PE­PE RO­DRÍ­GUEZ

EL CO­NO­CI­DO MIEM­BRO DEL JU­RA­DO DEL PRO­GRA­MA DE TVE ‘MAS­TER­CHEF’ Y DUE­ÑO DE UN RES­TAU­RAN­TE CON ES­TRE­LLA MI­CHE­LIN NOS HA­BLA DE SU FA­CE­TA SO­LI­DA­RIA.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR ANA GAR­CÍA LO­ZANO FO­TOS: M. VAQUERO

Des­cu­bri­mos la fa­ce­ta más so­li­da­ria del miem­bro del ju­ra­do de ‘Mas­ter Chef’.

Pe­pe Ro­drí­guez, ju­ra­do del po­pu­lar con­cur­so de TVE Mas­ter­Chef, es de esos hom­bres que, aun sin ha­ber coin­ci­di­do con él, tie­nes la sen­sa­ción de co­no­cer­le de to­da la vi­da. Por eso, me di­ri­jo a su res­tau­ran­te El Bohío, en Illes­cas (To­le­do), con la ilu­sión, ca­si, de en­con­trar­me con un ami­go, un hom­bre so­li­da­rio que co­la­bo­ra con to­dos aque­llos que le lían, que, por cier­to, son mu­chos… Y por­que no lle­go a más… La ver­dad es que yo siem­pre he co­la­bo­ra­do, lo que ocu­rre es que aho­ra, co­mo te ha­ces me­dio ‘fa­mo­si­llo’, pa­re­ce que tie­nes que te­ner una aso­cia­ción a la que ayudar. Yo ya lo ha­cía an­tes de sa­lir en te­le­vi­sión, pe­ro aho­ra te lla­man para cien mil his­to­rias y don­de pue­do ir, siem­pre voy.

Quie­nes le co­no­cen me han di­cho: «Pre­gún­ta­le por su ex­pe­rien­cia, cuan­do era muy jo­ven, en Pro­yec­to Hom­bre»…

No es exac­ta­men­te Pro­yec­to Hom­bre, pe­ro sí tie­ne mu­cho que ver. Ha­bía un pro­fe­sor, que to­da­vía vi­ve aquí, en Illes­cas, con el que no te­nía na­da que ver, por­que nun­ca me dio cla­ses: don Jo­sé So­riano. Yo le veía con to­dos los yon­quis del pue­blo. Los sa­ca­ba a to­mar una co­pa, a dar una vuel­ta... Ha­cía vi­da con ellos, que eran los re­pu­dia­dos, los que ha­bían sa­li­do de la cár­cel, los que ro­ba­ban el ra­dio­ca­se­te del co­che… Los es­tra­gos de la he­roí­na. Pen­sé: «Es­te tío, con es­ta gen­te a la que na­die mi­ra». Un día me lo en­con­tré an­dan­do por la ca­lle y le di­je: «Don Jo­sé, ¿ne­ce­si­ta que le eche una mano en al­go?». Se que­dó sor­pren­di­do y me di­jo: «Pues mi­ra, si vie­nes ma­ña­na a ca­sa, lo ve­mos». A par­tir de ahí, es­tu­vi­mos jun­tos un mon­tón de años.

¿Qué edad te­nía?

Vein­ti­dós o vein­ti­trés años.

¿Y qué apren­dió?

Mu­chí­si­mo. Fun­da­mos una aso­cia­ción que se lla­mó Ami­de­mar, orien­ta­da a ayudar a to­xi­có­ma­nos. Nos hi­ci­mos pro­fe­sio­na­les de có­mo ayudar a es­ta gen­te, por­que no ha­bía mu­chas sa­li­das. Ahí es cuan­do apa­re­ce Pro­yec­to Hom­bre, ya que en­viá­ba­mos gen­te allí, pe­ro tam­bién a otros cen­tros de to­da Es­pa­ña. Bus­cá­ba­mos di­ne­ro, sub­ven­cio­nes… Nos vol­cá­ba­mos en ayudar a to­da la fa­mi­lia, por­que el problema de un to­xi­có­mano no es so­la­men­te de él, sino de to­do lo que le ro­dea. Vi­vi­mos unos años pre­cio­sos ayu­dan­do a esa gen­te que tan­to lo ne­ce­si­ta­ba.

¿Esa ex­pe­rien­cia le con­vir­tió en un hom­bre re­li­gio­so?

Eso qui­za me ven­ga de mi ma­dre, aun­que mi her­mano, para que te ha­gas una idea, no pi­sa la Igle­sia. Pe­ro sí es cier­to que ese am­bien­te re­li­gio­so te ha­ce en­ten­der que el pró­ji­mo es el que tie­nes al la­do y hay que ayu­dar­lo.

No me ex­tra­ña que su ma­dre fue­ra re­li­gio­sa sa­bien­do que su pa­dre fue to­re­ro… Ima­gino que eso tam­bién mar­ca, ¿no?

(Ri­sas) Bueno, no es que tu­vie­se una ca­pi­lli­ta para re­zar cuan­do iba

“Los hi­jos tie­nen que ver que ha­ces al­go por los de­más de una ma­ne­ra na­tu­ral y que eso te ha­ce fe­liz”.

a to­rear… El mun­do re­li­gio­so de mi ma­dre y sus creen­cias ve­nían de an­tes. Mi pa­dre, sin em­bar­go, no era de los que iba a mi­sa, ni do­min­gos ni fies­tas de guar­dar. Ima­gino que unos he­mos sa­li­do a mi ma­dre y otros, a mi pa­dre. De­cía yo que co­la­bo­ra­ba con mu­chas cau­sas, con di­fe­ren­tes ob­je­ti­vos: Ban­co de ali­men­tos, Cá­ri­tas, Lu­cha con­tra el cán­cer, Cruz Ro­ja, fun­da­cio­nes so­bre dis­ca­pa­ci­dad in­fan­til… No se le re­sis­te una. Yo voy don­de ha­ga fal­ta. He te­ni­do la enor­me suer­te de co­no­cer la Fun­da­ción Ala­di­na. He acu­di­do al Hos­pi­tal Ni­ño Je­sús con Sa­mant­ha (Va­lle­jo-Ná­ge­ra) a vi­si­tar a ni­ños con cán­cer… Si sa­bes que ha­ces un bien, que pue­des pro­vo­car una son­ri­sa, ¿có­mo no vas a co­la­bo­rar? Ade­más, de la ma­ne­ra que sea, eco­nó­mi­ca o con tu imagen. La so­li­da­ri­dad de­be ser al­go in­he­ren­te a to­do ser hu­mano, no ejer­cer­la so­lo por­que seas ‘fa­mo­si­llo’.

So­lo pi­do para el nue­vo año sa­lud, sin ella no so­mos na­da

Hu­bo un pro­yec­to muy es­pe­cial en el que co­la­bo­ró el año pa­sa­do y del que ha­blé con el Pa­dre Án­gel ha­ce unos me­ses: los res­tau­ran­tes ‘Ro­bin Hood’.

Es el Pa­dre Án­gel quien tie­ne el mé­ri­to, no yo. Yo ha­go de com­par­sa. Él es el que tu­vo la ca­pa­ci­dad de ha­cer y de in­ven­tar­se un res­tau­ran­te don­de se tra­ta no so­lo de dar de co­mer al ne­ce­si­ta­do, sino de ha­cer­lo co­mo cual­quier per­so­na, so­bre man­tel y ser­vi­lle­tas de te­la, con dig­ni­dad. Te­ne­mos que igua­lar­nos ‘de tú a tú’ con aque­llos a los que ayu­da­mos. Con el Pa­dre Án­gel si­go co­la­bo­ran­do. Y aho­ra voy a ha­cer­lo con re­fu­gia­dos. Hay una aso­cia­ción en Ge­ta­fe que me ha pe­di­do que va­ya a co­ci­nar con ellos para ha­cer un even­to gas­tro­nó­mi­co so­li­da­rio. En to­do lo que sea ayudar, ¡có­mo no voy a es­tar!

Tie­ne tres hi­jos…

De 15, 13 y 8. Es­toy en­tre­te­ni­dí­si­mo.

¿Pro­cu­ra in­cul­car­les es­te men­sa­je de so­li­da­ri­dad?

Ellos tie­nen que ver que ha­ces al­go por los de­más, de una ma­ne­ra na­tu­ral. Sin que sien­tan que es una obli­ga­ción, tie­nen que apre­ciar que es­tás ha­cien­do un bien y que eso, ade­más, te ha­ce fe­liz.

¿Qué com­pen­sa­ción tie­ne para us­ted ser so­li­da­rio?

El otro día, me es­ta­ba ha­cien­do una foto con una ni­ña en una si­lla de rue­das. Me di­ri­gí a la gen­te que la es­ta­ba aten­dien­do y les di­je: «¡Qué ma­ra­vi­lla!, ¡qué tra­ba­jo ha­céis!». Me con­tes­ta­ron: «Tú sa­bes la suer­te que te­ne­mos de po­der rea­li­zar una la­bor así? No ima­gi­nas la sa­tis­fac­ción que sen­ti­mos». Cuan­do oyes eso, pien­sas: «¡Hay que cam­biar el chip!».

Y, ha­blan­do de to­do un po­co, ¿en qué pun­to es­ta­mos aho­ra en Mas­ter­Chef?

He­mos gra­ba­do el de ni­ños, que es el que se es­tá emi­tien­do aho­ra y en 2018 em­pe­za­mos a gra­bar la sex­ta tem­po­ra­da del Mas­ter­Chef

ama­teur. Quién nos lo iba a de­cir, ¡cin­co años se­gui­dos en te­le­vi­sión!

Vién­do­le, pa­re­ce que los pla­tos es­tén ri­quí­si­mos, lo di­go por las ga­nas que le po­ne al pro­bar­los…

Hay de to­do, yo co­mo nor­mal, lo que pa­sa es que ten­go a dos pi­jos al la­do que no co­men na­da. Lo que no se pue­de es pro­bar co­mo lo ha­ce Sa­mant­ha, es­car­ban­do y lue­go chu­pan­do la cu­cha­ra. Nos pa­gan por co­mer y yo no sa­bría pro­bar­lo de otra ma­ne­ra (ri­sas).

¿Uno lle­ga a apren­der de los con­cur­san­tes? ¡Có­mo no!, el pro­gra­ma me ha en­se­ña­do mu­cho, por­que des­pués de tan­tas ho­ras ha­blan­do de ideas, de co­ci­ne­ros que te en­se­ñan sus pla­tos, aca­bas apren­dien­do…

Yo no me re­sis­to, an­tes de des­pe­dir­nos, a pe­dir­le una re­ce­ta na­vi­de­ña fá­cil para epa­tar a la fa­mi­lia en es­tas fe­chas…

Es­te es un problema, sea Na­vi­dad o verano. Yo siem­pre di­go: «Haz lo que se­pas ha­cer», por­que no hay co­sa peor que in­ten­tar co­ci­nar lo que no has he­cho nun­ca. Y en Na­vi­dad, haz lo que tú do­mi­nes. ¿Qué se te da bien?, ¿el pes­ca­do? Pues, ¿para qué voy a de­cir­te que ha­gas un pa­vo? ¿Sa­bes lo que no pue­de fal­tar? Una so­pa. So­pa de ajo, so­pa de ce­bo­lla… Si ha­ces un co­ci­do, re­ser­va el cal­do, po­chas un ajo y mu­cha ce­bo­lla, ti­ras el ex­ce­so de gra­sa, le echas el cal­do, de­jas her­vir un po­qui­to, echas dos cos­tro­nes de pan tos­ta­di­to, que­so fun­di­do por en­ci­ma, lo gra­ti­nas al horno y la tie­nes lis­ta.

Apun­ta­do que­da. Por cier­to, he bus­ca­do el sig­ni­fi­ca­do de ‘Bohío’, nom­bre de su res­tau­ran­te con es­tre­lla Mi­che­lin, y el dic­cio­na­rio di­ce que es al­go así co­mo una ca­ba­ña rús­ti­ca de Amé­ri­ca tro­pi­cal… Po­co que ver con Illes­cas…

Na­da que ver o qui­zá to­do. Mi abue­lo, con 14 años, emi­gró a Cu­ba, don­de lle­gó a te­ner dos lo­ca­les de hostelería. Co­no­ció a mi abue­la, se ca­sa­ron y allí, en La Ha­ba­na, na­ció mi ma­dre. Cuan­do es­ta­lló la Gue­rra Ci­vil se vi­nie­ron a Es­pa­ña y aquí se que­da­ron. El res­tau­ran­te es­tu­vo ce­rra­do un tiem­po y mi ma­dre vol­vió a abrir­lo en 1971.

Y que du­re. A pun­to de fi­na­li­zar el año, ¿al­gún de­seo para el año que lle­ga?

Sa­lud para to­do el mun­do, por­que sin sa­lud nos so­mos na­da. Cuan­do te fa­lla, te das cuen­ta de que lo de­más so­lo son pro­ble­mi­llas.

“En ‘Mas­ter­Chef’ ten­go a dos pi­jos al la­do que no co­men na­da”, di­ce el chef re­fi­rién­do­se a Jor­di y a Sa­mant­ha. En la imagen, con Ana Gar­cía Lo­zano.

Aba­jo, Pe­pe, dis­fra­za­do para la ac­tual edi­ción de ‘Mas­ter­Chef Ju­nior’, jun­to a sus co­le­gas del ju­ra­do.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.