LUPE MU­RI­LLO, DI­REC­TI­VA DE PESCAMAR Y DEL PON­TE­VE­DRA CF

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Carmen Gar­cía de Bur­gos

Lupe Mu­ri­llo es uno de esos ejem­plos que no abun­dan, que ca­si pa­re­cen fic­ción, por­que so­lo se ve en las pe­lí­cu­las. Es una mu­jer jo­ven, con años de tra­ba­jo a sus es­pal­das co­mo di­rec­ti­va de una em­pre­sa de con­ser­vas. De bue­na fa­mi­lia, es una de las po­quí­si­mas pre­si­den­tas de un club de fút­bol y, ade­más, ha en­tra­do en el Par­la­men­to co­mo dipu­tada por el PP.

Lupe Mu­ri­llo (Pon­te­ve­dra, 1970), es ener­gía pura. No le gus­ta ma­dru­gar, pe­ro ex­pri­me los días y las pri­me­ras ho­ras de la no­che has­ta sus úl­ti­mas con­se­cuen­cias. Tie­ne mu­chos fren­tes que aten­der por­que, so­bre to­do, se­ría in­ca­paz de no ha­cer­lo. Le gus­ta to­do lo que ha­ce y es la úni­ca ra­zón por la que se em­bar­ca en to­do en lo que cree.

—Una mu­jer que es di­rec­ti­va, pre­si­den­ta de un club de fút­bol y política, ¿con qué vo­ca­ción na­ce?

—(Ríe) Con la de ha­cer co­sas, in­ten­tan­do que sal­gan bien y ten­ga in­fluen­cia en la gen­te con la que tra­ba­jo to­dos los días.

—De es­tas tres vo­ca­cio­nes, ¿cuál es la más des­agra­de­ci­da?

—Pro­ba­ble­men­te el fút­bol, por­que sa­bes que cuan­do to­do va bien es fan­tás­ti­co, y cuan­do va­ya mal te irás por la puer­ta de atrás, in­tu­yo, aun­que yo no lo he vi­vi­do y es­pe­ro no te­ner que vi­vir­lo nun­ca. An­tes de que es­to pa­se yo me iré, pe­ro a prio­ri pa­re­ce que es la más des­agra­de­ci­da. De lo que he vi­vi­do en política tam­po­co pue­do de­cir que sea al­go agra­de­ci­do, es un ser­vi­cio pú­bli­co, en el que ges­tio­nas para to­dos, pe­ro agra­de­ci­do agra­de­ci­do... Yo nun­ca lo he vi­vi­do así. ¿Dón­de uno se pue­de sen­tir más rea­li­za­do por­que las co­sas sal­gan bien? Po­si­ble­men­te en la em­pre­sa. Sí, sin du­da.

—Y eso que afec­ta a me­nos gen­te que cual­quier de­ci­sión política o in­clu­so de­por­ti­va...

—Pues pro­ba­ble­men­te. Las de­ci­sio­nes a ni­vel em­pre­sa­rial son más pri­va­das, más de los que es­ta­mos allí, e in­flu­ye a me­nos gen­te. Pro­ba­ble­men­te sea más fá­cil to­do, to­do el mun­do te en­tien­de me­jor por­que tra­ba­jas para los que tra­ba­jan, te co­no­cen y en­tien­den a ve­ces tus de­ci­sio­nes, cuan­do sa­le bien, ves los resultados de ma­ne­ra in­me­dia­ta. En política to­mas de­ci­sio­nes que no son com­par­ti­das por to­dos, y no siem­pre gus­tan y no siem­pre te en­tien­den y en el fút­bol ge­ne­ral­men­te pue­des to­mar una de­ci­sión que crees acer­ta­dí­si­ma y sa­le to­do del re­vés.

—¿Y cuál es la que le con­su­me más tiem­po?

—Sin du­da, aho­ra mis­mo el fút­bol. Esa pre­gun­ta la ten­go cla­rí­si­ma. Se lo de­cía ha­ce po­co al presidente Fei­joo, y me de­cía: ‘Bueno eres sin­ce­ra, te lo agra­dez­co’. Por­que es ver­dad. En el Pon­te­ve­dra, al no ha­ber director ge­ne­ral por­que cuan­do lle­ga­mos la si­tua­ción eco­nó­mi­ca era com­pli­ca­da y sin po­der con­tra­tar más per­so­nal, los con­se­je­ros in­ten­ta­mos tra­ba­jar lo que po­día­mos con las per­so­nas que te­nía­mos y sa­lir ade­lan­te man­te­nien­do esa es­truc­tu­ra. El club ca­da vez de­man­da más tiem­po, ha­ce­mos más co­sas por­que es­ta­mos más arri­ba y ne­ce­si­ta más pre­sen­cia y aten­ción, el club me ocu­pa mu­cho tiem­po, sin du­da.

—¿Có­mo se re­par­te un ser hu­mano no ro­bo­ti­za­do para aten­der to­dos los fren­tes?

— (Ríe) Yo creo que va un po­co en el ca­rác­ter. Yo no sé, si al­gu­na vir­tud ten­go (que ten­go mu­chos de­fec­tos), es pro­ba­ble­men­te mi ca­rác­ter. La pre­sión me pue­de po­cas ve­ces, y en las di­fi­cul­ta­des in­ten­to sa­lir ade­lan­te y ti­rar del ca­rro de los que me ro­dean, por­que en­tien­do que al­guien ten­drá que ha­cer­lo. Mi sen­ti­do de la res­pon­sa­bi­li­dad es­tá por en­ci­ma de to­do lo que pue­da hun­dir­me. En­tien­do que en las di­fi­cul­ta­des uno tie­ne me­jo­res o peo­res días, pe­ro sien­do cons­cien­te de mis res­pon­sa­bi­li­da­des siem­pre he in­ten­ta­do sa­lir ade­lan­te. Des­pués, cuan­do to­do pa­sa, uno se que­da, se para y es cuan­do te da el ba­jón y di­ces: ‘Aho­ra me to­ca a mí, me to­ca llo­rar y de­di­car­me a mí mis­ma un ra­to para po­der desaho­gar­me’.

| EMI­LIO MOL­DES

Lupe Mu­ri­llo, en Pescamar, em­pre­sa de la que es di­rec­ti­va.

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