Ne­ce­si­tá­ba­mos lan­zar al­go que no se es­pe­ra­se na­die, nos ex­ci­ta­ba”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EN PORTADA -

de­ri­va­do en el es­per­pen­to ac­tual. No hay más que mi­rar a su zo­na, Ma­drid.

—Sí, el pro­ble­ma es que nos acos­tum­bre­mos a es­te es­per­pen­to y no sea­mos ca­pa­ces de re­ver­tir­lo. En el 2014, cuan­do hi­ci­mos La de­ri­va se le em­pe­za­ba a po­ner nom­bre a cier­tas co­sas y em­pe­za­ba a exis­tir una con­cien­cia cla­ra. Hoy to­do eso si­gue te­nien­do nom­bre y ape­lli­dos, pe­ro ade­más es es­per­pén­ti­co. Oja­lá la sá­ti­ra y la pro­vo­ca­ción sir­va pa­ra que cai­ga to­do el es­per­pen­to po­lí­ti­co ac­tual. Y se vea co­mo al­go sano.

—A mu­chos les gus­ta pa­sear por sus letras, aunque, por lo ge­ne­ral, no las en­tien­da del to­do. ¿Co­mo le­tris­ta, qué le parece ge­ne­rar ese efec­to en un oyen­te?

—Nues­tra la­bor co­mo le­tris­tas es dibujar un es­ce­na­rio. Lue­go, ca­da oyen­te es el ac­tor que in­ter­ac­túa ahí, va de un si­tio a otro y de­ci­de adón­de va. Yo pongo el so­fá, la lám­pa­ra y el ja­rron­ci­to y tú de­ci­des lo que ha­ces [ri­sas]. Así son las letras que me han gus­ta­do siem­pre y así las he que­ri­do es­cri­bir.

—En «La vie­ja es­cue­la» parece que ha­cen un via­je a la ado­les­cen­cia hablan de «cin­tas de los Clash». ¿Cuá­les eran los gru­pos que os me­tie­ron el ve­neno en el cuer­po de for­mar una ban­da?

—Un mon­tón de ellos. Es­ta­ban los clá­si­cos, co­mo The Beatles o Ro­lling Sto­nes, tam­bién los Doors o Led Zep­pe­lin. Tam­bién ban­das con­tem­po­rá­neas y que nos en­can­ta­ban, co­mo Black Cro­wes o Beck. Em­pe­za­ba el Fes­ti­mad y te­nía­mos allí a Smas­hing Pump­kins o Ra­ge Against The Ma­chi­ne. Yo creo que vi­vi­mos de ado­les­cen­tes una épo­ca ma­ra­vi­llo­sa mu­si­cal­men­te. Po­días ir con 15 o 16 años a con­cier­tos mul­ti­tu­di­na­rios y eso te mar­ca pa­ra siem­pre.

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