros que has­ta aho­ra le des­co­no­cía­mos, mu­cho más cer­ca­nos a los gé­ne­ros ne­gros. Pri­mer acier­to.

A «crear des­de la ale­gría» can­ta Nas­ta­sia en Fluir, el te­ma que abre el disco y en el que por pri­me­ra vez can­ta en español, uno de los cua­tro idio­mas que tie­nen ca­bi­da en Beat. Y en ver­dad da la sen­sa­ción que ha si­do des­de esa ale­gría des­de la que ha na­ci­do es­te disco, mu­cho más vi­ta­lis­ta y colorista — in­clu­so en su apar­ta­do grá­fi­co— que el de su de­but. Sin des­pren­der­se del to­do de su ha­lo mís­ti­co —el cos­mos y nues­tra re­la­ción con­sus­tan­cial con él si­gue sien­do una cons­tan­te—, y de un cier­to in­ti­mis­mo cua­si exis­ten­cial, Beat es un disco más abier­to y luminoso, sal­ta­rín y ju­gue­tón por mo­men­tos. Co­mo cuan­do ha­ce un gui­ño al beat­box en De­li­cieux o se des­pa­cha un ge­nuino ala­lá en Es­per­tos. Se­gun­do acier­to.

Pe­ro con to­do, la más bri­llan­te apor­ta­ción de Beat se ha­ya en el de­li­ca­do tra­ba­jo de or­fe­bre­ría rea­li­za­do en su pro­duc­ción, y con el que Nas­ta­sia Zur­cher con­si­gue ex­traer ma­ti­ces tan de­li­ca­dos en su eje­cu­ción co­mo in­ten­sos en su au­di­ción. Lo que po­dría ha­ber­se que­da­do en un co­rrec­to disco de world mu­sic se con­vier­te por ar­te de ma­gia de esos arre­glos en un tra­ba­jo mu­cho más am­bi­cio­so, com­ple­jo y se­duc­tor. Con mo­men­tos co­mo Dee­pest souls en los que la can­tan­te evi­den­cia una in­ten­si­dad que has­ta aho­ra solo le co­no­cía­mos en di­rec­to. Ter­cer acier­to.

Beat man­tie­ne la esencia tri­bal de su pre­de­ce­sor My flight pe­ro va mu­cho más allá. Hay rit­mos afros y orien­ta­les, sí, pe­ro tam­bién evo­ca­cio­nes cel­tas —No ti­me—, tex­tu­ras new age

—Our cons­te­lla­tion—, ba­la­das pop —Lo­ve— e in­clu­so re­mi­nis­cen­cias del jazz de los años 30, con una de­li­cio­sa y su­til sec­ción de vien­tos que con­si­gue en al­gu­nos pa­sa­jes crear una at­mós­fe­ra en blan­co y ne­gro in­clu­so en un disco tan colorista co­mo es­te. Cuar­to acier­to.

Se­gu­ro que hay mu­chos más. Se­rá bo­ni­to ir des­cu­brién­do­los en el nue­vo for­ma­to que Nas­ta­sia Zur­cher pre­pa­ra para sus pre­sen­ta­cio­nes en di­rec­to.

«BEAT» AUTOEDICIÓN

Diez can­cio­nes can­ta­das en cua­tro idio­mas que van des­de el neo­soul al world mu­sic.

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