IN­CU­BA­DO­RAS, EL CAM­PO DE SUE­ÑOS DE LA GA­LI­CIA QUE VIE­NE

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Ro­sa Es­té­vez

LOS VIVEROS DE EM­PRE­SAS QUE FLORECEN POR GA­LI­CIA SE HAN CON­VER­TI­DO EN UN TRAM­PO­LÍN PA­RA LOS EM­PREN­DE­DO­RES; NO SO­LO OFRE­CEN AYU­DA MA­TE­RIAL, TAM­BIÉN UN SO­POR­TE ASE­SOR Y EMO­CIO­NAL IGUAL­MEN­TE VA­LIO­SO

En Ga­li­cia, los pri­me­ros viveros apa­re­cie­ron en los años no­ven­ta; la cri­sis hi­zo que su nú­me­ro se mul­ti­pli­ca­se en el 2015 Ofre­cen ayu­da pa­ra alum­brar pro­yec­tos de to­dos los per­fi­les Atraen con su ofer­ta de ins­ta­la­cio­nes y me­dios, pe­ro lo que en­gan­cha de ellos es el ta­len­to que flo­ta en el am­bien­te

Una idea. Ese es el prin­ci­pio de to­das las em­pre­sas. Una idea ca­paz de in­su­flar en quien la alum­bra ese es­pí­ri­tu em­pren­de­dor que la cri­sis ha es­po­lea­do en Ga­li­cia. Pe­ro, co­mo siem­pre ocu­rre, has­ta las mejores ideas ne­ce­si­tan caer en un buen te­rreno si quie­ren echar raí­ces, ger­mi­nar y aca­bar con­vir­tién­do­se en una reali­dad ge­ne­ra­do­ra de pro­gre­so y ri­que­za. En un con­tex­to mar­ca­do aún por las he­ri­das de la cri­sis, los ne­go­cios fra­gua­dos por em­pren­de­do­res na­cen y mue­ren a una ve­lo­ci­dad de vér­ti­go, mu­chos de ellos an­tes de cum­plir los dos años de vida. Y es que em­pren­der es una de­ci­sión pla­ga­da de ries­gos: pro­ble­mas de fi­nan­cia­ción, de li­qui­dez, de in­se­gu­ri­da­des y de mie­dos... Por eso, son mu­chos los que an­tes de dar el paso de em­bar­car­se en una aven­tu­ra em­pre­sa­rial bus­can una red de se­gu­ri­dad. Y la en­cuen­tran en los viveros de em­pre­sas, en las in­cu­ba­do­ras, en las ace­le­ra­do­ras, en los co­wor­kings...

No es fá­cil cal­cu­lar cuán­tos de es­tos es­pa­cios exis­ten en Ga­li­cia. Se­gún el úl­ti­mo in­for­me Fun­cas, se­rían 43 los viveros de em­pre­sas que fun­cio­nan en nues­tra co­mu­ni­dad. La ma­yo­ría, apun­ta el es­tu­dio de la Fun­da­ción de Ca­jas de Aho­rros, en­tra­ron en es­ce­na en el año 2015, cuan­do, tras el bum del em­pren­di­mien­to al que nos em­pu­jó la cri­sis, los ca­dá­ve­res de mu­chas em­pre­sas frus­tra­das na­da más na­cer co­men­za­ban a aflo­rar.

Se­gún es­cri­be Fran­cis­co Je­sús Fe­rrei­ro, del de­par­ta­men­to de Eco­no­mía Apli­ca­da de la fa­cul­tad de Ad­mi­nis­tra­ción y Di­rec­ción de Em­pre­sas de la Uni­ver­si­da­de de Santiago, el pri­mer vi­ve­ro se ins­ta­ló en Ga­li­cia en el año 1993. Na­ció en el mar­co de un pro­yec­to re­vo­lu­cio­na­rio, Tec­nó­po­le, el par­que tec­no­ló­gi­co de San Ci­brao das Vi­ñas (Ou­ren­se). Un cuar­to de siglo des­pués man­tie­ne in­tac­tos sus prin­ci­pios: dar im­pul­so al em­pren­di­mien­to in­no­va­dor. El es­fuer­zo ha va­li­do la pe­na. Por los ni­dos de su cen­tro de em­pre­sas e in­no­va­ción han pa­sa­do 180 em­pre­sas. Al­gu­nas, co­mo es el ca­so de Ega­tel, han aca­ba­do con­ver­ti­das en au­tén­ti­cos gi­gan­tes.

Lue­go le to­có mo­ver fi­cha a las uni­ver­si­da­des. La de Santiago fue una de las pri­me­ras en to­mar la ini­cia­ti­va, crean­do es­truc­tu­ras de­di­ca­das a «fo­men­tar ini­cia­ti­vas em­pre­sa­ria­les de ba­se tec­no­ló­gi­ca e in­no­va­do­ras». El ter­cer mo­vi­mien­to lo rea­li­za­ron las cá­ma­ras de co­mer­cio. La de Vi­la­gar­cía de Arou­sa —aho­ra in­te­gra­da en la cá­ma­ra úni­ca de la pro­vin­cia— fue la pri­me­ra en arran­car, en el año 2003. Des­de su pues­ta en mar­cha, por su pe­que­ño vi­ve­ro de on­ce des­pa­chos han pa­sa­do 64 em­pre­sas. El ma­pa se fue lle­nan­do de es­te ti­po de ins­ta­la- cio­nes po­co a po­co, con es­pa­cios im­pul­sa­dos, en la ma­yo­ría de los ca­sos, por co­lec­ti­vos em­pre­sa­ria­les dis­pues­tos a echar una mano a las jó­ve­nes pro­me­sas. Has­ta el 2015. Se­gún el in­for­me de Fun­cas, ese año se dis­pa­ró el nú­me­ro de viveros de em­pre­sas en Ga­li­cia. Nu­me­ro­sos ayun­ta­mien­tos de­ci­die­ron po­ner en mar­cha un ser­vi­cio de es­tas ca­rac­te­rís­ti­cas pa­ra in­ten­tar apor­tar su gra­ni­to de are­na con­tra la cri­sis. Pe­ro cui­da­do. Igual que en su día Ga­li­cia se lle­nó de po­lí­go­nos in­dus­tria­les aho­ra va­cíos, co­rre­mos el ries­go de cu­brir nues­tro te­rri­to­rio de viveros de em­pre­sas que, sim­ple­men­te, ofre­cen a los em­pren­de­do­res un des­pa­cho o una na­ve in­dus­trial a buen pre­cio pa­ra que se pon­gan en mar­cha. Pe­ro los viveros, los de ver­dad, de­ben ser mu­cho más que eso: de­ben pro­te­ger a las nue­vas em­pre­sas y dar im­pul­so a las que ya han co­gi­do cuer­po.

Ro­dol­fo Ojea es el ge­ren­te del es­pa­cio de em­pren­di­mien­to que en 1997 pu­sie­ron en mar­cha la Con­fe­de­ra­ción de Em­pre­sa­rios de Lu­go y 37 en­ti­da­des más. «Mu­cha gen­te lle­ga a no­so­tros va­lo­ran­do cues­tio­nes ma­te­ria­les: les ofre­ce­mos una ofi­ci­na equi­pa­da a unos cos­tes fi­jos y muy re­du­ci­dos, que es al­go que cuan­do una em­pre­sa arran­ca, cuan­do to­do son gas­tos y no hay in­gre­sos, re­sul­ta muy atrac­ti­vo». Pe­ro a ori­llas del Mi­ño ofre­cen mu­chas más co­sas. «Em­pren­der es di­fí­cil. Es so­li­ta­rio, pa­sas bue­nos y ma­los mo­men­tos. Y aquí te­ne­mos equi­pos de pro­fe­sio­na­les que se sien­tan con­ti­go, que te ayu­dan y te ase­so­ran pa­ra cual­quier trá­mi­te que te ha­ga fal­ta. Y en­tre los pro­pios vi­ve­ris­tas se ge­ne­ra un am­bien­te muy es­pe­cial: se co­no­cen, se ayu­dan y has­ta aca­ban desa­rro­llan­do pro­yec­tos con­jun­tos».

En ese am­bien­te, cre­cer pa­re­ce la me­jor op­ción. Hu­go Igle­sias es uno de los in­te­gran­tes del equi­po que ha­ce cin­co años fun­dó Mi­ra­mar, una pla­ta­for­ma de ven­ta de cru­ce­ros por In­ter­net. Aun­que aho­ra la fir­ma ha echa­do el an­cla en A Co­ru­ña, los pri­me­ros pa­sos los dio en las ins­ta­la­cio­nes del CEL de Lu­go. «Nos ofre­cían un lo­cal mag­ní­fi­co en el que no nos te­nía­mos que ocu­par de na­da. Lue­go fui­mos vien­do que te­nían un ser­vi­cio ju­rí­di­co muy bueno, y to­do lo de­más». Por­que, al fi­nal, «un lo­cal lo pue­des en­con­trar en cual­quier la­do, más o me­nos

ca­ro. Pe­ro pa­ra no­so­tros lo im­por­tan­te es to­da la ayu­da, to­da la im­pli­ca­ción que de­mues­tran. Tie­nen ex­pe­rien­cia y pue­den ayu­dar­te con rea­lis­mo... Que ade­más ha­ya más gen­te co­mo tú, crean­do su em­pre­sa, tam­bién te es­ti­mu­la», re­la­ta el res­pon­sa­ble de una tri­pu­la­ción que ha cre­ci­do, des­de los tres so­cios ini­cia­les, has­ta las 18 per­so­nas que aho­ra con­for­man el equi­po.

LOS COOPETIDORES

Al mis­mo tiem­po que la red de viveros de em­pre­sas cre­ce en Ga­li­cia, el ma­pa tam­bién se lle­na de es­pa­cios co­wor­king. Has­ta ha­ce cin­co años, es­tos lu­ga­res eran una ra­re­za, una mo­da un tan­to ex­cén­tri­ca. «Cuan­do em­pe­za­mos, la gen­te nos pa­ra­ba pa­ra pre­gun­tar­nos qué era exac­ta­men­te lo que ha­cía­mos; no se en­ten­día», ex­pli­can las res­pon­sa­bles de Da­lle­qDa­lle, que abrió sus puer­tas en Vi­la­gar­cía a co­mien­zos del 2014. Pa­ra mu­chos, los co­wor­kings no eran más que una es­pe­cie de al­qui­ler de ofi­ci­nas por ho­ras.

Pe­ro el tiem­po lo ha acla­ra­do to­do. Es­tos son es­pa­cios de co­la­bo­ra­ción don­de em­pre­sas pe­que­ñas y jó­ve­nes en­tran en con­tac­to y ge­ne­ran di­ná­mi­cas de tra­ba­jo con­jun­to. Es­pa­cios en los que las ideas flu­yen, crean­do un am­bien­te de sa­na co­ope­ten­cia —una pa­la­bra que pre­ten­de sin­te­ti­zar las ideas de com­pe­ten­cia y co­la­bo­ra­ción—, y ayu­dan­do a te­jer unas re­des de apo­yo mu­tuo im­pres­cin­di­bles pa­ra so­bre­vi­vir en el com­ple­jo y cam­bian­te en­torno eco­nó­mi­co con el que nos ha to­ca­do li­diar.

Em­pren­der siem­pre ha si­do un ver­bo di­fí­cil de con­ju­gar, por eso con él so­lo se atre­vían los más osa­dos. En es­tos tiem­pos di­fí­ci­les, em­pren­der es co­sa de to­dos. Y por eso re­sul­ta tan ne­ce­sa­rio dis­po­ner de lu­ga­res en los que po­der na­cer, em­pe­zar a cre­cer y aca­bar co­gien­do esa ve­lo­ci­dad que de­man­dan los nue­vos tiem­pos.

JUAN. S. G

ILUS­TRA­CIÓN: MA­BEL RO­DRÍ­GUEZ

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